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El 14 de mayo del
pasado año, el alcalde Guillermo Murias para intentar liberarse
del acoso a que estaba siendo sometido por incumplir la sentencia
judicial que ordenaba el cierre y clausura de la explotación a cielo
abierto de El Feixolín, nos anunció en rueda de prensa que: “El
consistorio someterá a referéndum la nueva normativa carbonífera”.
Según él, el
ayuntamiento estaba elaborando una ordenanza reguladora de las
actividades mineras en el municipio, tanto de la extracción de interior
como de exterior. “Una herramienta que permita regularizar las cosas
para evitar que la actividad extractiva esté en permanente inseguridad
jurídica” Son sus propios términos.
Y añadía, “una
vez elaborada dicha ordenanza, el equipo de Gobierno la trasladará al
resto de los grupos políticos y a la sociedad en general” Además de
adquirir el siguiente compromiso:
«Haremos una encuesta, realizada de manera rigurosa, donde los
ciudadanos puedan expresar en una urna lo que opinan de la nueva
ordenanza»
Pues bien, desde
entonces han transcurrido ocho meses y no se ha vuelto a saber nada de
dicha ordenanza. Nuestro convencimiento es que todavía no se ha
redactado la primera línea ni presumiblemente se redactará, por parte de
este equipo de Gobierno.
De nuevo el
alcalde ha vuelto a engañar a la ciudadanía. Hay que reconocer que en
materia de engaños es un consumado maestro. Pocos políticos dominan este
arte con la destreza de Guillermo Murias.
Foto El Mundo-La Crónica
El 14 de mayo del año pasado, el alcalde quiso justificar lo
injustificable. Es decir, que no tenía la menor voluntad de dar
cumplimiento a la sentencia judicial. Pero como de costumbre, lo enredó
todo y se fue por el atajo. No dudando en recurrir al engaño para ganar
tiempo hasta que la Junta de Castilla y León viniera a su socorro.
Como todo el mundo
sabe, El Feixolín sigue en plena actividad y la ordenanza en cuestión
durmiendo el sueño de los justos. Pero quizá lo que no sepan los
ciudadanos, es que después de este anuncio cautivador, el alcalde
compartió mesa y mantel en Molinaseca con Victorino Alonso.
Probablemente, para recibir instrucciones.
¿Por qué estos y
otros muchos encuentros que habitualmente mantienen el alcalde y el
singular empresario no se celebran en el ayuntamiento? ¿Por qué a los
citados encuentros siempre acude solo el alcalde? ¿Por qué esa grotesca
escenificación entre ambos, para hacernos creer que no tienen buenas
relaciones? Cuando en realidad todo apunta en dirección contraria.
Naturalmente,
jamás conoceremos todos los entresijos de esas relaciones. Pero nos
basta con saber, que Victorino Alonso se jacta de que este
alcalde que tenemos, además de no incomodarle lo más mínimo, es también
el que más barato le ha salido desde que llegó a Laciana.
Ayer
desempolvábamos unas declaraciones del alcalde del año 1996. Nada de
cuanto anunciaba y prometía entonces se cumplió. Hoy nos referimos a
otra de sus promesas, de hace tan sólo ocho meses, y observamos que la
cultura del engaño es una especie de enfermedad crónica en Guillermo
Murias.
¿Qué queda de
aquél eslogan, “otro talante” que encandiló a la ciudadanía en el
año 1995? Con el paso del tiempo comprobamos que ya no queda
absolutamente nada. Si con el inefable Pedro Fernández Laciana
estuvo sometida a la “lluvia ácida” , con Guillermo Murias
el engaño y la mentira han adquirido carta de naturaleza política. Y su
última pirueta consiste en disfrazarse de Verde. Por fortuna, el
ridículo no mata. Una suerte.
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