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INTOXICACIÓN
 

 

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Nos están intoxicando. En el sentido propio y en el figurado.

Ya sólo les falta rematar la faena, afirmado que las explotaciones de carbón a cielo abierto benefician al medio ambiente.

El pasado 24 de enero, el presidente de la Confederación Hidrográfica del Norte, Jorge Marquínez aseguraba en un medio de comunicación provincial, que la calidad del agua del Sil es "excepcional". En el mismo artículo, el presidente de la agrupación de Pescadores de Alto Sil, Fernando Fernández apostillaba, que en cuanto a salmónidos, las aguas del Sil están "entre la mejores de Europa". Hemos de suponer que ambos disponen de pruebas científicas solventes e irrefutables que avalen sus contundentes aseveraciones. Ahora lo que tienen que hacer es ponerlas encima de la mesa. Y de ese modo nos taparán definitivamente la boca a quienes sostenemos todo lo contrario. Incluido  a Javier Castroviejo, el primero que alertó sobre el peligro de contaminación de toda la cuenca del Sil, como consecuencia de los vertidos procedentes de las explotaciones a cielo abierto. A los que habría que añadir los procedentes de las aguas residuales de varios municipios. Entre ellos, el de Villablino.

El presidente de la Fundación Oso Pardo, Guillermo Palomero también sostiene la misma verdad oficial. Una verdad oficial y subvencionada, claro está. Claro que también existen otras verdades oficiales y subvencionadas, pero menos optimistas. Sin ir más lejos, la del "Plan de recuperación paisajística en la reserva de la biosfera, comarca de Laciana", auspiciado por la Fundación Biodiversidad. Aprobado el pasado año, por un importe de 85.750,00 euros. El proyecto incluye actuaciones para inventariar, catalogar y caracterizar las escombreras mineras de estériles de carbón en la comarca, como paso previo para lograr su integración en el entorno mediante su restauración. Para ello, desarrolla actividades destinadas a la medición de las concentraciones de elementos mediante la realización de ensayos químicos adecuados, para poder de este forma identificar la posible presencia de metales pesados y otros contaminantes especiales, de modo que marquen las pautas de metodología más adecuada en futuros proyectos de restauración.

Como se puede observar, además de Los Verdes de Europa, también hay alguien más que habla de metales pesados. Para Jorge Marquínez, Fernando Fernández y Guillermo Palomero este extremo no tiene la menor importancia. Ellos ya han pontificado que las aguas del Sil tienen una calidad "excepcional". Benditos sean ellos y su sabiduría. Al paso que van, no descarten que acaben declarando que las explotaciones a cielo abierto tienen un alto valor ecológico. Seguro que entonces, Victorino Alonso estará encantado de colaborar financieramente con un proyecto de esta naturaleza.

Estas y otras declaraciones de similar calado no tienen nada de inocentes. Forman parte de esa campaña de intoxicación que desde diversos frentes se está llevando a cabo, para minimizar la mayor barbarie medioambiental que jamás se haya cometido en Laciana.

Seguro que también en el  III Congreso Mundial de Reservas de la Biosfera, celebrado la pasada semana en Madrid, se pintó un paisaje idílico de Laciana. Un ejemplo a seguir en materia de sostenibilidad. Eso de la destrucción de la biodiversidad es pura invención de unos pocos. Aquí, ni se destruye el patrimonio natural, ni se talan árboles, ni se tocan los acuíferos, ni se vierten residuos tóxicos, ni nada. La biodiversidad de la zona han mejorado sensiblemente en esta última década. Y todo, gracias a las explotaciones a cielo abierto.

Y ahora viene la guinda de otro conspicuo sabio. Un tal Pedro V. Álvarez Collar, que hoy mismo escribe lo siguiente: (... Ahora, rizando el rizo, la junta vecinal de Orallo concede la ampliación en 65 hectáreas de la ilegal explotación de Feixolín. Y digo ilegal, porque está o debería de estar clausurada desde hace casi un año por orden judicial, ¿o no es así?. De nuevo aquí se dan la mano todos los estamentos, todos nuestros representantes y nadie intenta poner orden en el corral. Apenas se escuchan algunas voces autorizadas que traten de oponerse a la nueva salvajada que se intenta llevar a cabo. Leía en estos pasados días un artículo de prensa publicado en junio de 1985, titulado Los mineros de Laciana no quieren ver el cielo , en el se hablaba de huelgas generales, de ocupaciones, es decir de movilizaciones contrarias a la debacle que se nos venía encima. Eran otros tiempos, tiempos aquellos de luchas, de concienciación, de gentes entregadas a una causa, que no era otra que defender su tierra, su vida, su trabajo. Hoy, si alguien defiende a Laciana son algunos grupos de personas altruistas que no están metidas en el ruedo político, estos que cobran del presupuesto para defendernos, estos están a otra cosa...)

Por cierto, ¿dónde estaba él en abril de 1985? Desde luego, quienes pasamos 48 días y 48 noches en Leitariegos, no recordamos haberlo visto por allí, pero igual su presencia nos pasó desapercibida. Don Pedro, no haga usted demagogia desde la distancia ni sesgue la historia a su manera. Si es a esto a lo que  se refiere, cuentéelo todo. (Publicado en el País en 1985)

Como se puede comprobar, sobran voces autorizadas para hablar de Laciana. Quizás por eso, en este inmenso barullo, el único que siempre sale ganando es el mismo. Seguro que ya le han puesto nombre y apellidos. Pues nada, cada loco con su tema y usted a seguir engordando la cuenta de resultados. Mientras ellos ladran él sigue cabalgando.

 

 

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