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Cuando nos refiramos a las "verdades" de los políticos,
hemos de ser prudentes y comenzar por adjetivar los términos. Por
ejemplo, al referirnos al parador, hemos de colocarle el adjetivo
presunto o posible. Porque desde que el candidato Zapatero
prometió su construcción, hace ya casi cuatro años, de momento todo es
aparente. O sea, ficticio.
Eso sí, la hemeroteca está preñada de promesas, anuncios
y rimbombantes declaraciones. Para los políticos, cualquier pretexto ha
sido bueno para salir en la foto. Y así seguirá siendo, por lo menos
hasta que finalice la campaña electoral. Es obligado reconocer que esta
especie de Guadiana que aparece y desaparece está dando mucho juego a
nuestra clase política local. Unos y otros la utilizan como arma
arrojadiza contra el adversario.
Sin embargo, todos ellos omiten que en la tramitación de
este asunto se han mostrado igual de incompetentes. Y repasando las
actuaciones de unos y otros, durante estos cuatro años, la conclusión es
inapelable.
Es evidente que cuando Zapatero- en plena campaña
electoral- adquiere el compromiso de construir un parador en Laciana, no
intuye ni por lo más remoto que Ángel Crespo ganará las
elecciones municipales y menos que él llegará a ser Presidente del
Gobierno en el primer intento. Pero la fortuna sonrió por partida doble
y el resultado ya lo conocemos. El parador al día de hoy sigue en el
aire. Ni siquiera se ha comenzado a hilvanar un esbozo de proyecto.
Primero, se nos anunció a bombo y platillo que se
ubicaría en Sosas. Después, nos enteramos de que ni siquiera los
terrenos en los que se pretendía construir tenían la calificación
urbanística adecuada. O sea, una chapuza. Visiblemente, los gestores
socialistas no sabían lo que traían entre manos, pero la propaganda la
manejaron a la perfección. Aún estamos esperando un atisbo de
autocrítica por tan monumental engaño.
Estos ineficientes gestores fueron remplazados por otros
de igual talento y eficacia. Los chicos de IU nos contaron que cuando
llegaron al ayuntamiento el expediente del parador estaba más tieso que
la mojama. Vamos, que el PSOE nos había vendido humo. Y entonces, el
megaconcejal Pastor se puso manos a la obra y nos obsequió con
una de sus genialidades. Partir de cero y entre todos buscar el
emplazamiento ideal. Una subasta a lo grande. Al final, tropecientas
propuestas y todas ellas a la papelera. Pero al igual que sus
antecesores, este invento le permitió salir en los papeles en un montón
de ocasiones. Vendiendo cromos, claro está.
Y al fin hallan la piedra filosofal. Recuperar el
edificio de un antiguo colegio y convertirlo en parador. ¡Toma ya! Para
ese viaje con menos alforjas también nos arreglábamos. Pero ni por esas.
Al día de hoy, todo parece indicar que el tema sigue atascado. A tenor
de lo que nos cuenta Ana Luisa Durán, aún no han sido capaces de
formalizar la cesión de los terrenos. Lo cierto es que unos por otros la
casa sin barrer. Nada nuevo, puesto que esa viene siendo la tónica
dominante desde hace años en este ayuntamiento.

Como gestores está sobradamente acreditado que son un
desastre, pero como agitadores propagandísticos son unos verdaderos
maestros. Murias nos vendió la Piscifactoría en un centenar de
ocasiones y no pasó de la fase de cimientos.
Otro tanto hizo con la
Central de Biomasa. Otra entelequia. De la piscina climatizada mejor ni
hablar. Esa la vendieron todos hasta el hartazgo. Y así podríamos seguir
enumerando una serie de promesas que jamás vieron la luz. Y lo que te
rondaré hasta el 27 de mayo.
(Esta es la magnifica Piscifactoría)
Pues esa es la fauna política que tenemos en Laciana. Y
como no seamos capaces de sacudírnosla de encima, Laciana lo tiene
claro. El futuro seguirá siendo de Victorino Alonso y cada día un
habitante de este valle seguirá marchándose en busca de un futuro mejor.
Es decir, seguirá los pasos de esos 3.740 vecinos que abandonaron
Laciana en la última década. Pero seguro que si les preguntan a estos
políticos, les responderán que ellos nada tienen que ver con este
fenómeno. Lo de fijar población, ese estribillo que tanto gusta repetir
al alcalde, es una frase hecha que queda bien, pero nada más. Lo dicho, como no nos los sacudamos de encima, lo único
que nos espera es más de lo mismo. O sea, el acabose.
La Central de Biomasa,
el cuento de la lechera, suma y
sigue...
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