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Es rigurosamente
cierto que todo individuo es dueño de sus silencios y prisionero de sus
palabras. Esta máxima les viene que ni pintiparada al alcalde de
Villablino, Guillermo Murias Andonegui y al Delegado Territorial
de la Junta en León, Eduardo Fernández.
Dos políticos que
ideológicamente están “supuestamente” en las antípodas, pero que sin
embargo tienen un código de conducta muy similar. Los dos se
desenvuelven a la perfección en los laberintos del enredo y mienten con
la misma naturalidad.
Guillermo
Murias
ha repetido hasta el hartazgo que acataría las resoluciones judiciales
en el caso de El Feixolín. La realidad es bien distinta. Desde el pasado
25 de octubre la actividad extractiva tenía que haberse paralizado, pero
Victorino Alonso continúa extrayendo carbón a un ritmo
endiablado. Naturalmente, sin la aquiescencia del alcalde de Villablino
esto no sería posible.
Pero si el alcalde
de Villablino aparece en este embrollo político-jurídico como una figura
clave, no hemos de perder de vista a otra que también está jugando un
papel determinante desde la trastienda, como es la del Delegado
Territorial de la Junta de Castilla y León, Eduardo Fernández.
Después de la
entrevista que Los Verdes de Laciana mantuvimos con él, el pasado 29 de
julio de 2005, ante la contundencia de sus afirmaciones y sus no menos
contundentes confidencias, albergamos la esperanza de que algo
cambiaría. El paso del tiempo ha demostrado que detrás de esa aparente
firmeza y sinceridad se ocultaba un monumental engaño.
Eduardo
Fernández
no dudó en
aseverar que no tenía la menor confianza en algunos funcionarios de la
sección de minas y muy especialmente, en su máximo responsable. Y para
demostrárnoslo, vetó su presencia en la citada reunión. Por temor a que
el contenido de la misma llegara a oídos de Victorino Alonso.
Extremo éste, que suponía un reconocimiento explícito de que
determinados funcionarios estaban al servicio del interés del empresario
y no del interés general.
Esta burda falacia
duró el tiempo que transcurrió desde ese encuentro con Los Verdes, hasta
que el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León dictó la
contundente e inequívoca sentencia que ordenaba la clausura y
restauración de la legalidad en el Feixolín.
En esa primera
prueba de fuego para Eduardo Fernández, se vio con absoluta
claridad de que lado de la trinchera estaba. Y desde entonces, todas sus
actuaciones no han hecho más que ratificar que sólo actuará cuando el
fantasma de una acción de justicia contra él le pise los talones. Y no
ignora que en ello estamos Los Verdes y la Sociedad Mercantil NARSIL.
Quizá por eso hoy
declara, refriéndose al proyecto de cierre presentado recientemente por
MSP que, «si ese proyecto contemplara el subterfugio de continuar con
la extracción, nosotros estableceríamos cautelas en una resolución
administrativa en ejecución de sentencia»
Pero una vez más
confía la resolución del expediente a la sección de minas. Es decir, a
los funcionarios en los que otrora no confiaba. Por eso, estas
declaraciones al igual que otras muchas efectuadas durante los últimos
siete meses, tienen muy poca credibilidad para nosotros.
Desde que recae la
primera resolución judicial – y van cuatro consecutivas -Eduardo
Fernández y Guillermo Murias saben perfectamente que están
actuando incorrectamente. Y por consiguiente, no ignoran que pueden
acabar los dos en el banquillo de los acusados. Entonces, ¿qué poderosas
razones existen para que uno y otro arriesguen tanto? ¿Acaso
Victorino Alonso los tiene pillados por los rubiñolos?
¿Seguro que ambos no tienen nada inconfesable que ocultar? Pues de lo
contrario, no se puede llegar a entender conductas de esta naturaleza.
La excusa de la
pérdida de 80 puestos de trabajo, convendrán con nosotros que es algo
pueril. Y más aún para un político que puede ver truncada su carrera,
por actuar a sabiendas de que lo está haciendo en contra de la Ley.
En todo caso, uno
y otro han demostrado que no se puede confiar en el valor de su palabra.
En cualquiera de los países de nuestro entorno, los dos habrían sido
retirados de la primera línea de la actividad política. Entre otras
razones, porque las mismas preguntas que nosotros formulamos, ya las
habrían formulado los medios de comunicación y con toda seguridad se
habría puesto en marcha una investigación. Pero aquí eso es harina de
otro costal. Aquí quien paga manda. E importa más la cuenta de
resultados que la deontología profesional.
Desde hace más de
diez años, Victorino Alonso no ha cesado de protagonizar una
irregularidad tras otra. En León, Palencia, Asturias, Extremadura y
seguramente en otros muchos lugares que desconocemos, e
incompresiblemente todo se ha ido quedando en agua de borrajas.
Los Verdes hemos
dicho en múltiples ocasiones y lo ratificamos nuevamente, que si este
singular empresario hace lo que hace y si desafía al poder político y al
judicial, es simplemente porque alguien se lo tolera. Y en el caso de El
Fexolín, los responsables tienen nombres y apellidos. Guillermo
Murias y Eduardo Fernández.
Dos políticos
ideológicamente en las antípodas, pero con el mismo código de conducta.
La superchería, la mentira y la indecencia política. Y tienen otra
similitud añadida. Los dos deberían estar a la intemperie de la
actividad pública. Pero eso sólo depende de los ciudadanos, puesto que
ni sus respectivas formaciones políticas ni los medios de comunicación
parecen estar por la labor.
Por cierto, al
“MEGA” concejal de casi todo y de casi nada, José Luís Suárez Pastor,
¿ya se le ha olvidado que tiene presentada una denuncia en el juzgado de
Ponferrada, contra su compañero Eduardo Fernández y otros
prebostes del partido, por supuestas irregularidades administrativas y
orgánicas cometidas en el seno del PP?
¿También se le ha
olvidado su activa participación en la campaña mediática contra el mismo
Eduardo Fernández por la supuesta construcción ilegal de un
chalet a orillas del pantano de Bárcena?
Como para confiar
en estos políticos que un día dicen una cosa y al día siguiente la
contraria. ¡Qué se puede esperar de sujetos que según sus propias
conveniencias utilizan distintas varas de medir!
Guillermo
Murias, Eduardo Fernández o José Luís Suárez Pastor,
tanto nos da, que
nos da lo mismo. Porque entre mentirosos anda el juego.
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