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BENDITOS QUIENES

 TODO LO SABEN

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Vaya usted a saber por qué, pero en Laciana llevamos 20 años enzarzados en un sempiterno debate. El futuro del carbón. Lo único que hasta ahora hemos sacado en limpio, es que esta cuestión ha tenido un principio, pero el final aún está por escribir.  En realidad, en lo que verdaderamente somos expertos, es en el arte de fabricar cábalas. Al igual que judíos y cristianos, nosotros también nos pasamos la vida interpretando místicamente la Sagrada Escritura Energética.

Y aunque disponemos de muy pocas claves, esto no es óbice para que saquemos conclusiones rotundas. Como por ejemplo, el senador socialista Carles Chivite. Todo un ejemplo de sabiduría y coherencia. Hace apenas dos años afirmaba, que el carbón estaba acabado como fuente de energía. Sin embargo, hace unos días le alargaba la vida, por lo menos 45 años más.

Pues bien, la propia Comisión Europea acaba de presentar un documento de orientación para la eventual creación de una política  comunitaria de la energía. Es decir, que en Bruselas aún no han sido capaces de ponerse de acuerdo los 25 estados de la Unión, para definir una política energética común. Pero aquí, como somos los más listos, ya sabemos que el carbón tiene un espléndido futuro. Porque lo dice Chivite y la guardesa de la MSP.

Ojalá así fuera. Y, además, que se volviera a la minería tradicional. La de interior, naturalmente. Pero la cosa no es tan sencilla.

Según el texto del Ejecutivo comunitario, una política común de la energía tendría que velar por tres objetivos principales interrelacionados entre sí: la seguridad del aprovisionamiento, la competitividad de las empresas europeas del sector y la sostenibilidad y el cumplimiento de los compromisos medioambientales.

Estos fines se derivan de los motivos que expone la Comisión para explicar la necesidad de crear una política común, el primero de ellos, el hecho de que el 50% de la energía que consume la UE es importada, una dependencia que crecerá al 70% de aquí a 2020. Asimismo, porque el mercado interior "no termina de funcionar" y porque Europa tiene que cumplir sus compromisos para reducir la emisión de gases de efecto invernadero.

Fuentes comunitarias indicaron que la energía nuclear se menciona sin distinción junto a otras fuentes -también el carbón, por ejemplo-, aunque recordaron que en los próximos 15 años la mayor parte de las centrales nucleares y de carbón de la UE alcanzarán su vida útil y "habrá que decidir cómo se sustituyen".

Junto a este debate, Bruselas constata la necesidad de promover las energías renovables, teniendo en cuenta que la UE fijó el objetivo de que en 2010 el 12% del total sean energías verdes. En concreto, se pretende que el 22% de la energía eléctrica sea "verde" y que el 5,75% del carburante para transporte sea biocarburante.

En lo que sí coinciden todos los expertos, es que el carbón europeo no es competitivo. Y por otra parte, su utilización en las condiciones actuales, significa alejarse del protocolo de Kyoto. Y como la investigación para la utilización del carbón como energía limpia está en una fase muy incipiente, nadie está en condiciones de afirmar que llegue a ser rentable su puesta en práctica.

Dicho más claramente, países principalmente como Francia, con el apoyo de Inglaterra y Alemania apuestan prioritariamente por el desarrollo de la energía nuclear a corto y medio plazo. Y España tampoco dice rotundamente que no. Lo que sucede, es que imperativos de orden interno – léase electorales – desaconsejan posicionarse claramente al lado de estos países.

Lo dicho, benditos quienes todo lo saben. Desde luego, este no es nuestro caso. Pero sí decimos que quienes están en Laciana intentado vendernos un futuro que sólo existe en su imaginación, lo que están es haciendo un flaco favor al Valle. Desde 1985 llevamos oyendo el mismo sermón. Pero la realidad es que han desaparecido desde entonces más de 3.000 empleos. Y el padrón municipal ha mermado en más de 5.000 unidades.

Si en el inicio de la crisis del sector se hubiera abordado con seriedad y realismo el tema, hoy probablemente no estuviéramos en una situación tan desesperada. Pero entonces, como ahora, el discurso que se abre camino es el del empresario. El único que sigue afirmado que el carbón tiene futuro. Para él, sin ninguna duda. Recibe subvenciones por producir, por cerrar minas, por restaurar sus destrozos etc.

Si el carbón tiene un futuro espléndido, ¿por qué la Unión Europea sigue financiando el cierre de las explotaciones mineras? Esa es la pregunta a la que tienen que contestar quienes un día sí y el otro también repiten el mismo estribillo.

Nosotros, de momento, lo único que sabemos con certeza, es que la Unión Europea está intentando definir una política comunitaria en materia de energía. Eso si es una realidad tangible. Y todo lo demás, cábalas y más cábalas.

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