|
|
Aseguramos
y certificamos por nuestra conciencia y honor, que la mano que aparece
en esta fotografía pertenece a un alto ejecutivo de la empresa Minero
Siderúrgica de Ponferrada (M.S.P.. S.A) Y que fue tomada a horas
intempestivas en algún lugar de alterne de la noche lacianiega. No, esto
no es ningún adelanto de una vulgar crónica rosa. Y menos aún,
constituye la menor intromisión en la vida privada de nadie. En
absoluto. ¡Faltaría Más! Simplemente, constituye la ilustración de una
cierta metodología de trabajo de esta empresa, que tanto nos ha dado y
quitado mucho más. Ahora hasta se lleva nuestro patrimonio natural. Y
hace ya tiempo que se llevó la dignidad de algunas gentes de este Valle.
Por fortuna, aún quedan algunas que se resisten ante la arrogancia sin
límites del avasallador. Pero volvamos al tema. La empresa, como muchos
de ustedes habrán oído y leído, tiene la certeza de que gran número de
sus trabajadores están de baja laboral indebidamente. Causando de este
modo, un gran quebranto económico a la empresa y por ende, al erario
público.
Pues bien, el dueño se ha puesto manos a la obra para desenmascarar
tamaña superchería y ha puesto a sus ejecutivos a trabajar con
nocturnidad y algo, quizá, de alevosía. Se trata de pillar con las manos
en la masa, a esos desaprensivos y díscolos currantes que simulan estar
enfermos mientras deambulan por los lugares de alterne de la noche
lacianiega. Y ahí es donde han pillado nuestros intrépidos reporteros a
este ejecutivo de alto rango. Haciendo funciones nocturnas de detective
privado, pero no incógnito, porque al final resultó ser el cazador
cazado.
Muy a su pesar y con muy malos modos, por cierto. Tranquilo, que ya
hemos dicho que esto ni era una vulgar crónica de sociedad y menos aún
una intromisión en la vida privada de nadie. Simplemente, nos parece que
es una actitud grotesca y risible. Sobre todo, por su resultado. Al
menos, que el nerviosismo del malhumorado ejecutivo obedezca a otras
causas. Pero esas no nos interesan.
En fin, Laciana es cada día más una tierra de esperpentos, por lo que no
es de extrañar que se produzcan situaciones tan rocambolescas como
estas. El amo ya no se conforma con ser el amo, que quiere también
ejercer de gran hermano. Ya sólo le falta instalar una cámara en el
domicilio de sus empleados para vigilar su comportamiento más íntimo.
Este es hoy el otrora valle de la libertad. Pero nos lo hemos ganado a
pulso. Que nos zurzan, pues.
Página Inicio
|