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En esto de la
política, como en la vida misma, hay que estar preparados para soportar
con entereza toda suerte de infortunios, adversidades e incluso las
ruindades de los calumniadores profesionales. En suma, hay que tener
paciencia y esperar a que el tiempo acabe colocando a cada uno en su
sitio.
Hace apenas unas
semanas los “bien informados de siempre” aseguraban que, en Laciana, Los
Verdes no podrían concurrir con sus siglas a las próximas elecciones
municipales. En esta ocasión, como en casi todas, sus deseos tampoco se
harán realidad. Como no se han hecho realidad otros muchos de sus
innumerables vaticinios, a cual más descabellado. Pero de eso tendremos
ocasión de hablar en los próximos días. Porque esos 139 días que nos
separan del 27 de mayo, tenemos intención de utilizarlos para
explicarles a los ciudadanos lo que está en juego en esta contienda
electoral. Sin duda, la más importante de cuantas se han celebrado desde
la restauración de la democracia municipal.
Los Verdes, al
igual que gran número de lacianiegos, somos conscientes de que en esta
batalla nos enfrentamos en solitario a poderosos enemigos políticos y
económicos. No en vano, somos la única fuerza que se opone rotunda y
radicalmente a la barbarie que impunemente se viene cometiendo desde
hace más de una década en este Valle. Es decir, a las explotaciones a
cielo abierto. Todas las demás formaciones, sin excepción, digan lo que
digan, están a favor. Su supuesta oposición no es más que puro
fariseísmo. Basta con remitirse a sus respectivas actuaciones para
comprobarlo.
Los Verdes somos
el único enemigo de este poder establecido que tan cómodamente ha vivido
durante los últimos 20 años en Laciana. Dos décadas de continuos
ocultamientos. A lo largo de las cuales, la ciudadanía sólo ha sido un
convidado de piedra. De ahí, que devolver el protagonismo a los
ciudadanos sea nuestra principal y casi obsesiva preocupación. Los
lacianiegos tienen derecho a estar puntualmente informados sobre todo lo
que sucede en su ayuntamiento. Y, además, tienen que ser actores,
protagonistas de su propio destino. Esa es la democracia
participativa.
Naturalmente, los
partidos políticos tradicionales no están por esa labor. Pues los
ciudadanos bien informados se convierten en críticos, consiguientemente
en incómodos. Y al poder le gusta vivir cómodamente sin que nadie
fiscalice su labor. Así puede cometer toda suerte de tropelías y
enjuagues para beneficiar a los suyos. Que es lo mismo que beneficiarse
asimismo. Pues la única obsesión de este tipo de políticos es permanecer
en el poder a costa de lo que sea.
Sólo con detenerse
unos instantes en las conclusiones del Informe del Tribunal de Cuentas,
cualquiera se da cuenta de que en este ayuntamiento el dinero público se
ha utilizado para satisfacer intereses partidistas y no los de la
ciudadanía. Por ejemplo, para la contratación de personal afín. No
dudando en pisotear la igualdad de oportunidades. Así es como se ha
llegado a tener una plantilla disparatada que se come casi el 70% del
presupuesto municipal. Que es lo mismo que tener hipotecado el
ayuntamiento de por vida.
Una situación, de
la que todos los que están y algunos que pretenden estar, son
responsables. Unos como actores directos y otros como colaboradores
necesarios. Si bien es cierto que los grandes desmanes económicos
comenzaron con Pedro Fernández, no es menos cierto que
Guillermo Murias fue un fiel continuador de esa política de
amiguismo. Y si Pastor no practicó de ella fue porque hasta hace
año y pico estuvo en la oposición. Desde donde, por cierto, poco o nada
hizo para poner coto. Sus denuncias jamás han tenido el menor eco, por
algo habrá sido.
Si estos
políticos, después del próximo 27 de mayo, vuelven a estar al frente del
ayuntamiento, que nadie dude de que continuarán haciendo la misma
política. Porque son incapaces de hacer otra distinta y porque sus
intereses de partido se lo impiden.
Ana Luisa Durán
ha
repetido hasta la saciedad y eso la honra, que no se arrepiente lo más
mínimo de haber firmado el convenio que le costó la Alcaldía. Por lo que
cabe deducir que lo volvería a hacer si la ocasión se presentara.
Tampoco se puede esperar de ella que adopte medidas contundentes para
enderezar la catastrófica situación económica que padece el
ayuntamiento. De haber tenido voluntad de hacerlo se hubiera puesto
manos a la obra nada más tomar posesión del cargo de alcaldesa.
En cuanto al
Equipo de Gobierno actual la duda ofende. Guillermo Murias ya ha
demostrado con creces que, además de pésimo gestor, es también un
político de gran cinismo. Utilizó el pretexto del convenio para volver
al poder y desde entonces, todas sus actuaciones han estado presididas
por el engaño y la connivencia con el empresario. Pese a estar obligado
por resolución judicial a decretar la paralización de El Feixolín, hizo
todo lo posible para que esta explotación continuara. Y ahí sigue,
causando cada día que pasa daños irreparables e hipotecando casi de
forma definitiva el futuro de Laciana.
De Pastor
mejor ni mencionar su deplorable actuación. Su única obsesión era estar
en el poder y una vez conseguido ese objetivo, el resto le importa un
bledo. Sus volteretas políticas son cada vez más grotescas. Un día
califica al alcalde de inútil y al día siguiente alaba su actuación. Una
forma como otra cualquiera de justificar su permanencia en un Gobierno
ineficaz y de lo más incompetente. Presume de haberle ganado un pleito
al alcalde y subraya que la broma le cuesta a las arcas municipales
72.000 euros, pero no exige responsabilidades pecuniarias. O sea,
fariseísmo de baja estofa. Con políticos de esta estirpe no es extraño
que los ciudadanos desconfíen de la clase política.
Este es el
escenario que hoy tenemos en Laciana y que Los Verdes queremos cambiar
radicalmente. Y en esa tarea estamos poniendo el máximo empeño desde
hace año y medio. Y lo estamos haciendo desde la periferia del poder. Lo
que significa una dificultad añadida. Por lo menos, en lo que a
cobertura mediática de se refiere. Por eso es necesario que el
compromiso ciudadano por el cambio, se manifieste sin miedo. Sin miedo a
Victorino Alonso y sin miedo al poder político tradicional. La
ciudadanía tiene que asumir sus responsabilidades y saber que el espacio
que ella deje libre otros lo ocuparán.
Desde luego, lo
que no puede hacer es limitarse a la cómoda tarea de satanizar a la
clase política y mantenerse al margen del debate político, porque ahí
lleva siempre las de perder. Estas elecciones son un asunto
esencialmente de la ciudadanía. Sin su participación los marrulleros
volverán a ganar. Desde el poder intoxicarán a diario deformando la
realidad y haciendo promesas que jamás se cumplirán.
Cuando un político
ofrezca, por ejemplo, una piscina climatizada, lo primero que habrá que
exigirle es que nos explique como la va a financiar y después como la va
a mantener. Porque hacer propuestas de esta naturaleza en un
ayuntamiento en situación de bancarrota, además de ser una temeridad es
una tomadura de pelo. Y aquí de tomaduras de pelo ya está bien, 20 años
de ocultamientos y de promesas incumplidas son demasiados años. Ha
llegado el momento de poner término a tanta falacia y que el
ayuntamiento de Villablino deje de ser el hazmerreír de esta provincia.
Conseguir ese objetivo es posible.
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