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Lenta, pero de forma inexorable, en Laciana durante las últimas décadas
la vida oficial se ha distanciado enormemente de la vida real. Se puede
afirmar sin temor a equivocarse, que la sociedad lacianiega ha estado
viviendo en una cierta anormalidad democrática. Pues la normalidad
consiste en confrontar puntos de vista y fundamentalmente en asumir
responsabilidades. Es decir, en una cierta agitación cívica. Que en modo
alguno debemos confundir con crispación, como algunos desearían. La
crispación la provoca el insulto, la calumnia, la mentira y el cotilleo
político, pero no los debates. Todos estos ingredientes son responsables
del descrédito de la política. Sin duda por eso los políticos son tan
denostados. Pero no nos equivoquemos, nuestra mala opinión sobre los
políticos refleja también una mala opinión de nosotros mismos. Puesto
que la clase política no es más que un fiel reflejo de la sociedad.
Cuando la sociedad civil deja de asumir sus
responsabilidades y encomienda su destino sólo a los políticos, nos
encontramos con situaciones como la que hoy se vive en Laciana. Una
despoblación brutal y una reducción de la actividad económica que no
parece tener fin. Es decir, una profunda crisis. Sin embargo, desde el
sector dirigente los mensajes que se trasladan a la ciudadanía son
otros.
Machaconamente se insiste en que el carbón tiene futuro. Y
que ese futuro está estrechamente ligado a las explotaciones a cielo
abierto. Nada es más falso. Si así fuera, los países de nuestro entorno
no hubieran liquidado el sector durante los últimos veinte años. Tampoco
la Unión Europea estaría dedicando ingentes cantidades de dinero para ir
cerrando progresivamente las minas que aún permanecen en activo. Y por
supuesto, esos mismos países no se plantearían tasar con un 3% la
energía producida con carbón. Y eso es precisamente lo que se disponen a
hacer a principios del próximo año. Pero en Laciana, todos estos
indicadores se omiten. Bien porque se ignoran o por simple mala fe. Lo
cierto es que a nadie parece preocupar el futuro. De lo contrario
estaríamos inmersos en otro debate.
El futuro de Laciana tiene que construirse sobre la base de
su patrimonio natural. Ese es el bien más preciado que tiene esta
comarca. Y el cambio climático nos está enviando casi a diario señales
de alerta. ¿Dónde están en España los espacios naturales más
importantes? Importantes e imprescindibles para garantizar la
continuidad de la vida en este país. ¿O acaso hay quien todavía duda de
que el desierto avanza por el sur?
Mientras siga prevaleciendo la insensatez oficial, en
Laciana hay muy poco que hacer. Se seguirá practicando la política
egoísta de la inmediatez e hipotecando cada vez más el futuro.
Instalados como estamos en la cultura del subsidio y de la jubilación
anticipada. Es decir, pan para hoy y hambre para mañana. Esa política
fatalista que sólo ha favorecido los intereses de un empresario, cuya
cuenta de resultados es directamente proporcional a los destrozos que
está causando.
La intransigencia de Los Verdes en Laciana sobre las
explotaciones a cielo abierto, es un acto de responsabilidad y de
coherencia. Que viene avalado por una realidad histórica muy reciente.
Desde que se abrió la espita del cielo abierto en Leitariegos en el año
1985, el declive de la comarca es innegable. Se han perdido más de 3000
empleos directos y un número importante de indirectos y se han marchado
alrededor de 5000 habitantes. Y aún así, seguimos siendo incapaces de
construir una alternativa al carbón. En realidad, ni lo intentamos. Al
menos desde los sectores oficiales. Desde los cuales se sigue pregonando
que el carbón puede llegar a tener una segunda oportunidad. Que es la
mejor manera de que todo siga como está. Es decir, un desastre.
Por eso urge recobrar la normalidad democrática. La
agitación de la sociedad civil y la confrontación de opiniones y
propuestas. Al margen, claro está, del discurso cansino y monocorde de
la clase política oficial. Esa misma que por su incompetencia y las
ataduras de algunos de sus dirigentes, ha conducido a Laciana al borde
del abismo. Esos políticos no son creíbles ni tienen nada que ofrecer. A
no ser más de lo mismo. Más destrucción del patrimonio natural, más
deuda municipal más favoritismo político y más servilismo. Eso es lo
único que pueden ofertar.
Sus discursos sobre el desarrollo sostenible son tan
irreales como demagógicos. ¿Esquilmar el yacimiento de carbón arrasando
bosques, destruyendo biodiversidad, contaminando ríos y acuíferos, eso
es el desarrollo sostenible? ¿Pero como pueden ser tan torpes para
tomarle el pelo a la ciudadanía de esa manera? La agitación cívica es
cada día más necesaria.
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