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EL
PODER Y SU PARENTELA
28/04/2009

Clientelismo, amiguismo, enchufismo, nepotismo y así
un largo suma y sigue. La desvergüenza de algunos políticos es de tal
calibre que no se cortan ni un pelo para colocar en las instituciones
públicas a familiares, amigos o militantes y simpatizantes del
partido. En suma, colocan a quien les da la gana. Unas veces salvando
las apariencias y otras ni siquiera. Salvar las apariencias significa
amañar inteligentemente las oposiciones. Porque en la mayoría de los
casos ni eso. Son tan prepotentes y a la vez tan primarios que ni
siquiera reparan en esas menudencias. Y claro, después pasa lo que pasa.
Como por ejemplo, el escándalo que está salpicando a la Diputación
Provincial de León. El fraude es insultante y puede que hasta delictivo.
Si se estableciera una relación de todas las admisiones realizadas por
esta institución a lo largo de los últimos 30 años, se constataría que
la democracia en materia de consanguinidad funcionarial poco o nada
ha mejorado lo anterior.
Pero no sólo la Diputación está en el ojo del huracán
del clientelismo desvergonzado. En la mayoría de los ayuntamientos el
poder también tiene en nómina a su propia parentela. Como por ejemplo,
en el de Villablino. La desvergüenza comenzó con el clan de los
Fernández y prosiguió durante el largo reinado del Guillermismo. Ahora
ha comenzado la época Duranista y todo parece indicar que adolece de los
mismos vicios. Duranista, porque así la denomina la compañera
sentimental de nuestro amigo el peón jardinero. "Yo no soy socialista
soy duranista". Esto cada vez se parece más al PRI mejicano. El
problema es que la duranista en cuestión ha sido nombrada, designada o
elegida, miembro del Comité Provincial del PSOE. Lo que nos da una idea
del nivelazo ideológico del ejercito que capitanea Paco Fernández. Sin
embargo, no menosprecien a estas lumbreras, porque en materia de
habilidades tienen un montón. Ésta, por ejemplo, cuentan sus compañeros
que ya logró colocar al vástago. ¿Dónde? La foto igual les da una pista.
La Red de Paradores que por encargo de Zapatero
dirige Miguel Martínez se está convirtiendo en una empresa de colocación
ideal para toda esta parentela del poder. No hace mucho tiempo, los
populares destapaban que el hijo del Delegado del Gobierno en Castilla y
León había sido fichado por el Parador de Zamora. La propia hija de
Miguel Martínez hace años que también metió el pié en el estribo de la
red. Bien es verdad que papá todavía no había sido nombrado gran jefe,
pero ya tenía buenas relaciones. No en vano en su apartamento de Mojácar
veraneaba un tal José Luís Rodríguez Zapatero.
Pues este panorama tan poco gratificante es el que
tenemos. Gran parte de los militantes que integran las dos grandes
formaciones políticas de este país, lo hacen como inversión. Al fin y al
cabo, por 40 euros al año el negocio te puede salir redondo. Puedes
llegar a ser concejal@ con sueldo, claro está. O diputad@ provincial,
con más sueldo. Y si te toca la barita mágica de la cuota o del
favoritismo del jefe del aparato, hasta puedes llegar a ser
diputad@ o senador@. O sea, en un par de legislaturas y por todos los
conceptos, casi 100 kilos de las antiguas a la buchaca.
Pero lo inadmisible de esta fauna política es la
desvergüenza con la que vulneran la ley. En la mayoría de los casos, las
oposiciones que convocan es un puro paripé. Las plazas están asignadas
de antemano. Sin embargo, a los opositores se le cobran las tasas y
hasta se les hace creer que tienen alguna posibilidad. Cuando en
realidad todas las plazas están reservadas para la parentela del poder.
Lo dicho, en vez de invertir en la educación de sus
vástagos, apúntelos al partido o al sindicato. Serán toda su vida unos
mediocres, pero seguro que tienen menos posibilidades de acabar en
la cola del paro que si tienen un diploma universitario en el bolsillo.
Pónganle el nombre que quieran, pero todo esto es corrupción. Y está tan
banalizada que hoy ya nadie se escandalizaría con el caso Juan Guerra.
Al fin y al cabo, sólo eran cafelitos. Con Correa hay que
reconocer que hay más clase. Trajes a medida, joyas, coches de lujo,
vacaciones a lo grande y hasta banquetes de boda. Vamos, que lo del
vástago de la compañera sentimental del peón jardinero es una minucia,
pero todo se andará.
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