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VICTORINO
ALONSO
CONDENADO POR EL TRIBUNAL SUPREMO
23/03/2010

Victorino Alonso
José Luis Rodríguez Zapatero
Ángel Villalba
Miguel Martínez
Ana Luisa Durán
Hace sólo unas semanas, Victorino Alonso era
galardonado por la Casa de León en Madrid. Al magno evento en honor del
modélico empresario asistían entre otros, el ex secretario de los
socialistas leoneses, ex senador y actual presidente de Paradores,
Miguel Martínez, que ofició de mantenedor. También acudió a la cita
- ella está en todos los saraos - la senadora socialista y alcaldesa de
Villablino, Ana Luisa Durán. Nos cuentan que excusaron su
ausencia, el presidente del Gobierno y amigo personal del galardonado,
José Luis Rodríguez Zapatero y el ex secretario regional de los
socialistas Castellanos y Leoneses, ex presidente de Caja España y
actual presidente de FEVE, Ángel Villalba.
Victorino Alonso - su trayectoria lo avala -
es un hombre muy singular en todas sus facetas. Hace años se hizo famoso
por sus devaneos judiciales a propósito del pago de una pensión
alimentaria. Bien es verdad que entonces estaba al borde de la
indigencia. Todo su patrimonio era una motocicleta. Al menos eso
declaró. Sin embargo, muy poco tiempo después adquiriría la emblemática
empresa minera, Minero Siderúrgica de Ponferrada. Y desde
entonces su emporio empresarial ha crecido de forma desmesurada. Casi
tanto como su historial judicial.
A las múltiples sentencias condenatorias por
irregularidades de toda índole, sin contar los sumarios abiertos y en
fase de instrucción, se suma ahora la del Tribunal Supremo por fraude.
El magnate del carbón tendrá que abonar a Unión Fenosa
alrededor de unos 14 millones de euros.
En el Tribunal de Justicia de Estrasburgo está
pendiente de resolución otro procedimiento por infracción del derecho
comunitario y que se refiere a las explotaciones de carbón a cielo
abierto en Laciana. Todo parece indicar que el Reino de España acabará
siendo severamente sancionado económicamente, por haber mirado para otro
lado mientras Victorino Alonso explotaba ilegalmente.
Pues bien, pese a este dilatado y frondoso historial,
ninguno de sus valedores y amigos ha hecho el menor comentario. Es más,
casi apostaríamos doble contra sencillo que todos ellos seguirán
mirando para otro lado. O sea, amparando las infracciones y tropelías
que a diario comete este singular empresario. ¿Por qué? Sólo ellos lo
saben. No obstante, los demás tenemos derecho a sospechar que hay gato
encerrado.
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