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Ha quedado
científicamente acreditado, que el maíz genéticamente modificado
Mon810, tiene impactos negativos sobre la fauna y la flora.

Una vez más, esta importante noticia ha pasado desapercibida para los
grandes medios de comunicación nacionales. Y no digamos ya para los
partidos políticos tradicionales. Todos ellos inmersos en plena vorágine
electoral. Esa aglomeración confusa de propuestas y mentiras, que han
acabado convirtiendo la política en algo innoble, cuando debería ser
todo lo contrario.
Todos estos aparatos propagandísticos hablarán sin el menor rubor de
ecología, más por oportunismo que por convicción, naturalmente. Y
glosarán los enormes avances que en materia de protección del medio
ambiente hemos alcanzado con los unos y los otros. Los más osados no
dudarán incluso en afirmar que estamos a la cabeza de la UE. Como en el
crecimiento económico o en la renta por habitante. Puestos a decir
majaderías que más da. Ninguno, sin embargo, se atreverá a cuestionar el
modelo de desarrollo actual. Porque salvo en pequeños matices todos
defienden el mismo.
Pero vayamos al grano y nunca mejor dicho. Probablemente muchos de
nuestros lectores ignoren que, España es el primer productor de la
UE de maíz genéticamente modificado Mon810. Según las cifras
oficiales tenemos 75.000 hectáreas en producción. El segundo puesto lo
ocupa Francia con 22.000. Y sin embargo, allí el Gobierno acaba de
solicitar a la Comisión Europea la aplicación de la cláusula de
salvaguarda. Es decir, la autorización para prohibir el cultivo de
este Organismo Genéticamente Modificado (OGM).
La razón es bien simple. El pasado día 9, el Comité de Prefiguración
sobre los OGM, ha hecho entrega al presidente de la república francesa
del estudio realizado por expertos independientes, en el que se
demuestra que "existen nuevos y negativos elementos
científicos sobre el maíz Mon810, con impactos negativos para la
fauna y la flora".
Estas dudas las vienen expresando los ecologistas y los alter
mundialistas desde que en 1998 la UE autorizó el uso industrial de
este transgénico. Durante todo este tiempo, multinacionales del sector,
gobiernos y productores, no han cesado de descalificar a quienes emitían
esas reservas. Hoy, el veredicto de los científicos es inapelable. Y así
lo ha tenido que asumir el presidente
Sarkozy.
Algo que todavía no ha hecho el presidente Zapatero. Quizá porque
en la reciente cumbre hispano-francesa no han tenido tiempo para abordar
este asunto.
Lo cierto es, que además de ser el primer
productor europeo de este transgénico, somos también el que menos
regulación tiene de la UE sobre la producción de los OGM. Lo que da una
idea de la cultura ecologíca de nuestra clase política en general. Hasta
hace poco - hoy con el desplome del sector del ladrillo igual ha
cambiado la situación - ostentábamos otro triste record. Ser el mayor
consumidor de cemento de la UE. El 60% de toda la producción se consumía
aquí. Y para ser rigurosos hasta el final, no conviene olvidar que en
más de una ocasión se nos ha llamado al orden por ser igualmente el país
de la UE que menos cumple con el protocolo de Kyoto. Vamos, que en
materia ecológica tenemos muy poco de que presumir y mucho de que
avergonzarnos.
Tengan, no obstante, la plena seguridad
de que las diferentes ofertas electorales de unos y otros, estarán
atiborradas de propuestas de lo más sugerente, para cuidar y proteger el
medio ambiente. Pues sabido es que esto de las elecciones, es ante
todo una cuestión de mercadotecnia. Donde la técnica comercial es mucho
más importante que el producto. Lo hemos comprobado en las pasadas
elecciones municipales y lo volveremos a comprobar el 9 de marzo.
Después vendrán las rebajas, pero no importa, en cuatro años se olvida
todo. Pues nada, a seguir produciendo y consumiendo
Mon810. Para eso somos diferentes del resto. Y, además presumimos de
ello. Con el "por qué no te callas" ya tenemos bastante. Penosa
incultura la nuestra.
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