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EL CARBÓN: DE LA REALIDAD A LA FICCIÓN

 

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Es inútil, ya lo dice el proverbio, no hay peor sordo que el que no quiere oír. Ojalá siempre, o al menos en la mayoría de los casos, nuestros deseos se vieran convertidos en realidad. A los Verdes también nos agradaría muchísimo que la realidad de Laciana fuera distinta. Ojalá todos los lacianiegos pudieran ver el futuro con el optimismo y la tranquilidad que les daría, el saber que el carbón puede seguir teniendo un porvenir esplendido. Pero como la realidad no depende siempre de nuestros deseos, obligado es encararla y hacerle frente con inteligencia e imaginación. De lo contrario seguiremos perdiendo el tren del futuro, que inexorablemente pasa por una estación que se llama reconversión.

Una reconversión que tenía que haberse iniciado hace ya más de 20 años. Justo en el mismo período en el que la iniciaron otras zonas mineras de países de nuestro entorno. Pero aquí se ha preferido escuchar los cantos de sirena de quienes no veían entonces – ni quieren ver hoy – más allá del contorno de su propia nariz. Unos porque la situación era buena para ellos y otros por lo mismo. Empresarios, sindicatos y Administración iban entonces muy a gusto en la burra.

Pero lo incomprensible es que después de 20 años, algunos aún se sigan negando a aceptar una realidad, que ni los más escépticos cuestionan en su vertiente más realista. El Gobierno de España, al igual que los del resto de la UE, poco o nada puede decidir en solitario,  en materia de producción y distribución energética.

Ayer la Comisión Europea lo único que hizo, fue exponer los archiconocidos planes que viene elaborando desde hace meses, por no decir años, sobre el modelo de producción de energía para el futuro. El periódico La Vanguardia ya publicó un adelanto el pasado 28 de diciembre.

Y lo primero que refleja ese documento, es que hay que invertir masivamente en energías limpias y renovables. El motivo también es archiconocido. El calentamiento global del planeta y las emisiones de CO2. Y en ese sentido, conviene que algún indocumentado sepa, que según la opinión de un sector de la Comunidad Científica Internacional, una subida de 2º, tendría como consecuencia cientos de millones de muertes de especies, incluida la nuestra.

Pero además, también conviene que sepan que en la actualidad están en construcción, proyecto o estudio, nada más y nada menos que 222 reactores nucleares en el mundo. Finlandia será el primer país que ponga en funcionamiento la primera planta de tercera generación. Noruega y otros países están trabajando en la misma dirección.

En todo caso, no se hace la menor mención en el documento de la Comisión, al futuro del carbón. Consiguientemente, cabe preguntarse, ¿de dónde sacan algunos tan apresuradas conclusiones  para afirmar que el carbón tiene futuro?

Visiblemente no leen nada más que lo que les interesa. Como el periódico El País no es sospecho de estar controlado por Los Verdes, nos parece interesante incluir aquí lo publicado en la edición de hoy.

 

EL PAÍS

Jueves, 11 de enero de 2007

Crisis energética en Europa

Bruselas impulsa el uso de las energías renovables

La Comisión presenta un plan para que el 20% del consumo proceda de fuentes alternativas en 2020

"Los días de una energía barata se han acabado para Europa". Con esta sentencia encabeza la Comisión su documento estratégico Una política energética para Europa, presentado ayer, en el que plantea un denso paquete de medidas para hacer frente a un doble reto: detener el calentamiento del planeta por las emisiones de CO2 y reducir la dependencia exterior. Entre las palancas previstas, están la promoción de energías renovables, la reducción del consumo, la creación de un verdadero mercado competitivo de la energía, sin monopolios, y un apoyo a las nuevas tecnologías que permiten un bajo nivel de emisiones de carbono. La energía nuclear se elogia como una de las más eficientes para estos objetivos, pero se evita un pronunciamiento expreso.

Se trata, según el propio presidente de la Comisión, José Manuel Durão Barroso, de desarrollar "una nueva revolución industrial", que implicará la puesta en marcha de nuevas políticas para la UE.

La energía marcará los primeros meses de la presidencia alemana de la Unión y será el gran tema de discusión de la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno del próximo marzo, según la canciller, Angela Merkel. La abierta división entre países sobre algunos puntos sensibles, como la energía nuclear o la división de los grandes monopolios para aumentar la eficiencia y la competencia, obligará a un serio debate en el seno de la UE, para consensuar las bases mínimas. El futuro político de Europa está cada vez más ligado a su capacidad para afrontar los múltiples desafíos energéticos.

El aumento de las energías renovables es uno de los aspectos en los que hay mayor consenso. El objetivo de Bruselas es que el conjunto de estas energías (hidráulica, solar, eólica, biofuel y biomasa, principalmente), representen un 20% del consumo total en 2020, frente al 7% actual. La UE empezó a promover el uso de estas energías en 1997. Desde entonces, su uso ha crecido un 55%, pero no se logrará que su peso llegue al 12% que se había previsto para 2010.

Según la Comisión, las energías renovales tienen un fuerte potencial, especialmente en la producción de electricidad, hasta el punto de que podrían representar un tercio de la misma en 2020. La energía eólica proporciona actualmente el 20% de la electricidad que necesita Dinamarca, el 8% en España y el 6% en Alemania.

Otro sector con un gran potencial es el del biofuel (combustible derivado de desechos de materia orgánica). Suecia, mediante el bioetanol, ha logrado ya una producción equivalente al 4% de sus necesidades de petróleo. La Comisión estima que el biofuel podría aportar el 14% de las necesidades de carburantes en el transporte en 2020.

A estas medidas hay que sumar el objetivo de reducir el actual consumo de energía primaria (la utilizada para producir otras energías) en un 20% para 2020, aprobado el pasado octubre. Si se lograra, significaría que la UE precisaría un 13% menos de la energía que utiliza hoy, lo que supondría un ahorro de 100.000 millones de euros y 780 millones de toneladas de CO2.

La reducción de las emisiones de CO2 es la otra gran palanca de la política energética europea. En este campo se plantea un doble objetivo. En el plano internacional, la UE propugna reducir en un 30% las emisiones de gases de efecto invernadero de los países desarrollados para 2020. Se trata de una iniciativa en la que se busca arrastrar y comprometer a los demás países desarrollados, pero que cuenta con el rechazo de China e India. Para la Europa de los Veintisiete, la propuesta de la UE es reducir las emisiones de CO2 en un 20%, "como mínimo", para 2020.

La ruptura de los actuales monopolios de los productores de gas y electricidad, para dejar libres las redes de transporte, ha provocado un serio enfrentamiento entre la Comisión y algunos Estados como Alemania y Francia, que se oponen a la división de sus grandes compañías. La Comisión ha encontrado una vía para satisfacer los intereses de estos dos países ofreciendo una doble posibilidad: dividir la propiedad de las actividades de generación, transporte y distribución, o crear un gestor independiente que administre las redes de distribución de forma que no perjudique a los nuevos entrantes.

Dependencia exterior

Tanto el documento de la Comisión, como el propio Barroso y la comisaria de Competencia, Neellie Kroes, subrayaron sin embargo que "la separación de propiedades era de lejos la forma más eficiente", mientras que el gestor independiente tendría "una regulación más costosa y sería menos efectiva".

Otras medidas propugnan la multiplicación de los suministradores. Las previsiones de dependencia exterior son más que inquietantes. El peso de las importaciones de gas aumentará desde el 57% actual al 84% en 2030, mientras que las de petróleo pasarán del 82% actual al 93%.

La UE ensalza las ventajas de las centrales nucleares

La Comisión Europea hizo ayer un claro guiño a favor del desarrollo de la energía nuclear, aunque fue muy cuidadosa en propugnar abiertamente su uso. El documento del Ejecutivo comunitario se centra en detallar y enfatizar las ventajas de esta fuente energética, pero con sumo cuidado para no herir la sensibilidad de algunos Estados, que son los que tienen la competencia sobre la materia.

"Nosotros no imponemos" a los países lo que deben hacer en materia nuclear, recalcó el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, durante la presentación de la nueva política energética comunitaria. Pero recordó que es fundamental reducir la dependencia de fuentes más contaminantes, como el carbón. "La Comisión Europea es agnóstica en esta cuestión", aseguró Durão Barroso, aunque desea favorecer el que considera un "debate indispensable", informa Efe.

Los técnicos de la Comisión destacan que "la energía nuclear es una de las fuentes de energía más baratas" dentro de las que tienen un bajo nivel de emisiones de CO2 que actualmente se produce en la UE, "y también una de las que tiene los costes relativos más estables". Según el documento, la energía nuclear es menos sensible a los cambios del precio del combustible que la producida con carbón o gas, ya que el uranio representa una parte muy limitada del coste total de la generación de la electricidad. Frente a estas ventajas, las centrales atómicas plantean los problemas de su desmantelamiento y de la gestión de los residuos.

Bruselas recuerda que 15 de los 27 países miembros disponen actualmente de reactores nucleares (un total de 152), liderados por Francia, donde el 80% de la electricidad proviene de esta fuente de energía. En el conjunto de la UE, la energía nuclear genera la tercera parte de la electricidad, y la Comisión alerta de que, para mantener esta tasa, es imprescindible alargar la vida útil de las plantas existentes o comenzar ya la construcción de otras nuevas. Bruselas advierte de que, en el supuesto de que algún Estado decida la reducción del uso de la energía nuclear, "es esencial que esta reducción sea compensada con la introducción de otras energías de bajo nivel de carbón para la producción de electricidad".

Moratoria en España

Éste podría ser el caso de España, donde el Gobierno mantiene su compromiso con la moratoria nuclear implantada en 1984 por Felipe González, según garantizó ayer la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega. Así, el Ejecutivo no autorizará la construcción de más centrales, y cerrará la de Santa María de Garoña (Burgos) en 2009. De la Vega afirmó que el Gobierno es partidario de programas de ahorro energético y del desarrollo de energías renovables, aunque admitió que el debate sobre el uso de la energía nuclear está "abierto".

En España, la energía nuclear genera casi el 23% de la electricidad, pero es la fuente energética más desarrollada y representa el 50% de la producción interna de energía.

Fernández de la Vega, que recordó que ya se cerró, el pasado 30 de abril, la central de Almonacid de Zorita (Guadalajara), hizo referencia a la dependencia energética del país, que importa el 77% de lo que consume.

La Comisión Europea propone la creación de un Grupo de Alto Nivel para la Seguridad Nuclear, para mejorar las garantías de esta industria, y que debería prestar especial atención al tratamiento de los residuos radiactivos y al desmantelamiento de las centrales.


  
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