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El alcalde candidato - o el candidato alcalde - cuenta en
sus actos de precampaña que todo va maravillosamente bien. La
autosatisfacción es desbordante. Ese affaire del Tribunal de
Cuentas no tiene la menor importancia. Vamos, que es un asunto de menor
cuantía. Quienes han auditado las cuentas del ayuntamiento de Villablino
no saben detrás de lo que andan. Son tan incompetentes que ni siquiera
se han percatado de que el ayuntamiento se ha enriquecido
patrimonialmente. Aunque estemos en situación de bancarrota financiera
somos más ricos. Así como suena. El agujero de los 3.000 millones de las
antiguas pesetas no es tal. Ahí está el patrimonio para demostrarlo.
La plantilla de personal está ajustada milimétricamente a
las necesidades reales del consistorio. No sobra absolutamente nadie.
Eso sí, ni una sola mención a algunos disparatados e injustificados
sueldos. Faltaría más. No vaya a ser que se nos vayan votos también por
ahí. No obstante, como acreditado gestor que es, debería explicar a la
ciudadanía las razones que periódicamente le obligan a no poder
satisfacer la nómina del personal dentro de los plazos legales.
Tampoco ni una sola palabra sobre el Matadero Municipal.
Sin embargo, su clausura en plena campaña de matanzas por falta de
higiene, ha sido sonada. Y ni una mención sobre las deficiencias de la
depuradora municipal. Esa que ha costado 600 millones de pesetas y que
sólo depura una parte de las aguas residuales. El resto va directamente
al pantano de Las Rozas. De las aguas "limpias" sería absurdo hablar. Su
calidad es como todo el mundo sabe inmejorable. Y si cada vez son más
los vecinos que acuden garrafa en mano a las fuentes, es porque se han
dejado embaucar por Los Verdes. Verdaderos expertos en crear alarma
social.
También la supuesta y cien veces vendida piscifactoría de
Caboalles de Arriba se ha esfumado de la memoria del alcalde candidato.
Consiguientemente, nadie sabe el destino de los fondos que han llegado
para financiarla. Y probablemente también nos hayamos inventado eso de
los 72.000 euros que el consistorio tiene que abonar, como consecuencia
de una sentencia judicial, porque el señor alcalde se extralimitó en sus
funciones y competencias, firmando un convenio que no debía. De ese
asunto tampoco ni media palabra. Y así un largo suma y sigue. En
definitiva, que todas estas cuestiones sólo existen en la imaginación de
los adversarios políticos del alcalde.
La realidad, la verdadera, es que Laciana es una
maravilla. Y lo será aún más a partir del próximo 31 de marzo. Pues ese
día, por decreto de la Alcaldía, Victorino Alonso recogerá sus
bártulos y abandonará definitivamente El Feixolín. Se acabaron las
fechorías.
Con este panorama, convendrán con nosotros que los
lacianiegos no tienen motivos para quejarse. Y menos aún para no
otorgarle de nuevo su confianza a IU y a su candidato a la Alcaldía. En
realidad, ni siquiera sería necesario celebrar elecciones municipales.
Primero, porque más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.
Segundo, y más importante, porque ninguno de los aspirantes puede
hacerlo mejor que el que está.
Si nos apuran, incluso sería hasta innecesaria esta
precampaña electoral. Una pérdida de tiempo. En una comarca con todos
los indicadores positivos, es absurdo intentar mejorar lo inmejorable.
Los 3.740 ciudadanos que abandonaron esta tierra durante la última
década, se fueron hastiados por exceso de bienestar social. Y si MSP
redujo su plantilla durante ese mismo período en un 75%, el motivo es
que nadie quiere trabajar.
Pues nada señor alcalde, nos ha convencido. Vivimos en el
país de las maravillas y nosotros ni siquiera nos habíamos dado cuenta.
Sin usted como timonel de este barco es difícil imaginar que sería de
todos nosotros. Lo dicho, no siga perdiendo su precioso tiempo para
explicarles a sus conciudadanos las bondades de su labor. Todos las
conocemos y estamos muy orgullosos por la inmerecida atención que nos
dispensa. Gracias, pues, por tanto desvelo y dedicación al bien común.
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