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Se palpa el
desasosiego. Su orden establecido se está haciendo añicos y reaccionan
atolondradamente. Tenían todos sus tenderetes muy bien montados y un
acuerdo tácito para que nadie invadiera el espacio del otro. Haciendo
buena la máxima, de vive y deja vivir. Pero ese orden se ha visto
alterado por la irrupción de una nueva fuerza política con un discurso
más actual y futurista. Y sobre todo, menos fatalista.
Gracias a Los
Verdes se han podido conocer cosas que antes se ignoraban. Las balsas de
Sosas estaban ahí, vertiendo sus aguas contaminadas al río que abastece
en agua potable a la población, sin embargo, absolutamente nadie había
reparado que esos vertidos podían estar causando graves daños para la
salud. Merced a nuestras múltiples denuncias, los ciudadanos han tomado
una serie de medidas preventivas. No así la institución municipal.
Y ha ocurrido
exactamente el mismo fenómeno con el tratamiento de las aguas
residuales. También fuimos los primeros y hasta ahora los únicos, que
hemos demostrado que el ayuntamiento sigue contaminado la cuenca de río
Sil.
Hasta que Los
Verdes denunciaron el problema de los lodos generados por la depuradora,
la mayoría de los ciudadanos ignoraban hasta su existencia. El
ayuntamiento negó una y otra vez que se estuvieran esparciendo sin
ningún control, hasta que en esta página hemos puesto al descubierto con
pruebas gráficas y documentos la superchería.
¿Quién alertó por
primera vez de que en las explotaciones a cielo abierto se estaban
depositando cientos de toneladas de aceites usados? ¿Alguien había
denunciado antes que en esas mismas explotaciones se sepultaban miles de
neumáticos usados y diversa chatarra? ¿Quién mostró gráficamente por
primera vez los efectos devastadores de esas explotaciones sobre los
ríos? ¿Dónde estaban entonces todos esos defensores de Laciana? Cuidando
de sus respectivos tenderetes, naturalmente.
Y si hablamos del
lavadero de MSP no digamos. Nadie se había percatado de que esa
industria estaba funcionando ilegalmente. El ayuntamiento lo sabía pero
lo ocultaba. O del vertedero de La Revoltona. Un tema en el que nos
hemos visto forzados a acudir a los tribunales de justicia. De la misma
manera que hemos tenido que depositar la basura delante del
ayuntamiento, para que por fin se adecentara el parque de Las Rozas.
Era un secreto a
voces que en el ayuntamiento existían sueldos disparatados. Sin embargo,
hasta que no se han hecho públicos la verdad oficial negaba una y otra
vez la evidencia. La reacción del poder consistió en intentar amordazar
por medio de denuncias a Los Verdes. La transparencia total, sólo se
pregona en campaña electoral, pero se practica mal desde el poder.
No hemos cesado de
denunciar la calamitosa gestión del ayuntamiento y el poder nos tachó de
alarmistas. Pero pocos meses después se cortó el suministro eléctrico
por falta de pago, se retuvieron en un taller los vehículos del servicio
de basura por lo mismo y se acumularon los retrasos en el pago de las
nóminas por falta de tesorería. Llegó después el Informe del Tribunal de
Cuentas y puso a cada uno en su sitio. Bueno, relativamente, porque aún
hoy el alcalde intenta convencer a la ciudadanía de que todo es un
montaje político-mediático para acabar con él.
En fechas
recientes, adelantamos el importe de la sanción millonaria derivada de
una resolución judicial. E inmediatamente, los voceros del poder
reaccionaron como suelen reaccionar los sectarios. Negando la mayor. Es
cierto que hemos adelantado la cifra de 130 millones de euros. Una
disparatada cifra según los bien “documentados”. Pero también dijimos
que en ese importe no estaban comprendidos los daños ocasionados a la
naturaleza y al medio ambiente. Pero interrumpieron antes la lectura de
nuestro artículo, por eso no se enteraron. Porque para ellos lo único
importante es embrollarlo todo.
Así podríamos
seguir enumerando otros muchos aspectos de la vida local que desde hace
años venían pasando desapercibidos. Pero lo más inquietante, son los
síntomas fascistoides que está mostrando cierta clase política y
sindical, para evitar quedarse a la intemperie. No porque descalifiquen
a aquellos que ponen en evidencia sus miserias, sino por los métodos que
utilizan. La mentira sin escrúpulos se ha convertido en su único
discurso.
Que a estas
alturas la Unión Comarcal de CC OO deforme la historia sobre la
explotación de Leitariegos, es simplemente patético. Como patética está
siendo su actitud frente al empresario desde hace ya mucho tiempo. En
muy pocos años, estos nuevos dirigentes han dilapidado el legado
recibido y hoy su credibilidad y su capacidad de movilización es
simplemente nula. Claro que los trabajadores del cielo abierto son
mineros, pero los sindicatos son los únicos que lo ignoran. De lo
contrario harían algo más por mejorar sus condiciones laborales.
¿Y qué decir de
las espurias maniobras políticas de IU para que Los Verdes no pudieran
concurrir a las elecciones locales? ¿Acaso su actuación se inscribe en
el estricto respeto del pluralismo democrático? En modo alguno, eso es
totalitarismo. Como totalitarismo es utilizar a parte de la militancia,
a sabiendas de que se le está contando una mentira y pidiéndole que la
difunda. Los tics del pasado en IU siguen demasiado presentes.
Quienes han venido
gobernado el ayuntamiento durante estos últimos 20 años, han tenido como
única obsesión alejar a la ciudadanía del control de los asuntos
públicos. Los plenos pasaron de celebrarse mensualmente a celebrase
trimestralmente en el mejor de los casos. El público asistente dejó de
intervenir porque se le privó de esa posibilidad. El órgano oficial de
información que existía se cerró y dejaron de publicarse las cuentas del
ayuntamiento, la plantilla de personal y por supuesto los salarios. De
ese modo pasaban más desapercibidos los desmanes y el favoritismo
partidista.
Todas estas y
otras muchas razones son las que están posibilitando la unión y conjura
del gremio político-sindical. Hay que unirse para mejor hacer frente al
enemigo. No sólo porque nos desmontará el tinglado que tenemos montado,
sino porque sacudirá las alfombras de nuestras miserias. De ahí el
desasosiego de algunos por no quedarse a la intemperie. Lo van a tener
muy difícil. Pues mal que les pese y pese al derroche de esfuerzos que
hagan para silenciarnos, nuestro mensaje seguirá llegando a la
ciudadanía.
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