|
Como el
término sostenibilidad se ha puesto de moda, los políticos se lo han
apropiado y lo utilizan como latiguillo hasta hacer el ridículo.

Si no somos capaces de entender, por ejemplo, que un río es algo
más que una masa de agua en movimiento o que un bosque es también algo
más que un almacén de madera, entonces tampoco somos capaces de entender
lo que significa desarrollo sostenible. Y la prueba la tenemos en
Laciana. Una comarca, que por la incultura de una clase política y de
sus continuas huidas hacia adelante, está hoy sumida en una crisis de la
que no saldrá sin un cambio radical de política.
No se puede hablar alegremente de identidad cultural o de valores
sociales, menospreciando al mismo tiempo el entorno natural. Garantizar
su conservación debe ser un objetivo político y ciudadano de
primer orden. Lo que significa, desarrollar políticas que introduzcan
nuevas escalas de valores, acordes con lo que debe ser la cultura de la
sostenibilidad. Es decir, conocer la compleja pirámide de la vida y
mantener los equilibrios que la hacen posible. Romper estos frágiles
equilibrios es actuar inmoralmente, porque compromete el futuro de las
generaciones venideras.
Sí, lo que está sucediendo en Laciana desde hace más de una década es
una inmoralidad. Y lo más dramático, es la escasa conciencia ciudadana
que existe sobre esta inmoralidad. De otro modo, la clase política se
habría visto obligada a actuar de forma muy diferente a como lo ha
venido haciendo. De modo, que el desastre que hoy asola esta
tierra, no es sólo responsabilidad exclusiva de unos dirigentes
políticos incompetentes. Ellos, al igual que Victorino Alonso,
sólo han hecho lo que les han dejado hacer.
El paradigma de la sostenibilidad consiste en conciliar la legítima
aspiración de mejorar el bienestar ciudadano, pero con el respeto y
reconocimiento del entorno natural que garantice su conservación. Si
esto no es así no se puede hablar de desarrollo sostenible.

Gestionar eficazmente recursos naturales como el agua, es parte de esa
nueva cultura de la sostenibilidad. No basta con asegurar sólo el
suministro domiciliario. También es preciso gestionar nuestros ríos y
ecosistemas acuáticos. Y para ello, lo primero es gestionar
responsablemente las aguas residuales que en ellos se vierten. O sea,
justo lo contrario de lo que se está haciendo en Laciana.
Hoy mismo nos dice la Sra. alcaldesa a propósito del Plan de
Saneamiento, que «a día de hoy, todo lo que podemos decir es que
no lleva el desarrollo adecuado y sinceramente, no sabemos cuándo estará
listo»
De todos modos ya es algo. Por lo menos se reconoce la existencia del
problema. Su resolución se nos antoja mucho más compleja. Sobre todo,
mientras la política del Ayuntamiento consista en seguir haciendo
castillos en el aire con proyectos futuristas, irrealizables debido a
nuestra precaria situación financiera. Los escasos recursos disponibles
tienen que ser dedicados al mantenimiento de los servicios básicos. Lo
decíamos ayer y lo repetimos hoy, mientras no seamos capaces de
suministrar agua de calidad y depurar correctamente la que utilizamos,
seguiremos siendo una comunidad de segundo orden. Y todo lo demás son
soflamas y brindis al sol.

La realidad por más que se intente escamotear siempre acaba emergiendo a
la superficie. Y la realidad es los lacieniegos no se fían del
agua que les suministra su Ayuntamiento. Y en nuestra opinión tienen
razón. Por eso, cada día son más los que acuden a fuentes que
supuestamente les proporcionan agua de mejor calidad. Aunque nada les
garantice que sea así. Entre otras razones, porque tampoco en estos
manantiales se han efectuado análisis químicos exhaustivos que
determinen que el agua no contiene ninguna sustancia tóxica.
Pero como la verdad oficial es que todo está perfecto, pues nos seguimos
negando a asumir responsabilidades. Porque de lo que se trata es de no
crear alarma social. Auque a largo plazo los ciudadanos soporten las
consecuencias. Los Verdes de Europa, desde luego, no concebimos
la responsabilidad política de esta forma tan curiosa. Como tampoco
concebimos que algunos se atrevan a hablar de desarrollo sostenible con
tanto desparpajo. Pero así es Laciana.
Inicio
|