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Con la vehemencia que le caracteriza y sin mesura alguna, el primer
teniente de alcalde, José Luís Suárez Pastor, arremetió contra su
alcalde y socio de gobierno, Guillermo Murias. A quien reprochó
no hacer cumplir la Ley. Y lo que es peor, usar dos varas de medir. Una
para los ciudadanos de primera como Victorino Alonso y otra para
el resto.
Lo que ocurre, es
que este discurso chirría. Vamos, que no es del todo creíble. No porque
esté desprovisto de razón – que no lo está – sino porque entre su
discurso y su actuación median dos mundos. El de la realidad y el de la
ficción. El sincero y el demagógico.
Para tener fuerza
moral y credibilidad, lo primero que tiene que hacer el señor concejal
es abandonar la coalición de gobierno e irse con su grupo a la
oposición. Lo que no puede hacer es propinarle en público patadas en la
espinilla a su socio y pastelear con él en privado.
En aras de esa
coherencia política e ideológica de la que tanto presume, resultan
incomprensibles estas manifestaciones. Si al igual que Los Verdes,
también ha llegado a la conclusión de que Victorino Alonso está
teniendo un trato de favor por parte del alcalde, él no puede contribuir
ni un minuto más al mantenimiento de esta situación.
Dejando a
Guillermo Murias en minoría se acaban las maniobras espurias. Y
Pastor no ignora este extremo. Pero seguro que hasta ahí no va a
llegar. Esencialmente, por dos razones.
Una, que por
primera vez ha probado las mieles del poder y su sabor lo ha
enloquecido. Otra, porque está utilizando el ayuntamiento como
plataforma para poner en práctica su estrategia política y personal de
cara a las elecciones del próximo año. Y por último, porque jamás ha
ocultado sus intenciones. Es decir, desgastar desde dentro a
Guillermo Murias.
Pastor
forma parte de
esa hornada de políticos desprovistos de ideología, que no tienen más
horizonte que la satisfacción inmediata de sus aspiraciones personales.
Lo demostró sobradamente, primero en el PSOE y ahora en el PP.
Con los
socialistas no encontró el espacio a su medida y se fue. Con el PP
tampoco, pero de ahí ya se puede decir que lo han echado. Pese a lo que
él pueda afirmar y pese al burdo espectáculo que está ofreciendo para
que lo readmitan. Él sabe que desde León siguen buscándole como
descosidos un substituto. Naturalmente, la única esperanza que le queda
es que no encuentren ese mirlo blanco que buscan. Aunque también se
conformarían con mucho menos. Pues según Isabel Carrasco, mejor
que ese tío cualquiera.
Lo dicho, señor
Pastor, para que su discurso sea creíble ya sabe lo que tiene que
hacer. Volver a la oposición. O sea, al lugar en el que lo han colocado
los lacianiegos en dos elecciones consecutivas. Y, además, con una
exigua representación, para que no se le suban los humos demasiado.
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