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Desde las 11:12 h.
hasta las 11:42, el conspicuo comentarista de Radio Laciana, Don
Marcelino obsequió a la audiencia con uno de sus interminables
monólogos. Toda una lección magistral, sobre la diferencia que existe
entre información y opinión. Y sobre todo, insistió machaconamente en un
tema de capital importancia. Las ondas sólo son de los
oyentes. ¡Toma ya! Resulta que quienes reciben la información u opinión
empaquetada, ahora son los dueños de las ondas.
Don Marcelino,
que presume de haber sido un buen minero de primera y de atesorar gran
sabiduría sobre el cuidado de ganados, visiblemente acusa un déficit en
materia de medios de comunicación. No digamos ya de deontología
profesional.
Por ejemplo, se
arroga una prerrogativa que sin embargo niega a otros. Él, que no es
candidato a nada y sólo se representa a él mismo –son sus palabras -, sin
embargo, puede expresar durante horas sus brillantes opiniones. En
cambio, los demás tienen que hacerlo en función de la representatividad
que les ha otorgado la soberanía popular. Con tan sólido argumento, La
Comunidad Científica, ONGS, otros colectivos y hasta la opinión
individual, queda relegada al libre albedrío del propietario del medio.
Él decide lo que tiene que salir o quedarse en el filtro. Por ejemplo,
nos cuenta que si no dio lectura a alguna de las brillantes entregas del
famoso bolg, es porque juzgó inconveniente su contenido. Además de
comentarista juez. Ni los hombres del renacimiento llegaban a tanto.
Asevera que él no
difunde información u opinión anónima. Y añade que detrás de la fina,
irónica y plástica creación, no está quienes todos pensamos, sino quien
él sabe. O no sabe, porque al final se metió en profundidades de las que
no acertaba a salir. Aún así, sigue siendo la lectura de una opinión
anónima Don Marcelino.
Pero lo que más le
ha molestado, es que hayamos enjuiciado su intachable conducta
profesional. La objetividad en una rueda de prensa la pone el
informador. Sí, pero los comentarios los añade usted. Y en la última de
Ana Luisa Durán, recibió usted un corte que no esperaba. No
somos, pues, Los Verdes los únicos que ponemos en duda su imparcialidad.
Y ahora vienen las
amenazas. “No me voy a callar”. Pues hace usted muy bien. Pero no
invierta los términos. El único lugar donde hasta ahora se ha puesto la
mordaza, ha sido en Radio Laciana. Ahí es donde se ha privado a alguien del
derecho de réplica. Y no nos cuente más monsergas sobre IU y Los Verdes,
que eso sí es desviar la atención.
Como la desvía
eludiendo hasta donde le es posible, informar sobre los verdaderos e
importantes problemas que aquejan a Laciana. Porque la prioridad y la
importancia de los temas también la marca usted. Y a eso usted le llama
imparcialidad y objetividad informativa. Nosotros, por el contrario
decimos que es manipulación.
Naturalmente,
claro que debe usted difundir a través de su dial las conversaciones que
dice tener gravadas. Consulte, no obstante con un jurista antes de
hacerlo. No vaya a ser que aún se meta en otro lío. Y si no quiere
hacerlo, échele un vistazo a la jurisprudencia del Tribunal Supremo.
Igual ahí encuentra algo interesante. De todos modos, no tire la piedra
y esconda la mano. No siempre sospechas ni amenace con destruir a Los
Verdes si publica lo que dice tener. No se prive. La guerra es la guerra
y como en ella nos ha metido aquí nos tiene para lo que guste.
Tampoco intente
congraciarse con Los Verdes, pues la totalidad de sus miembros, saben de
que pié cojeamos unos y otros. Vamos, que lo tiene algo difícil para
convencernos de que el único impoluto que hay en Laciana es usted.
Usted tiene un
medio de comunicación y nosotros otros. Es probable que crea que es la
lucha del pote de hierro contra el de barro, pero incluso aceptamos el
reto de esa posible desigualdad.
Por cierto, un
filósofo chino dijo: si te golpeas la cabeza contra un jarro y suena a
hueco, no te apresures en afirmar que el jarro está vacío.
Es todo por hoy,
pero seguro que unos y otros seguiremos escribiendo esta historia
inacabada. Por nosotros no quedará inconclusa.
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