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CASTRO
Y COLÍN
13/11/2009
 
En sus manos está el Medio Ambiente y la Cultura
local. Casi nada. Antes de la llegada de Castro, hemos de
convenir que el Medio Ambiente lacianiego estaba hecho unos zorros.
Desde su confortable y asalariada instalación en la casa de "todos",
los zorros y las zorras no han parado de procrear. Ahora tenemos
madrigueras zorrunas por todas las esquinas. Colín, que para
quienes aún lo ignoren, carga sobre sus espaldas con el peso de la
CULTURA y de la herencia de su antecesora, es un tipo ocurrente. Cada
vez con mayor frecuencia nos deleita con alguna de sus ocurrencias.
Porque no se puede negar que, esa bendición sacerdotal y mariana del
viejo puente de Risocuro, aderezada con una historia medio creíble sobre
su origen, no es una buena ocurrencia. La historia también se escribe
así. Al fin y al cabo, es menos grave que inventarse una biografía
política. Y en Laciana, los socialistas de eso saben hasta lo que nos
está escrito. Un pequeño reproche, pero muy pequeñito. Faltaba la
bandera y el himno. Ese magnífico legado de la antecesora de Colín,
que tuvo a lo más granado de la intelectualidad y de la radiofonía
local, en vilo durante meses. Para alivio de todos y todas, finalmente se produjo
la gestación y desde entonces, nuestras vidas ya no son las mismas. Y
nosotros tampoco. Seguimos siendo súbditos del mismo amo, pero con
identidad propia.
Pero a lo que vamos. Es un secreto a voces que el dúo
Castro & Colín no tiene muy buenas relaciones con la madre
abadesa del convento consistorial. De hecho, ninguno de los dos lo
oculta. Eso sí, de puertas afuera todo es una balsa de aceite. Neófitos
en política, pero ya consumados expertos en el arte del engaño. Los dos
se quejan amargamente del constante ninguneo de que están siendo objeto
por parte de la señora. Pero a los ciudadanos el plañir de los políticos
le importa un bledo. En el caso que nos ocupa, lo verdaderamente
importante es saber lo que están haciendo ambos. Y ahí está el meollo de
la cuestión. Porque ni el uno ni el otro han logrado mejorar la
desastrosa y costosa gestión de sus antecesores en el cargo. Lo de
Castro ya mejor dejarlo por imposible, pues donde no hay nada se
puede sacar. Sin embargo, de Colín, los que lo conocían,
esperaban algo más. Mucho más. Por eso la frustración es mayor. Verlo
hoy lucir el palmito del brazo de los que lo han ridiculizado y
caricaturizado hasta el extremo de la indecencia, es como para dejar
perplejo a más de uno. Colín iba para diputado provincial y se ha
quedado en simple concejal de pueblo y se le nota a la legua, que ni
está ni se le espera.
A nosotros y a mucha más gente, nos parece patético
que lo más sobresaliente de estas dos concejalías, sea el exhibicionismo
de sus respectivos responsables. En eso sí rivalizan con su jefa. En el
ayuntamiento de Villablino, el síndrome de la exposición mediática es
crónico. Para lo bueno y para lo malo. La próxima pregonera de las
fiestas patronales tiene que ser Belén Esteban. Y si crematísticamente
no es muy exigente, hasta podemos proponerle que sea la nueva imagen de
Laciana. ¿Qué opina nuestro magnífico y conspicuo dúo?
El
vehemente amigo de ZP
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