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Miles de jóvenes se organizan en toda España para
denunciar la precariedad laboral y la dificultad de acceso a una
vivienda digna
PATRICIA ORTEGA DOLZ - Madrid
EL PAÍS
22-10-2006
Los ocupantes de
los despachos del número 112 del madrileño paseo de la Castellana viven
estos días ajenos a lo que se les viene encima. El de la ministra de
Vivienda María Antonia Trujillo, en la primera planta, al lado,
el de la secretaria general, el del gabinete de la ministra... Por los
largos pasillos de mármol de este vetusto edificio gris sólo se escucha
el teclear de los ordenadores y el ruido de las fotocopiadoras.
A 10 kilómetros de
allí, en un edificio okupado pegado a la vía del tren, en un
barrio ruinoso de la zona de Puente de Vallecas, hay una actividad
bulliciosa: decenas de personas, de entre 20 y 35 años, planean una
estrategia "de ataque". Metros de papeles se despliegan sobre el suelo
de ese edificio de dos plantas que ahora responde al nombre de Centro
Social Seco.
Y los rotuladores
pintan frases como: "No vas a tener casa en la puta vida";
"Derecho a techo"; "Hipoteca= Cadena perpetua", "Banqueros
carceleros"; "STOP Especulación"; "¿Si no es ahora,
cuándo? ¿Si no es aquí, dónde?"...
La reciente
suspensión, "por razones de seguridad" en palabras de la ministra
Trujillo, de la cumbre de ministros de vivienda de la Unión Europea
prevista para esta semana en Barcelona, junto con los escándalos
inmobiliarios que estallan por toda España han agitado los ánimos.
Miles de jóvenes
llevaban meses organizándose: webs, talleres, charlas, publicaciones,
asambleas, reuniones, difusión de mensajes, carteles, camisetas,
pancartas, pegatinas... Todo estaba listo para trasladar a aquella
cumbre sus protestas. Y ahora sienten que les han dado plantón, aunque
esperan ansiosos ese encuentro aplazado para noviembre, tras las
elecciones catalanas.
Pero, en realidad,
todo este movimiento "contra la precariedad laboral y por una
vivienda digna" empezó en el mes de mayo pasado. Todo se gestó a
partir de un mensaje de correo electrónico anónimo. Decía algo así como
que había que demostrarle a los políticos que a los jóvenes no les
preocupaba sólo el botellón, sino que les preocupaban mucho más otras
cosas, como el no poder acceder a una vivienda, no poder independizarse,
no poder tener un sueldo para construir un proyecto de vida... Y
convocaba a una sentada en todas las capitales de provincia de España el
día 14 de ese mes: "Por una vivienda digna. Pásalo".
Y sucedió lo
inesperado. Miles de jóvenes, y no tan jóvenes, acudieron a esa llamada
espontáneamente y a título individual. En la Puerta del Sol de Madrid,
en la Plaza de Cataluña de Barcelona, en Valencia, en Bilbao, en
Sevilla...
Los primeros
sorprendidos fueron los propios manifestantes. Nadie esperaba semejante
respuesta, y menos el que la protesta acabase con una intervención
policial que se saldó con ocho detenidos en ciudades como Madrid, y que
aún están a la espera de juicio.
"Aquello nos
hizo ver que éramos demasiados en la misma situación. Que había que
decir basta. Y que si una convocatoria anónima había conseguido reunir a
tantos miles de personas, el movimiento tenía que organizarse para que
no se quedase en un hecho anecdótico",
explica Bernat Feliu, un catalán de 33 años licenciado en Ciencias
Políticas y que trabaja de profesor de español por 900 euros.
Y la red empezó a
crecer y a extenderse por toda España. Cada uno de los que, a título
individual, empezó a acudir a las asambleas, contactó y movilizó a su
vez a las asociaciones de vecinos de su barrio y a las organizaciones
sociales de su entorno. En Madrid, Barcelona, Zaragoza, Bilbao y Sevilla
ya existen Asambleas Contra la Precariedad y Por una Vivienda Digna. En
las dos primeras, estas organizaciones completamente abiertas ya han
alcanzado un grado de desarrollo importante. Se reúnen semanalmente,
funcionan con comisiones (de detenidos, contenidos, comunicación,
organización, economía y financiación, publicaciones...). Y se
autogestionan a base de donativos de sus miembros y de las recaudaciones
de las fiestas que organizan.
Tienen su propio
manual: "El cielo está enladrillado: contra el mobbing y la violencia
inmobiliaria y urbanística", un libro editado por Bellaterra y
descargable en Internet. Amparados en el artículo 47 de la Constitución
Española -"Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una
vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las
condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer
efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con
el interés general para impedir la especulación"-, exigen que los
poderes públicos cumplan su obligación y garanticen sus derechos.
"No pedimos nada.
Exigimos lo que es nuestro. No queremos que hagan más viviendas de
protección oficial (VPO). No queremos parches de ese tipo que terminan
sucumbiendo también a las leyes del mercado. Lo que queremos son cambios
estructurales que acaben con la mercantilización de derechos
fundamentales. Que la Administración intervenga y no deje esto en manos
y bajo las reglas del mercado. La realidad es que estamos condenados a
sueldos míseros pese a estar altamente cualificados y que eso, junto a
la especulación inmobiliaria que encarece el precio de las viviendas año
a año, nos impide tener un proyecto de vida", dice Iñaki Rodríguez,
biólogo de 30 años.
Al trasladar esas
demandas al Ministerio de Vivienda, la respuesta es: "Estamos de
acuerdo. En lo que va de legislatura hemos conseguido bajar el
incremento del precio de la vivienda libre a la mitad (9,8%), en el
último año se han iniciado 85.440 viviendas protegidas, cifra récord...
Pero intervenir el mercado, eso..." Los unos quieren que se establezcan
limitaciones a las inmobiliarias y a los propietarios de viviendas y se
articulen sanciones, "como ocurre en otros países europeos o en los
nórdicos". Y los políticos optan por acciones puntuales.
Este desacuerdo se
volverá a hacer patente. En Madrid hay convocada una manifestación el
próximo 28 de octubre, a la que se espera que acuda gente de toda
España. Y en Barcelona se preparan, aparte de para la cumbre aplazada a
Noviembre, para la feria inmobiliaria que se celebra del 7 al 12 de
noviembre. Y las calles volverán a llenarse de "rebeldes sin casa".
Los otros 'dependientes':
cifras y razones
El último sondeo
de opinión, de finales de 2005, realizado por el Instituto Nacional de
la Juventud (Injuve) sobre "Juventud y Vivienda" arroja algunas
conclusiones. A continuación se señalan unas de las principales
relativas a una muestra de personas de entre 18 y 34 años:
- El 78% de los
jóvenes dice que no vive donde le gustaría por razones económicas.
- En los grupos
de mayor edad, una vez cumplida la treintena, más de un 20% de jóvenes
necesita la ayuda de otras personas para vivir.
- El 52% de los
jóvenes que posee una vivienda lo ha hecho mediante la petición de un
crédito. Y el 57% ha recurrido a la ayuda económica o a los avales de
familiares.
- El 63% de los
jóvenes ve muy difícil o prácticamente imposible independizarse.
- El 64% de los
jóvenes que sienten ese deseo de independizarse afirma que necesitaría
la ayuda familiar tanto para comprar como para alquilar la vivienda.
- El máximo
dinero que dicen poder pagar por una hipoteca o un alquiler son 434
euros.
EL
'PROFE' DE ESPAÑOL
Bernat Feliu, 33
años y licenciado en Políticas. Trabaja de profesor de español por 900
euros al mes, de los que invierte 400 en la casa que comparte en
Barcelona.
EL
FILÓSOFO FOLLONERO
José Antonio
López, filósofo de 38 años. Vive en Barcelona en casa de sus padres.
Hizo de follonero en Buenafuente. Vivió solo y ahora, de cartero, no
gana para el alquiler.
EL
ETERNO BECARIO
Iñaki Rodríguez,
biólogo de 30 años, reside en Madrid en casa de sus padres. Trabaja como
becario de investigación sin beca y sin sueldo.
LA
CERRAJERA DE
ALQUILER
Laura Romero,
educadora social de 27 años. Le salen trabajos de cerrajería tras haber
estudiado Artes y Oficios y comparte piso en Madrid por 200 euros al
mes.
LA
'MINIFUNDISTA'
Eva Marín,
trabajadora social de 32 años, vive en Barcelona en un piso de 25 metros
cuadrados. Se independizó a los 28, pero a los 30 tuvo que volver un año
a casa de sus padres.
EL
COMPROMETIDO
Nacho Murgui, 34
años. Comparte piso en Madrid. Tuvo varios empleos y ahora trabaja en la
Federación de Asociaciones de Vecinos de Madrid.
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