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El vicepresidente
del Gobierno y ministro de Economía, Pedro Solbes, exige la moderación
salarial por el “frenazo económico”. A penas tres meses después de haber
negado la crisis, por fin reconoce que estamos ante un cambio de ciclo
económico y que el “expansionismo” de los últimos años se ha acabado.
Sin embargo, el Gobierno aún se resiste a utilizar el término crisis.
Pues bien, mal que le pese al Gobierno que preside José Luís Rodríguez
Zapatero, estamos ante una crisis cuya salida no depende ni de España ni
siquiera de Europa, sino de países como China o India, que se están
revelando como los verdaderos motores del crecimiento económico mundial.
Lo que ocurre, y
esto es inédito, es que nuestro planeta se enfrenta con el agotamiento
de los recursos naturales, confirmado por la continua subida de precios
de las materias primas, ante el desequilibrio que se produce por la
insuficiencia entre la oferta y la demanda. Y todo ello con el cambio
climático como telón de fondo. Es decir, otra crisis de innegable
envergadura, que como consecuencia del efecto invernadero ya está
produciendo efectos en el sector agrícola. Esa disminución de
rendimiento está provocando un alza de precios, agravada por la
disminución de las superficies cultivables, a favor de la colonización
urbana y de los agrocombustibles.
La inflación no se
contiene con medidas compensatorias a determinados sectores como
pretenden hacer algunos gobiernos y entre ellos el nuestro. Las
revueltas, por ejemplo, en los continentes africano y asiático por las
constantes subidas de precios de los alimentos básicos como el arroz,
constituyen una muestra de que esta inflación no es monetaria. Y si no
tiene un origen monetario tampoco puede ser combatida por medio de
políticas monetarias como pretende el Banco Central Europeo. Hoy ya no
es posible recurrir a la clásica técnica de reactivar el consumo para
relanzar el crecimiento. Esencialmente, porque esta cultura depredadora
de los recursos naturales provoca grandes tensiones en los mercados de
materias primas y las amplifica en los mercados financieros.
La globalización
de los modelos de producción y consumo, hacen que el crecimiento de
algunos ya no pueda ser compensado por la explotación de otros. La
huella ecológica demuestra que necesitaríamos tres planetas como el
nuestro para generalizar un sistema de consumo equivalente al de los
países desarrollados de la UE, como Alemania, Inglaterra o Francia.
Se necesita una
política estructural a nivel mundial. Modificando, naturalmente, el
modelo de producción para evitar la depredación de los recursos
naturales.
Y de ese
modo, modificar también las relaciones sociales.
Al menos esa es la
visión que tenemos de la crisis desde la ecología política. Hacemos una
prioridad de la reforma política de transformación social y ecológica
desde la perspectiva territorial. Es indispensable conseguir un riguroso
respeto por nuestros ecosistemas. Necesitamos un nuevo compromiso
social. Y sobre todo, abandonar esa lógica que tantos efectos perversos
está produciendo, como es la economía “sólo de mercado”. Hoy, y todavía
más en el futuro, ese compromiso social será necesario, por no decir
indispensable, para garantizar a todos los damnificados por el cambio
climático un mínimo vital. De ahí la necesidad de poner en práctica
políticas de inversión selectiva. Es decir, Norte/Sur. Y es evidente,
que todo esto no se podrá hacer mientras no haya una verdadera
regulación financiera. Que es lo mismo que abandonar cuanto antes la
lógica liberal que tantos efectos negativos está teniendo para los más
pobres.
El ministro Pedro
Solbes exige la moderación salarial, pero omite que cuando el barril de
petróleo se encarece un dólar, compañías petroleras como Total realizan
un beneficio de 150 millones de euros. Y algo parecido ocurre con el
resto de las compañías petroleras. Esas mismas, que en buena medida son
en parte responsables de esta crisis, están siendo al mismo tiempo las
grandes beneficiarias. Y sin embargo, a los únicos que se les pide
moderación y sacrificio es a los de siempre.
El presidente
Zapatero acaba de ganar unas elecciones, porque fue capaz de convencer a
la mayoría de los españoles de que no había motivos para preocuparse por
la situación económica. Tres meses después se ha desplomado el sector de
la construcción, el del transporte tiene medio paralizado el país, el
pesquero ya no sale a faenar y el consumo en general está en caída
libre. Y todo lo que se les ocurre a los ministros es la moderación
salarial y medidas compensatorias para acallar a los sectores más
revoltosos. Cuando en realidad estamos inmersos en una gran crisis
económica y ecológica de gran envergadura. Consiguientemente, la
solución no está en las políticas monetarias, como algunos pretenden. Ni
tampoco podemos seguir creciendo en detrimento de los más pobres. Vamos,
que estamos en el atolladero y la cosa va para largo.
Manuel E. Rodríguez Barrero
Concejal del grupo Verde
en el Ayuntamiento de Villablino
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