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Sólo en la última década, Laciana ha perdido 3.585
habitantes. Probablemente algunos más, puesto que las cifras relativas
al año 2005 todavía no han sido publicadas por el Instituto Nacional de
Estadística. Además, es publico y notorio que en el padrón municipal
siguen figurando vecinos que desde hace algún tiempo ya no residen en el
municipio.
Lo cierto es que en
1996, Laciana tenía 15.284 habitantes censados y a principios de
2005 la cifra exacta era de 11.699. Pocos municipios del país
habrán experimentado un descenso más acusado en tan corto espacio de
tiempo. Y lo peor, es que la hemorragia todavía continuará algunos años
más.
Un estudio realizado a
mediados de los 90 ya apuntada en esa dirección, pero como de costumbre,
algunos de los prohombres de la política local, inmediatamente se
apresuraron en afirmar que se trataba de augurios alarmistas. Son
exactamente los mismos que en 1985 pronosticaban el futuro del carbón
hasta mediados del siglo XXII. Cuando algunos de los que hoy integramos
Los Verdes, alertábamos sobre los peligros del monocultivo del carbón,
ellos esbozaban una sonrisa autosuficiente y bobona.
El estudio en cuestión
concluía que la población del Valle se estabilizaría entorno a los 7.500
habitantes en el año 2015. Al ritmo que vamos no es descabellado pensar
que esa cifra puede convertirse en realidad e incluso sobrepasarla.
Sin embargo, si
buceamos un poco en la hemeroteca o leemos algunas actas de las sesiones
del Pleno del Ayuntamiento de los últimos 20 años, constataremos que el
discurso de los políticos siempre ha ido en dirección contraria a la
realidad. Por ejemplo, el período de gobierno socialista no puede ser
más glorioso. Se habla de creación de empleo, de futuro garantizado, de
inversiones multimillonarias y un montón de sandeces más.
IU en sus primeros
ocho años de gobierno ha sido algo más prudente, pero su política
también dista bastante del realismo que la propia realidad lacianiega
hubiera exigido. Su gran proyecto de fijación de población consistió en
auspiciar el chabolismo. El paraje de La Poza en Villablino es todo un
ejemplo de lo que jamás se debió permitir. Algún concejal llegó incluso
a defender, sin ningún rubor, este tipo de edificaciones. Argumentando
que obedecían a una necesidad social, además de contribuir a fijar
población.
Pero la realidad es
tozuda y el declive de Laciana se ha seguido acentuado hasta culminar en
caída libre. Y exactamente en la misma situación están las finanzas
municipales. A tres mil millones (3.000) de las antiguas pesetas
asciende la deuda acumulada en los últimos 20 años. Cientos de
acreedores siguen esperando a que se les abonen facturas que llevan
durmiendo el sueño de los justos casi cuatro lustros.
Jamás se había llegado
a un nivel de mayor irresponsabilidad en la gestión municipal. De
irresponsabilidad y de incompetencia. Nadie, ni los bancos ni las
Administraciones, se fían del ayuntamiento de Villablino. En la
Diputación de León ya son legendarios los anticipos reintegrables para
pagar las nóminas de los empleados.
Una plantilla
sobredimensionada, pero enormemente rentable en el plano electoral. Una
especie de voto cautivo comprado con el dinero del contribuyente. Y no
vale que IU nos cuente que las mayores atrocidades las cometió el PSOE.
Ellos también tienen su clientela. En mayor o menor medida – eso es lo
de menos – las dos formaciones han cometido actos de perversión
pisoteando la igualdad de oportunidades.
Algún día les
contaremos con todo detalle quienes accedieron a aquel curso remunerado
de mujeres emprendedoras y el grado de parentesco que algunas de ellas
tenían con concejales, dirigentes y militantes de una formación
política. Pero ya les adelantamos que ninguna de las asistentes – que se
sepa – emprendió hasta la fecha ningún negocio. Si esto no es corrupción
se le aproxima bastante.
Sobran ejemplos que
expliquen las razones por las cuales hoy Laciana está como está. Este es
sólo un primer avance, una aproximación de la que por razones obvias,
los políticos en ejercicio no quieren oír hablar.
Lo que sucede, es que
desde Los Verdes lo entendemos diferentemente. Porque estamos
convencidos de que en buena medida, la situación actual es la
consecuencia de las políticas – o ausencia de políticas – que se han
aplicado desde el ayuntamiento. Por eso vamos a seguir analizando la
gestión de quienes han conducido a Laciana al precipicio. No es sólo
Victorino el único responsable del desastre. En modo alguno. Hay muchos
más. Y por mas que se escabullan acabarán ante la opinión pública. La
democracia es ante todo libertad de expresión y transparencia.
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