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Encuesta tras
encuesta, el CIS nos viene diciendo siempre lo mismo. De todos los
gremios y colectivos sociales, el político es el menos valorado. Por no
decir el más denostado. Lo que significa, que los ciudadanos lejos de
confiar en la clase política, lo que hacen es soportarla.
Pero el problema,
es que en la mayoría de los casos la soportan con cierta resignación,
convencidos de que su situación no cambiará ni con unos ni con otros.
Naturalmente, ese fatalismo es el peor antídoto que se puede utilizar
para combatir la desidia, la arrogancia, el nepotismo y la corrupción
que practican determinados políticos.
Si la ciudadanía
hace dejación de sus derechos y responsabilidades cívicas, lo que está
haciendo es ceder más espacio a esos políticos sin escrúpulo y que tanto
aborrece. Consiguientemente, muy a su pesar, está favoreciendo la
consolidación de una casta, porque en eso se ha convertido la clase
política, en una casta, que hace y deshace a su antojo.
¿Por qué los
ciudadanos no confían en los políticos? Principalmente porque tienen la
certeza de que están siendo engañados. Todo son promesas y muy pocas se
cumplen. Y obligado es reconocer, que en la mayoría de los casos así es.
Fijémonos, por
ejemplo, en algunas de esas rimbombantes promesas efectuadas por un
político local.
El jueves, 1 de
agosto de 1996, el periódico La Crónica, publicaba una entrevista del
alcalde Guillermo Murias, que once años después y visto lo que ha
sucedido desde entonces, hoy no tiene desperdicio.
Decía el alcalde
“que Laciana será en el 2000 un sitio donde estar a gusto”. Pues
1.585 habitantes no lo entendieron así y se fueron durante ese período.
Otros 2.155 lo harían en años sucesivos. Visiblemente, el alcalde nos
hablaba de una realidad que jamás llegó a existir.
Nos decía también,
“que Laciana iba a seguir viviendo del carbón”. Otra gran
equivocación. Sin jubilados, prejubilados, funcionarios y trabajadores
por cuenta propia, hoy Laciana sería un erial.
También nos
aseguraba “que LA CASONA de San Miguel se convertiría en centro de
iniciativas turísticas y que en los locales de la Fundación Sierra y
Pambley se crearía un museo etnográfico”. Nada se hizo realidad.
Nos contó “que
una empresa privada tenía en proyecto comercializar el agua del
manantial de los Arias de Rioscuro”. Y añadió “que si la
iniciativa no prosperaba, el reto sería asumido por el ayuntamiento”.
Once años después, sabemos que todo ha quedado en nada.
“Nos gustaría
incentivar el respeto a la arquitectura popular”
Eso es exactamente lo que nos decía entonces. Sin embargo, se acaba de
cometer una autentica salvajada arquitectónica en San Miguel,
permitiendo la demolición de una de sus más antiguas y emblemáticas
edificaciones. Ahora se nos dice que no se pudo evitar, porque el Plan
General de Ordenación Urbana lo impedía. Lo que ocurre, es que en esa
entrevista del año 1996, el alcalde nos anunciaba que se iba a acometer
la reforma de dicho plan. Y ahora, once años después, está en fase de
revisión.

Si
tienen ocasión, acérquense hasta San Miguel para comprobar lo que se
está haciendo en este lugar
Pero lo más rocambolesco es lo siguiente: “En el convenio con la MSP
está la idea de crear una sociedad mixta para labores medioambientales”.
Es increíble hasta donde puede llegar el cinismo de algunos políticos.
Guillermo
Murias
con innegable premeditación no exenta de alevosía, embauca y engaña a la
ciudadanía, utilizando el tema medioambiental cuando ya tiene decidido
dar carta de naturaleza a la expoliación del patrimonio natural de
Laciana. Porque ahí es cuando realmente empieza a cometerse el
desaguisado que hoy todos conocemos.
Naturalmente, no
sólo no se creó esa fantasmagórica sociedad mixta, sino que el
ayuntamiento, bajo su mandato, jamás ejerció el menor control sobre los
temas medioambientales. Es más, abundan ejemplos que corroboran que
después de Victorino Alonso, el ayuntamiento fue el otro gran
contaminador del Valle.
Estas y otras
actitudes de similar naturaleza, son las causantes de la pérdida de
confianza de la ciudadanía en los políticos. Pero a ellos esta cuestión
les importa un bledo. Incluso se puede afirmar que hacen todo lo posible
para alejar a los ciudadanos de la vida política. Así los partidos
tienen todo el espacio para ellos. El hecho de que crezca la abstención
no les preocupa lo más mínimo. Su único objetivo es la conquista del
poder y les da lo mismo ser aupados por 100 que por 1000. El caso es
instalarse en él, cada cuatro años.
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