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El nombre y la obra de
Manolo
Sierra están indisociablemente ligados a la historia contemporánea
de Laciana y Babia. Una vida y una obra marcadas por el compromiso
generoso con estas tierras y sus gentes. Sin duda, su mejor embajador
desde hace muchos años. En toda su pintura, implícita o explícitamente,
hay un guiño a esta naturaleza en la que ama refugiarse. Casi se
podría decir que es parte de ella. Sólo alguien que la siente de una
manera tan profunda es capaz de expresar sentimientos y emociones
como los que hoy refleja en una entrevista concedida a un medio de
comunicación provincial.
"Voy a hacer un cartel, guste o no guste, para
alertar, advertir... que no troncen el valle de Babia con una autovía,
que transformará en un verdadero reducto legendario donde se puede gozar
del silencio, del sonido del agua, de las esquilas del ganado, los
caballos, las nieves... del paso de las estaciones. Quiero hacer un
cartel con grichándanas (lirones o marzas... narcisos) rodeadas de
ladrillo o por un muro, o algo parecido a un tablón sobre el valle a lo
largo del río Luna... Si la gente de mi tierra está contenta con ser el
arcén de una autovía con su pan se lo coma... pero no con mi
consentimiento. También podría hacer un cartel con cajetillas, latas,
limosnas... tiradas a lo largo del arcén. Este es un valle pequeñín,
amoroso y abarcable que puede acabarse con esa autovía. No sé lo que
querrán los que están a favor de la autovía (sé que recogen firmas en
Villablino y hay más de cinco mil) pero una de las cosas más hermosas de
Babia es la humildad y el silencio y esta autovía que sólo es una
maniobra para el desembarco del ladrillo, que no va a aportar más
desarrollo a esa equilibrada economía de subsistencia".
Para Manolo Sierra, como para la gran mayoría de babianos
y no pocos lacianiegos, este proyecto de autovía no es más que un
pretexto para justificar una serie de actuaciones que no se atreven a
decir su nombre, pero que él sin tapujos denomina "desembarco del
ladrillo". Y tiene toda la razón. El quid de la cuestión está ahí y en
otros intereses igual de espurios. Los especuladores tienen desde hace
tiempo en el punto de mira a estos parajes vírgenes y legendarios. Desde
hace unos años, un empresario con importantes apoyos políticos , trata
de convencer a las gentes de estos valles, que en sus proyectos
urbanísticos y de ocio está el pleno empleo, el crecimiento, la
riqueza... O sea, lo de siempre. Exactamente el mismo discurso que el de
ese otro empresario, que en Laciana despedaza sus montañas y contamina
sus aguas.
Contra esta nueva amenaza de agresión a uno de los rincones más
bellos de la cordillera cantábrica, hoy se alza una voz
autorizada, que a buen seguro incomodará a más de uno. Una voz libre, la
de un hombre comprometido y coherente que dice alto y claro que Babia
tiene que seguir siendo ese lugar donde se pueda seguir gozando del
silencio, del sonido del agua, de las esquilas del ganado, los caballos,
las nieves y del paso de las estaciones. Es decir, que Babia tiene que
seguir siendo Babia.
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