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Si en este país los políticos fueran
justiciables ordinarios, una gran parte correrían la misma suerte que
Chirac.
Atrapado por su pasado, el ex presidente de la república
francesa Jacques Chirac, acaba de ser imputado por un turbio
asunto de contrataciones ficticias, en su etapa como alcalde de París.
El ex regidor de la ciudad de la luz, dio el visto bueno a la
contratación de personal innecesario con cargo al presupuesto municipal.
Una trapisonda que hoy lo coloca en la primera línea informativa del
mundo mundial. Todo un ejemplo de independencia del Poder Judicial en el
país vecino. Donde Monstesquieu sigue vivo, pese al intento de
homicidio cometido por Alfonso Guerra hace años.
Aquí, por el contrario, los políticos no son justiciables
ordinarios. Aunque sobran casos de idéntica naturaleza, muy pocos, por
no decir ninguno, son los que han tenido que rendir cuentas ante la
Justicia por sus actuaciones. En Laciana, sin ir más lejos, tenemos a
dos ex regidores que han usado y abusado del clientelismo político hasta
límites escandalosos. Hoy todos los lacianiegos seguimos pagando la
factura de sus desmanes. Y lo que nos queda.
A ambos les debemos una plantilla de personal
sobredimensionada, que absorbe prácticamente el 70% del presupuesto
ordinario del Ayuntamiento. Lo que sumado a una desastrosa gestión,
explica la caótica situación financiera de un consistorio que ha sido
incapaz de elaborar el presupuesto desde el año 2002. Y todo parece
indicar, que el del presente ejercicio tampoco lo será dentro de los
plazos legales marcados por la Ley.
Sin embargo, hasta ahora, ninguno de los dos ha sido
inquietado por la Justicia. Aunque bien es cierto que está pendiente la
resolución de la Fiscalía, sobre el demoledor Informe del Tribunal de
Cuentas, que como es público y notorio, puso en evidencia una
interminable riestra de embrollos contables cometidos durante la etapa
fiscalizada. Aún está pendiente otra que puede ser igual de terrorífica.
Aún así, no es aventurado augurar que todo acabará como
el rosario de la aurora. Que es como suelen acabar estos casos en
nuestro país. Porque a diferencia del vecino, aquí los políticos no son
justiciables ordinarios. Como tampoco lo son algunos empresarios que
gozan de unos privilegios tan escandalosos como inaceptables. Por eso es
natural que algunos sintamos una sana envidia por lo que sucede en
nuestro entorno. Donde incontestablemente, la madurez democrática es muy
superior a la nuestra.
Y la prueba está hoy en todas las portadas de los medios
informativos de medio mundo. A ver si esto sirve para remover
conciencias y aquí tomamos ejemplo. El día que en este país los
políticos sean justiciables ordinarios, entonces sí podremos hablar de
igual a igual con esos socios europeos, que por nuestra incultura
democrática tanto estigmatizamos. Mientras persista la situación actual
seguiremos jugando en segunda división democrática.
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