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No es cierto que
al finalizar los 10 años de mandato de Guillermo Murias todo
quede intacto. Como tampoco es cierto que asistamos a una inversión de
la tendencia demográfica. Al contrario, la hemorragia poblacional
continúa. Durante el año 2006, 360 habitantes se han ido de Laciana. Y
desde el año 1996, han sido 3.740 los que han abandonado el municipio. O
sea, un 24,47% de la población. Así es como hemos pasado de 15.284
habitantes en 1996 a 11.544 en 2006. Esa es la triste realidad de
Laciana.
Naturalmente, este
descenso poblacional tan importante es la consecuencia de la crisis del
sector de la minería. Basta con fijarse en la plantilla de MSP del año
1997 y la actual. En menos de una década la empresa prescindió de 1.468
trabajadores, lo que supone nada más y nada menos que un 74,95% de sus
efectivos. De los 1.958 del año 1997 ha pasado a tener 490 en la
actualidad.
Aun así, políticos
y sindicalistas, siguen empeñados en hacernos ver una realidad
diferente, afirmando que el carbón tiene un espléndido futuro. Como si
hasta el más lerdo no supiera a estas alturas, que mucho antes de que se
aprobara el protocolo de Kyoto la UE y los diferentes Estados miembros
ya habían comenzado a subvencionar el cese de producción y actividad del
sector. No se subvenciona una actividad que tiene futuro, para cerrarla.
Pero lo importante es preguntarse ¿por qué hemos llegado a esta
situación?
En primer término,
por la irresponsabilidad de las diferentes Administraciones Públicas.
Gobierno, Junta de Castilla y León y Ayuntamiento. Todas, sin excepción,
han utilizado mal los fondos destinados a la reconversión. ¿Qué empleo
estable y de calidad se ha creado en Laciana desde el inicio de la
crisis? ¿Qué destino han tenido entonces esas cantidades ingentes que
han llegado a Laciana? Pues en la mayoría de los casos han servido para
tapar los agujeros de una gestión municipal nefasta. Y en otros, como el
caso de la piscifactoría de Caboalles de Arriba, se han malgastado sin
ninguna utilidad.
Pero sin duda, la
principal responsabilidad de este desastre recae sobre los gestores
municipales. Porque ellos deberían haber sido los mejor informados sobre
la realidad de la comarca. Y consiguientemente, tendrían que haber
previsto lo que se avecinaba. Pero no ha sido así. Se ha seguido
gestionando mal, el día a día, con gran ligereza e irresponsabilidad.
El gran hallazgo
para fijar población, consistió en establecer un régimen de permisividad
y tolerancia absolutamente aberrante. En vez de preocuparse por el
porvenir de las nuevas generaciones, se apostó por la proliferación del
chabolismo, para tener ocupados a los prejubilados. Sin percatarse de
que sus hijos y sus hijas se verían forzados al éxodo por falta de
empleo.

Una
construcción ilegal de las muchas que existen en el municipio
de Villablino
El ayuntamiento
siguió patrocinando los cursos de corte y confección, repostería y otras
actividades sin ninguna salida profesional, pero se olvidó de aquellas
que estaban relacionadas con el medio ambiente y el patrimonio natural
del Valle. Por ejemplo. En suma, que la formación de las nuevas
generaciones brilló por su ausencia.
Tampoco nadie
pensó en las nuevas tecnologías. Eso sí, se nos vendió hasta la saciedad
una central de biomasa que jamás llegó. Y hoy aún se siguen construyendo
los mismos castillos en el aire, con la fabricación de cristales de
silicio. O con esa piscina cubierta que nadie sabe como se va a
financiar, con un ayuntamiento en situación de bancarrota.
Esos mismos
políticos que sólo le dicen al pueblo lo que quiere oír, en cambio
mantienen un mutismo total, sobre su gestión y la manera de sanear la
economía municipal.
Por enésima vez
lanzan el mismo SOS. Ahora piden ayuda a la Diputación y a la
Universidad, para que les digan como tienen que administrar el
ayuntamiento. ¿qué clase de gestores tenemos? ¿Por qué han despilfarrado
durante años sin consultar con nadie? Primero crean el problema y
después piden ayuda para resolverlo.
Laciana tiene que
prescindir cuanto antes de esta clase de políticos, de lo contrario las
perspectivas de futuro no son halagüeñas para nadie. Ni para los
prejubilados que verán como sus hijos se van, ni para industriales y
autónomos que constatan que cada día resulta más difícil mantener la
actividad, ni para esos nuevos emprendedores que han apostado por el
turismo rural, porque de seguir las explotaciones a cielo abierto, su
futuro es más negro que el del carbón.
En torno a todos
estos y otros aspectos, debería entablarse el verdadero debate de las
próximas elecciones municipales. Pero por lo que se está viendo, está
claro que quienes han venido gobernado el ayuntamiento durante los
últimos 20 años, no tienen la menor intención de hacerlo. Al contrario.
Han optado por la descalificación del adversario y el emponzoñamiento de
la vida política local.
De ese modo ellos
son los únicos que salen favorecidos. Los ya hastiados ciudadanos lo
estarán aún más. Asegurando, con razón, que total todos son iguales.
Pues Los Verdes
decimos que no es cierto. No somos todos iguales ni en política vale
todo. Por eso queremos confrontar ideas y proyectos. Y sobre todo, que
se examine la gestión que unos y otros han realizado al frente del
ayuntamiento. Ese debe ser el punto de partida de una campaña electoral
seria. Máxime, en un ayuntamiento que está en una situación desesperada.
Porque eso es lo que dicen todos los indicadores demográficos,
económicos y laborales.
De esa realidad
que se ha venido ocultando a los ciudadanos es de la que hay que hablar.
Y mal que les pese a algunos, de ella hablaremos Los Verdes, aunque sea
en solitario.
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