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De Gustave Flaubert, hasta sus detractores han destacado el realismo y
la objetividad en toda su obra. El novelista francés fue un referente de
la escuela realista. Huía de las manifestaciones de entusiasmo, de las
alabanzas y repudiaba los himnos y las banderas. De estos trozos de tela
con colores llegó a decir, que todos estaban manchados de sangre y
algunos hasta de mierda. Por eso, prescindir de ellos era lo mejor que
se podía hacer.
La concejala de
cultura del ayuntamiento de Villablino, que ya nos ha dado tantas
muestras de atrevimiento como de escaso talento, paseó por los
diferentes escenarios mediáticos su brillante idea de dotar a Laciana de
un himno y de una bandera. Segura de su éxito por tan resplandeciente
genialidad, convocó un concurso de ideas. El resultado no ha podido ser
más sonoramente desastroso. Se ha cerrado el plazo y sólo se ha
presentado un trabajo.
Y ahora la señora
concejala se encuentra con el dilema. Es decir, dos alternativas y una
única consecuencia. El ridículo. Pues no parece razonable que se le
pueda pedir a un jurado que se pronuncie sobre una sola obra. Y eso, sin
menospreciar ni el valor de la creación ni el talento de su autor. Es
como si a cualquier premio literario de los que se convocan sólo se
presentara una obra. Pues esto es lo mismo. Dicho más claramente, la
primera alternativa consiste en olvidarse del tema y la segunda también.
La concejala,
visiblemente mal asesorada y en flagrante contradicción con el ideario
que supuestamente profesa, seguramente fue víctima de su desmesurado
afán de notoriedad. Quiso pasar a la posteridad legando a Laciana un
himno y una bandera. Lo incomprensible, es que los ideólogos de IU no
hayan frenado en seco un proyecto tan descabellado como ideológicamente
aberrante.
¿Y ahora qué?
¿Reconocerá la señora concejala su despropósito? Parece poco probable.
Los necios nunca suelen ser conscientes de su ignorancia. Y si por algo
se caracteriza la edil de cultura, es por su terquedad. Su trayectoria
política está jalonada por un rosario de imprudentes atrevimientos.
Si durante la
etapa socialista el menosprecio por la cultura fue evidente, tampoco los
diez años de Gobierno de IU han sido más fructíferos. Salvando la
primera etapa y gracias a la aportación externa de quienes idearon la
primera “Otoñada Cultural”, el resto ha sido ramplonería y despilfarro.
Por eso algunos colaboradores altruistas han salido tarifando para no
verse salpicados por el escándalo.
Los partidos
políticos tradicionales, tienen de la cultura como de la ecología, el
feminismo u otras muchas disciplinas de nuestro tiempo, la misma
concepción. Hay que abordar estos temas para cubrir el expediente y
utilizarlos como escaparate político, pero siempre desde la
superficialidad.
En Laciana, pese a
contar con una de las primeras Casa de la Cultura de la democracia,
nadie fue capaz hasta ahora de construir un verdadero proyecto cultural
con garantía de futuro. Seguramente, porque los diversos equipos de
Gobierno que se han alternado en el Ayuntamiento, tampoco han
considerado este tema como prioritario. Sin embargo lo es. Sin duda el
que más. Ninguna colectividad, sea grande o pequeña, modificará sus
comportamientos cívicos y sociales si previamente no ha adquirido unos
hábitos culturales.
A esa tarea es a
la que se tiene que dedicar la señora concejala y dejarse de himnos y
banderas. Y si aún le queda tiempo que lea, aunque sea por encima, a
Flaubert. Seguro que después cometerá menos torpezas.
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