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Hemos vuelto a subir al Feixolín para
dejar de nuevo constancia, del gran desastre que allí se está
perpetrando. Estas imágenes prueban una vez más el gran engaño de la
restauración.
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Hace muy poco esto era un bosque de
robles
En teoría nadie se muestra favorable a las explotaciones
a cielo abierto, pero en la práctica, sólo unos pocos asumimos el reto
de desafiar una y otra vez las prohibiciones y las medidas de seguridad
impuestas por el empresario, para que nadie pueda dar testimonio de la
barbarie que está perpetrando en El Feixolín y Fonfría. Ayer domingo
hemos vuelto a subir a la explotación ILEGAL y lo que hemos visto
es aterrador. Donde hace muy poco había un frondoso bosque de robles,
acebos y otras especies, hoy las máquinas de Victorino ocupan ese
espacio. Y lo hacen, como es público y notorio, de forma ilegal. Bajo la
escandalosa cobertura de la "restauración". Esa es la tesis defendida
tanto por la Junta de Castilla y León como por el Ayuntamiento de
Villablino, que incomprensiblemente, la Administración de Justicia con
su silencio también está dando por buena. Bastaría con un simple informe
pericial, para que el juez se diera cuenta de que su resolución no se
está cumpliendo. Entonces, ¿por qué no lo solicita? Esa es la pregunta
que todos debemos formularnos. De ahí nuestro más que comprensible
escepticismo sobre la voluntad del juez, para hacer cumplir la
resolución judicial que él mismo dictó. Si esto es restaurar la
legalidad, qué será lo contrario.
Las imágenes que a continuación les mostramos, muestran
con una claridad meridiana la realidad de esta superchería. A pasos
agigantados, Victorino está desmontando la montaña y
llevándose por delante todo lo que se interpone en su camino. De una
semana a otra, la fisonomía del paisaje varía de tal manera, que resulta
irreconocible. Sólo aquellos que realizan visitas periódicas y han
establecido puntos de referencia, son capaces de situarse de forma muy
aproximada, entre el antes y el ahora. Por eso, las manifestaciones del
Ministro de Industria, siguen retumbando en nuestros oídos como un
insulto. Aquí lo único que se da la mano, es la arrogancia destructora
con la ilegalidad. Sin que por ello, ningún responsable público sienta
el menor remordimiento. Su conciencia es de acero. Y su nula
sensibilidad por el legado de nuestros antepasados, está fuera de toda
duda. Ojalá algún día sus hijos les pidan cuentas. Ese es nuestro
vivo deseo. Y, que además, acaben pagando por todos los actos delictivos
que están amparando. Porque lo que se está haciendo en El Feixolín y
Fronfría, por más que se maquille, es simple y llanamente la comisión de
un delito.
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