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Nuestros adversarios que son muchos y muy poderosos, se han esforzado
para convencer a los miembros de la delegación de la CE que
recientemente visitó Laciana para inspeccionar las ilegales
explotaciones a cielo abierto, de que sólo una exaltada minoría se
oponía a ellas. Y exhibieron el resultado de las pasadas elecciones
municipales para demostrarlo. Naturalmente, se les olvidó contarles un
par de hechos tan deleznables como insólitos. Por ejemplo, que en un
país democrático, un grupo de energúmenos con sus respectivos jefecillos
a la cabeza, haya reventado el primer acto electoral de Los Verdes. En
Laciana todo el mundo sabe quien movía los hilos de estas marionetas. Y
han omitido igualmente, que esos mismos personajes concentraron la
víspera de la jornada electoral a esos mismos trabajadores para
entregarles las papeletas de una candidatura, bajo amenaza de tomar
medidas si desviaban su voto hacia otra. Esto ocurrió en El Feixolín,
Fonfría y Ladrones. E incluso ocurrieron otras cosas igual de
despreciables. Como el boicot decretado a ciertos establecimientos
públicos a los que se les suponía una cierta afinidad con Los Verdes. O
sea, que puestos a contar, contemos toda la verdad.
En cualquier caso, lo que menos importa a estas alturas es lo que
podamos contar unos y otros. Lo que realmente importa es lo que está
ocurriendo en Laciana. Y lo que es aún más importante, lo que ocurrirá
si no somos capaces de poner fin a esta descomunal barbarie. Reflejada
ya hace años con extraordinaria lucidez por Manolo Sierra en su
mural de la Avda. de Asturias de Villablino y corroborada hoy en su
magnífico cartel anunciador del "primer encuentro europeo sobre la
montaña y el futuro de sus habitantes", que con motivo de la
celebración del Día Mundial del Medio Ambiente, este año tendrá lugar en
Laciana los días 6 y 7 de junio, organizado por la Oficina verde europea
en España.
Unas jornadas de reflexión y debate sobre el futuro, pero también de
denuncia y de exigencia del cumplimiento de la legalidad. Porque no
conviene jamás perder de vista, que la barbarie medioambiental que se
está perpetrando en Laciana, no tiene la menor cobertura legal. Y
en un Estado de Derecho, este extremo ni siquiera debería ser necesario
recordarlo. Pero aquí sí, porque la sumisión y el clientelismo están tan
arraigados, que Laciana se ha convertido en un lugar irreconocible.
Tanto desde el punto de vista estético como moral.
Con la representación que las urnas nos han otorgado, Los Verdes
seguimos ahí. Con la dignidad intacta. ¿Pueden otros afirmar lo mismo?
¿Dónde están aquellas promesas de hace un año, de que Laciana era lo más
importante? Ni una sola voz se ha alzado desde entonces en su defensa.
Salvo la de Los Verdes, claro está. Como siempre, y al igual que ocurrió
en 1985 con Leitariegos, el tiempo dará y quitará razones. Desde que las
malditas explotaciones a cielo abierto comenzaron, el empobrecimiento de
Laciana ha sido una constante. Un 25% menos de habitantes y un 75% menos
de empleo. Y, además, un patrimonio natural destrozado.
Eso sí, entre tanto algunos han hecho su particular agosto y otros lo
siguen haciendo. Y van a seguir peleando con uñas y dientes para que
dure el mayor tiempo posible. Incluso sabiendo que tiene fecha de
caducidad.
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