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En el año 1989
empezó a gestarse en el Parlamento Europeo el Plan de Ayudas a las zonas
mineras productoras de carbón; dicho Plan acabó denominándose RECHAR.
Este primer plan permitió que las zonas mineras percibieran, por primera
vez, importantes cantidades de Fondos Europeos, que una vez agotados
tuvieron su continuidad en el segundo Plan del mismo nombre, RECHAR
II. Que durante el período 1994-1997, supuso para España 33,63
millones de ecus de ingresos.
Estos planes
estaban destinados a la reconversión y regeneración de las cuencas
mineras. En paralelo, desde el Ministerio de Industria, Comercio y
Turismo, se elaboraron los primeros Planes del Carbón. En los que se
regulaban ayudas para cubrir cargas excepcionales, heredadas del pasado,
en empresas inmersas en procesos de reestructuración. También se
contemplaron ayudas a la investigación y desarrollo, y finalmente ayudas
destinadas a la protección del medio ambiente.
Es decir, que
desde el año 1989, la orientación Europea - asumida por los Estados
miembros - sobre el carbón estaba muy clara. No cabe, por consiguiente,
alegar ahora que la reconversión del sector nos ha pillado por sorpresa
o que no hemos dispuesto del tiempo suficiente para realizarla.
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La realidad, es
que ni se ha tenido la voluntad política necesaria ni la capacidad
suficiente, para enfrentarse a un problema de innegable envergadura.
Nada más y nada menos, que sustituir el histórico y tradicional
monocultivo del carbón, por un nuevo tejido productivo.
En Laciana se optó
por la continuidad. Es decir, por la agonía lenta. Y lo que es peor, se
accedió a todas las pretensiones de un empresario, que embaucó a
políticos y sindicalistas locales, haciéndoles creer que la continuidad
de la minería sólo sería posible gracias a las explotaciones a cielo
abierto.
Lamentablemente,
en Laciana, ese falaz discurso aún sigue vigente en muchas mentes.
Principalmente, porque algunos políticos y no pocos sindicalistas lo
siguen propagando. Consciente o inconscientemente están siendo los
mejores valedores de Victorino Alonso. Él, sin embargo, es el
único que sí sabe lo que se trae entre manos. No así quienes vehiculan
su discurso y están causando un daño irreparable a Laciana. No sólo por
las oportunidades que ya se han perdido, sino por la hipoteca que le
están imponiendo a esta comarca.
En un mundo
globalizado como éste, las oportunidades de reconversión de las cuencas
mineras es cada vez menor. Las empresas que invierten o deslocalizan, lo están
haciendo en países en los que la mano de obra es mucha más
barata. Algunos de nuestro entorno han deslocalizado unas 20
mil empresas durante los dos últimos años.
Esto era el pasado, aún podemos
recuperar una parte
Los Verdes estamos
cada día más convencidos, de que el futuro de Laciana hay que
construirlo entorno a nuestro patrimonio natural. Ese es el único valor
seguro y de futuro que tenemos en Laciana. Por eso es urgente poner fin
a su destrucción. Y en esa tarea deben participar todos los lacianiegos,
independientemente de cualquier otra condición de tipo político o
social.
Apostar por el
desarrollo sostenible, es ante todo legar a las generaciones venideras,
como mínimo lo que nos han legado las anteriores. En Laciana,
desgraciadamente, eso ya no es posible, pero aún estamos a tiempo de
evitar lo irreversible. Hay que detener las explotaciones a cielo
abierto, de lo contrario arruinaremos definitivamente el futuro de este
Valle.
El cambio
climático es una realidad. Hoy hasta los más necios reconocen que los
ecologistas tenían razón cuando hace 25 años lo anunciaban. Sin embargo,
nuestro país sigue siendo señalado con el dedo. Según un reciente
informe sobre crecimiento y desarrollo sostenible, España es uno de los
países del mundo desarrollado más desacreditado internacionalmente, por
su incapacidad para preservar su biodiversidad.
En Laciana esta
cuestión es realmente sangrante. La Junta de Castilla y León, si por
algo se caracteriza, es por su escasa sensibilidad sobre estos temas. Y
cuando se ve obligada a tener que abordarlos, en la mayoría de los casos
lo hace justo para salir del paso y cubrir el expediente. Como ha hecho
recientemente con los timoratos planes para la recuperación del Oso
Pardo y del Urogallo Cantábrico. Aun así, ha ido más lejos que el propio
ayuntamiento de Villablino, que incomprensiblemente los tacha de
excesivamente restrictivos. Ver para creer.
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Desde 1996, en que
se ha realizado un estudio serio sobre evolución demográfica en la
provincia de León, se sabe que en las cuencas mineras el descenso
poblacional será uno de los principales datos a tener en cuenta.
Ese
estudio auguraba para el municipio de Villablino, una estabilidad
poblacional para 2015-2020 entorno a los 7.500 habitantes.
En la
actualidad superamos apenas los 11.500, pero cada día del año 2006, un
ciudadano se marchó de este Valle. Y exactamente ocurrió lo mismo en
2005. En años anteriores la hemorragia aún fue mayor.
Sin embargo,
jamás, por lo menos que nosotros sepamos, desde el Gobierno municipal se
abordó este asunto. Y claro, no es lo mismo hacer previsiones de futuro,
para 15 mil que para 10 mil o 7.500 habitantes. Lo que sí sabemos,
porque así lo confirman todos los estudios, es que las zonas que pierden
masivamente población jamás vuelven a recuperarla en las mismas
proporciones. Ni aquí ni en Pekín.
Una vez más,
quienes siguen empeñados en mostrarnos una realidad virtual de Laciana,
nos tacharán de pesimistas y agoreros, para seguir escamoteando el
verdadero debate de la realidad presente y futura de Laciana. Pero a
tenor de los importantes logros que ellos han obtenido desde el primer
Plan RECHAR del año 1989, lo mejor que pueden hacer es sumirse en
un profundo silencio. A ver si así logramos olvidarnos de todas sus
tropelías. Incluso así será muy difícil, porque el lastre que dejan aún
seguirá estando presente en Laciana durante muchos años.
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