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El ex alcalde de Jerez, el populista Pedro Pacheco,
estuvo en un tris de dar con sus huesos en la cárcel por decir en
público que, "la justicia era un cachondeo". El ex presidente de
la Junta de Extremadura fue más allá, comparando a los jueces "con
los salteadores de caminos". La Fiscalía del Tribunal Superior de
Justicia de Canarias le metió una querella a Miguel Zerolo por
sus irreverentes manifestaciones contra el intocable estamento judicial.
Seamos, pues, cautos. No vaya a ser que a fuerza de reclamar justicia
acabemos siendo culpables. Al fin y al cabo, no nos cuentan a diario que
la justicia es el derecho del más débil. Que es lo mismo que decir, que
si Dios existe tiene que ser necesariamente justo. El problema es que
nadie lo ha visto y que las injusticias son cada día más visibles.
Dicho esto, no puede ser casualidad que la Justicia esté
tan mal valorada por los ciudadanos, como así lo revelan las encuestas.
Lo que está sucediendo desde hace años en Laciana es escandaloso,
desesperante y hasta repugnante, al constatar que resoluciones
judiciales dictadas por el más alto Tribunal de Justicia de Castilla y
León, no tienen el menor efecto sobre el infractor. ¿Por qué? ¿Por qué
Victorino Alonso goza de tanta impunidad? Eso es lo que deberían
explicarnos los señores magistrados. Nadie se puede creer que un juez no
disponga de medios para hacer cumplir sus propias resoluciones.
En este embrollo de El Feixolín todo es demasiado
tenebroso. Parientes de políticos, de funcionarios municipales, de ex
sindicalistas colocados en los servicios de seguridad de Victorino
Alonso. Políticos que se alojan temporalmente en pisos del
empresario, mientras les acondicionan el suyo. Políticos que no ocultan
su relación de amistad con el empresario. Y así suma y sigue. ¿Y qué
decir de la financiación de los partidos políticos? O acaso alguien se
cree a estas alturas que los empresarios no invierten en la política.
Lo cierto es que cada vez resulta más complicado tener
confianza en la justicia. Y eso es muy grave, porque de ahí a tomarse la
justicia por cuenta propia sólo hay un paso.
Revista de Prensa
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