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EL DESBARAJUSTE CONTABLE Y DE GESTIÓN DE LA MANCOMUNIDAD DE LA MONTAÑA OCCIDENTAL
 

Las similitudes entre el desbarajuste contable y de gestión que reina en el Ayuntamiento de Villablino y en la Mancomunidad de la Montaña Occidental, son realmente asombrosas. Claro que si nos fijamos en sus responsables, todo es mucho más comprensible.

16/01/2009
Muchas de las polémicas y gran parte de los rumores que circulan sobre la gestión municipal, sólo son imputables a la torpeza de los sucesivos equipos de gobierno que han venido presidiendo la institución municipal. Su obsesión por controlar la información, lo único que ha conseguido es alimentar aún más el pábulo.

Como desde el inicio de este mandato jamás se nos ha facilitado la menor información sobre la Mancomunidad de la Montaña Occidental, de la que forman parte los ayuntamientos de Villablino, Palacios, Cabrillanes y Murias de Paredes, lo que hemos hecho es indagar por nuestra cuenta. Y lo primero que hemos constatado, es que el desbarajuste de gestión es muy similar al del Ayuntamiento de Villablino. No en vano tiene casi los mismos  protagonistas.

Desde el año 1998 este organismo no ha vuelto a aprobar un presupuesto de ingresos y gastos digno de ese nombre. Por insólito que parezca así es. Tampoco se conoce con exactitud el importe real de la deuda. Aunque se sabe que también es desorbitada. Y al igual que sucede en el Ayuntamiento de Villablino, aquí también esta responsabilidad, aunque sea de forma velada, se le imputa a los empleados. Otro dato importante, es que durante mucho tiempo, el único socio que cumplía, más o menos, con sus obligaciones era el Ayuntamiento de Palacios. Y desde el inicio de este mandato también está intentando ponerse al día el de Cabrillanes. El de Villablino, fiel a sus hábitos, sigue siendo un desastre.

Y después ocurren cosas tan insólitas, como que en el inventario de bienes figure un camión que no aparece por ninguna parte. Hemos de suponer que esta situación se debe a un problema de actualización contable, si la causa fuera otra ya sería mucho más grave y hasta podrían derivarse responsabilidades penales.

Y para ilustrar aún más el desbarajuste reinante, significar que desde hace ya algún tiempo la presidencia de la Mancomunidad - que tiene carácter rotatorio - tendría que estar siendo asumida por Cabrillanes. Sin embargo, esto no es así, porque previamente "hay que cerrar las cuentas". Vamos, que a diferencia de cualquier otra empresa, en esta la contabilidad no se lleva al día. Parece ser, que ese traspaso obligatorio de poderes debería producirse a lo largo de la próxima quincena.

Recientemente y por vía de prensa - como de costumbre - la alcaldesa de Villablino nos contaba su intención de abandonar este organismo. Sin embargo, esto no va a resultar nada sencillo. Pues lo primero que hay que solucionar es el problema de la deuda con sus consiguientes intereses de demora. Y sólo después se podrá abordar el tema de la posible disolución.

En resumen, que nos encontramos con un desbarajuste de gestión muy similar al que ha conducido al Ayuntamiento de Villablino a una situación de bancarrota total. Y como no cabe atribuir esta situación a la casualidad, es evidente que estamos en presencia de un caso de manifiesta incompetencia de la clase política. Que, sin embargo, hasta ahora jamás ha reconocido el menor error ni asumido responsabilidad política alguna. Y esto es lo verdaderamente preocupante. En cualquier democracia de nuestro entorno, una situación de esta naturaleza hace ya tiempo que habría acabado con la carrera política de estos singulares gestores públicos. Aquí por el contrario ahí siguen, impartiendo lecciones sobre casi todo y sin sonrojarse lo más mínimo. Un dato muy significativo que nos muestra hasta que punto es deficitaria nuestra joven democracia. Y sobre todo, el gran desinterés de la ciudadanía por los asuntos públicos. Ésta sólo reacciona cuando constata que aumentan las tasas o los impuestos. Muchos de estos aumentos podrían evitarse - o al menos atenuarse - con una buena gestión. De ahí la función de control y fiscalización que incumbe a cada uno de nosotros. Los políticos, al igual que Victorino Alonso, sólo hacen lo que los ciudadanos les permiten. De modo que cada palo aguante su vela.   

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