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El cuadro es de libro. Primero, la fase de negación. Después, la de
aceptación. Y por último, el hundimiento. Murias está ahora en la
primera fase. Todo es falso, somos las víctimas del poder mediático,
nuestros rivales se aprovechan de la situación para desalojarnos del
poder, somos un ayuntamiento estratégico, aquí hay muchos intereses en
juego etc. O sea, la técnica del calamar, soltar tinta para emborronarlo
todo.
La realidad, sin embargo, es bien diferente y más sencilla.
Mucho antes de que se auditaran las cuentas municipales, los proveedores
ya hacia años que no cobraban. El endeudamiento municipal lleva veinte
años creciendo desmesuradamente. Y exactamente lo mismo ha ocurrido con
la plantilla del personal. Lo único que ha hecho el Tribunal de Cuentas
es certificar oficialmente lo que venía siendo un secreto a voces. Es
decir, que el ayuntamiento es un completo desastre en todos los órdenes.
Y de esa realidad no se puede responsabilizar a nadie más, que a quienes
han estado gobernando el consistorio.
Guillermo Murias
lo viene
haciendo desde hace una década. Y si le herencia recibida de su
antecesor era un lastre, sólo tenía que haber solicitado la intervención
del Tribunal de Cuentas, como lo hizo Crespo. Pero optó por una
auditoria privada y por enfangarse en una serie de pleitos judiciales
que no condujeron a ninguna parte, salvo a diezmar aún más las arcas
municipales. Pero no olvidemos, que durante los últimos diez años, no
sólo no se mejoró lo anterior, sino que la situación ha seguido
empeorando.
Primero Murias nos contó que la falta de medios
materiales y humanos era la principal causa del desaguisado. Después
argumentó la falta de calificación del personal. Y ahora que el Tribunal
de Cuentas no ha examinado debidamente toda la documentación que se le
ha remitido. Y, una vez más, poniéndose la venda antes que la herida, ya
adelanta que lo peor está por venir. Que la campaña contra él va a
continuar, porque todos queremos echarlo de la Alcaldía. Mayor
cursilería no cabe.
Guillermo Murias
tiene que
salir cuanto antes de esa fase de negación absurda y aceptar que ha sido
un pésimo gestor. Y que su permanencia al frente del ayuntamiento, lo
único que propicia es un mayor descrédito de la clase política. Sin
embargo, no tiene el menor rubor en declarar que “la situación que
se ha generado tras conocer el informe supone un flaco favor para el
ayuntamiento de Villablino, porque ha generado un escepticismo entre los
ciudadanos”. O sea, que lo que nos propone es que la ciudadanía
siga en el oscurantismo. Que mientras menos sepa mejor. Así él y su
equipo viven mucho más tranquilos.
Guillermo Murias
no estaba
acostumbrado a que nadie lo fiscalizara, por eso hoy admite de tan mala
manera la crítica. Creyó que se podía vivir indefinidamente del talante.
Los Verdes crearon alarma social con la publicación de los
sueldos de los empleados del ayuntamiento. Y hoy es el poder mediático
el que crea escepticismo entre los ciudadanos. Vamos, que al señor
alcalde la transparencia le produce pánico. Su democracia es para el
pueblo, pero sin el pueblo. Exactamente como en la antigua Unión
Soviética.
Los Verdes jamás hemos tenido la menor duda sobre sus
intenciones. Aferrarse al poder hasta el último instante. De ese modo
puede defenderse mejor y hacerlo tirando con pólvora del rey. Pero como
no hay más cera que la que arde, dentro de seis meses, lo quiera o no,
la realidad lo meterá de lleno en la fase de aceptación. Y tendrá que
enfrentarse a su propia realidad. A las irregularidades de su gestión. A
las irregularidades de El Feixolín y a otras muchas que todos conocemos.
Por ética personal y política no debería permanecer ni un
instante más al frente del ayuntamiento. Su caso no tiene nada que ver
con el que en su día apartó al socialista Demetrio Madrid de la
presidencia de la Junta de Castilla y León. Aquí estamos en presencia de
graves irregularidades contables y administrativas, en la gestión del
dinero público, de las cuales de deriva un innegable perjuicio para los
ciudadanos. Y el caso de Demetrio Madrid era un asunto privado.
No obstante, dimitió. Algo que Murias no hará jamás. En este caso
no hay ningún paralelismo entre un caso y otro.
En cambio, si existe un extraño paralelismo. Al igual que
su antecesor Pedro Fernández, también Murias procede del
mundo sindical. Los dos han conducido al ayuntamiento a la bancarrota.
Uno acabó siendo denostado por la ciudadanía e inhabilitado por la
Justicia. Y el otro lleva exactamente el mismo camino. Extraño
paralelismo ¿O no?
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