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LA
OCTAVILLA
Son patéticos, rozan la
estupidez y su incalificable comportamiento les delata. Su concepción de
la democracia es, sin duda, muy singular.
10/02/2009
De nuevo han vuelto a
emerger los tics totalitarios y el zafio camorrismo político local.
Estos singulares demócratas no soportan la crítica. Se niegan a aceptar
que en nuestra democracia la libertad de expresión sea un derecho
constitucional. Pues que sepan que ni sus amenazas ni sus
comportamientos barriobajeros van a lograr cercenar nuestra libertad de
critica y opinión. De lo que son capaces ya lo han demostrado en la
pasada campaña electoral de las elecciones municipales, intentando
reventar el primer acto electoral de Los Verdes de Europa. De nada les
ha servido puesto que ahí seguimos, demostrando que ni éramos flor de un
día ni estábamos dispuestos a someternos a los dictados de nadie.
Ni ellos ni nadie va a lograr que expresemos nuestras
opiniones cuando lo estimemos conveniente y que para hacerlo elijamos
los medios que creamos oportunos. ¿por qué les molesta tanto que nos
expresemos? ¿qué tienen que ocultar? Con su incalificable comportamiento
ellos mismos se retratan. En vez de obsesionarse porque nuestra opinión
no llegue a la ciudadanía, lo que tienen que hacer es demostrar que
esas criticas que se reflejan en la octavilla que tanto les
molesta no tienen la menor consistencia. Pero en vez de responder a esas
criticas optan por la provocación y la intimidación. Un terreno en el
que se mueven como pez en el agua quienes carecen de argumentos
dialécticos. De poco o nada les va a servir arrancar la octavilla de los
tablones de anuncios, de aquí si que no la podrán borrar.
La octavilla
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