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Seamos
benevolentes con el insigne y conspicuo sindicalista de UGT. Porque de
otro modo tendríamos que dedicarle una serie de calificativos, a cuál
más desagradable. Por vergüenza ajena ni siquiera mencionaremos su
nombre.
Refiriéndose a la
explotación a cielo abierto de El Feixolín, afirma que “no se debería
cerrar” y el hombre se queda tan pancho. Y añade que si bien “todos
deben ser legales” no entiende “que se lleve a cabo el cierre ahora,
cuando lleva tantos años de actividad”
Razonamientos de
esta naturaleza son los que han conducido a Laciana a su actual miseria
económica, política y sindical. Sin tipos como éste, estos empresarios
sin escrúpulos jamás podrían haber hecho lo que hicieron.
El actual dueño de
la MSP, Victorino Alonso, al igual que su predecesor, Alfonso García
Argüelles, siempre han sabido de que pié cojeaban algunos sindicalistas.
Y tan bien les han tomado la medida, que han logrado convertirlos en los
principales defensores de los intereses empresariales.
A estos nuevos
aristócratas de la clase obrera, sólo les ha importado su propio
estatus. Algunos se han tirado veinte años de su vida profesional como
liberados sindicales. Pero eso sí, excelentemente remunerados.
Invocando
demagógicamente a la clase trabajadora, el empleo, el futuro de la
minería y un sinfín de tópicos, siempre le han estado haciendo el caldo
gordo al empresario.
Las explotaciones
a cielo abierto son el mejor ejemplo. Transmitiendo las consignas del
amo, han llegado a hacer creer a sus propios compañeros y a la opinión
pública en general, que sin cielo abierto no había futuro.
Y acuñado el
razonamiento, pues ancha es Castilla. Ni licencias, ni autorizaciones,
ni nada de nada. La Ley me la paso por el forro y hago lo que me da la
gana. Y si alguien me lo impide pongo a la gente en la calle y que vaya
a engordar la lista del paro.
Ese ha sido y
presumiblemente seguirá siendo, el odioso chantaje del empresario. Y lo
más lamentable, es que aquellos que deberían pararle los pies y rebajar
su arrogancia, son los primeros en salir en su defensa.
Eso es exactamente
lo que hoy hace el singular y conspicuo sindicalista de UGT. Si durante
diez años se ha incumplido la Ley, no vamos a empezar ahora a cumplirla,
porque igual sentamos un mal precedente. Eso es lo que en sustancia nos
dice el sujeto.
Vamos, que para
este sindicalista sobran los Tribunales de Justicia. Volvamos, pues, a
la Ley de la jungla. O sea, por la que se viene rigiendo desde hace años
la MSP.
No hay más cera
que la que arde. Los Tribunales de Justicia han resuelto y procede el
cumplimiento de sus sentencias. Y que nadie quiera hacer a los demás
responsable de sus propios desmanes.
Victorino Alonso
sabía perfectamente que en El Feixolín estaba explotando carbón
ilegalmente. Consiguientemente sabía también los riesgos que corría,
pero le compensaba.
Ha extraído
ilegalmente varios millones de toneladas de carbón. Ha destrozado uno de
los parajes más valiosos de la montaña lacianiega. Contaminado
acuíferos, vertido cientos de toneladas de aceites usados y así suma y
sigue. ¿Qué más debemos permitirle? ¿Qué siga haciendo lo que le dé la
gana, porque de lo contrario va a poner a 80 trabajadores en la calle?
El empresario hará
lo que los sindicatos le permitan que haga. Ni más ni menos. Porque
desde el siglo XIX siempre ha sido así entre trabajadores y empresarios.
Claro que en MSP hace ya mucho, demasiado tiempo, que se han invertido
los papeles. En MSP algunos sindicalistas están más pendientes del amo
que de sus propios compañeros.
Tome nota insigne
y conspicuo sindicalista de UGT. Mal que le pese a usted y a su amo, Don
Victorino Alonso.
LA
EXPLOTACIÓN A CIELO ABIERTO DE “EL FEIXOLÍN”
ES ILEGAL Y LOS TRIBUNALES DE JUSTICIA
HAN DECRETADO SU PARALIZACIÓN
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