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Cada vez que un
ministro o responsable político del partido que sustenta al Gobierno de
Zapatero, se asoma a un medio de comunicación, se lo pregunten o no,
siempre se las arregla para meter la cuña esa, de que España es el país
de la Unión Europea (UE) que mayor crecimiento económico está
experimentado en los últimos años.
Otro estribillo
parecido al que otrora acuñó Aznar y que sus chicos repetían al unísono
como papagayos. O sea, aquello de “España va bien”.
Es cierto que crecemos
más que nuestros socios europeos, pero no es menos cierto que salimos de
una dictadura con un retraso muy importante. Y que sin los Fondos de
Cohesión que vienen de Europa, no estaríamos donde estamos.
Pero lo que
voluntariamente omiten nuestros dirigentes políticos, es que ese
crecimiento reposa casi exclusivamente sobre dos sectores. El turismo y
la construcción. En Inversión+Desarrollo (I+D) seguimos estando a la
cola. Eso sí, en España se consume el 60% de todo el cemento que se
produce en Europa. Pero aún ostentamos más records.
Somos el país que más
contamina, el que tiene uno de los salarios mínimos interprofesionales
más bajos y el de menor protección social de la UE, pero sobre todo, el
que mayor número de siniestros laborales registra a lo largo del año.
En este último
apartado, llevamos varios años consecutivos en el primer puesto del
ranking europeo. Y el señor ministro de Trabajo y Asuntos Sociales,
Jesús Caldera, tan locuaz en la oposición y tan silencioso ahora, como
si el asunto ya no fuera de su incumbencia.
Con unos o con otros,
la vida de un trabajador sigue teniendo un precio muy bajo. Cada vez que
se produce un siniestro laboral, el jerifalte de turno repite
invariablemente lo mismo. Vamos a abrir una investigación para
determinar las causas del siniestro. Se aplicará la Ley con todo el
rigor necesario. Tenemos que reflexionar con los agentes sociales para
poner fin a esta situación etc. etc.
Eso en el mejor de los
casos, porque en el peor casi siempre el empresario acaba culpabilizando
al trabajador por incumplimiento de las normas de higiene y de seguridad
en el trabajo.
¿Y los sindicatos qué?
Pues lo de siempre, declaraciones altisonantes y después nada. Pasadas
unas semanas todo vuelve a ser igual que antes.
El caso de Minero
Siderúrgica de Ponferrada (MSP) es un claro ejemplo de esta situación y
del nivel de impunidad con el que actúa el empresario. Un conglomerado
de empresas del mismo dueño, que se contratan y se subcontratan así
mismas. Una tela de araña para evadir el pago de impuestos. Para
explotar aún más al Estado y al trabajador. Un asalariado que ejerce su
trabajo en condiciones laborales extremas y percibe un salario de
miseria.
Y en el caso de los
trabajadores a cielo abierto, hasta se les amenaza con la rescisión de
su contrato si se acercan al mundo sindical. Sin contar las
humillaciones y castigos a los que un mierda de encargado los somete a
diario.
Así es como se trata
al trabajador en las empresas del singular empresario, amante de los
antílopes negros, Victorino Alonso.
Ayer, jueves día 25 de
enero de 2006, otro trabajador se despeñó con su máquina por un
terraplén. No es el primero, ni será presumiblemente el último. Hace
meses se despeñó otro. Los restos de su camión siguen en el fondo de un
barranco en Caboalles de Abajo. Él, sin embargo, está en el paro. La
empresa lo despidió. El trabajador había advertido al encargado que el
camión tenía problemas de frenos, pero se le ordenó que bajara por la
pendiente con la correspondiente carga. De no haber saltado de la cabina
a tiempo, hoy no lo contaría. Diversas fracturas y consiguientes
secuelas para acabar finalmente en el paro.
Los sindicatos fueron
incapaces de conseguir que prevaleciera la justicia. Y por lo que se ve
tampoco han conseguido que cambien las condiciones laborales de estos
trabajadores. Se sigue trabajando de día y de noche a un ritmo
endiablado. Ahora, probablemente nos cuenten que sólo la fatalidad ha
sido la causante de este desgraciado accidente.
La
señora directora general de Trabajo y Prevención de Riesgos Laborales de
la Junta de Castilla y León, Rosario Rodríguez, ha anunciado la apertura
de una investigación para esclarecer los hechos que provocaron este
último accidente.
Nada, no
pasará nada. Dentro de una semana ya nadie se acordará de que un
trabajador de 29 años ha estado a punto de perder la vida. Nadie,
excepto sus familiares y amigos se interesarán por él. En el mejor de
los casos y si logra recuperarse, puede que la generosidad del
empresario le permita recuperar su puesto de trabajo. Y ahí se habrá
acabado la presente historia.
Pero si
su mala fortuna hiciera que quedara inválido, entonces lo despacharían
con una pensión de miseria. Porque seguro que mísero es el salario que
tiene declarado.
Esto no
ocurre en un país subdesarrollado. Esto ocurre en España. El país que
más crece de la UE, pero también, donde la vida de un trabajador menos
valor tiene.
Meter a
políticos, sindicalista y empresarios en el mismo saco sería injusto,
pero convendrán conmigo que cada vez resulta más difícil distinguirlos.
Todos ellos manejan el doble lenguaje a la perfección. Son maestros en
el arte de escamotear la realidad.
¿Lograremos algún día pararles los pies a estos sujetos? Desde luego,
mientras nos preocupe más la prensa rosa, la tele basura, el fútbol, el
estatuto de Cataluña, los archivos de Salamanca o lo que digan Rajoy y
Zapatero, no lo conseguiremos. Pero si por el contrario nos interesamos
algo más por la realidad que nos rodea, la batalla no está
definitivamente perdida.
No
olvidemos nunca que si están donde están sólo los ciudadanos somos
responsables. En vez de delegar tanto, lo que tenemos que hacer es
participar algo más. Ese es el propósito de Los Verdes, construir con
los ciudadanos una verdadera democracia participativa.
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