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Un país andino “ha
roto las reglas de juego”, o eso dicen nuestras sesudas autoridades. El
pérfido presidente de Bolivia, sin apoyo popular, sin razones, por puro
capricho, no respeta los derechos inalienables de las grandes
corporaciones transnacionales y les quita lo que legítimamente es suyo:
los recursos naturales de un país (que no es el suyo, pero que se han
comprado).
Pero sus gentes,
atrasadas e incultas (no tienen gran hermano en la televisión e incluso
hay quien no la ve ni tiene aparato), son vagos y pendencieros.
Malacostumbrados a vivir de los regalos de Europa y de EE.UU. ahora nos
lo pagan con desagradecimiento.
Pero lo cierto es
que el mundo es un pañuelo, y no es sólo un dicho popular, atiende a una
realidad constatable.
Las grandes
empresas como REPSOL o ENDESA están muy interesadas en los recursos
naturales para hacer negocios. Los recursos naturales se encuentran en
grandes cantidades en ciertos países, que a pesar de tener grandes
riquezas son pobres y sus gentes mueren de hambre en las calles. Pero
esas son las “reglas del juego”. En el planeta no hay para vivir al
ritmo occidental para todos sus habitantes, de manera que a los
bolivianos, por poner un ejemplo, no les toca la riqueza. Sin embargo
está bien tenerlos, pues trabajan por poco dinero y lo más curioso, si
siguen siendo pobres, producen grandes beneficios a los inversores de la
transnacional de turno y además los que ya no aguantan y emigran a
España, luego trabajan por sueldos miserables en las mansiones de los
susodichos inversores. Todo cuadra perfectamente (para algunos).
Pero, como dije,
el mundo es un pañuelo y a veces hay paralelismos inquietantes.
Ciertas empresas
explotan recursos naturales. Pongamos el caso de los combustibles
fósiles. Unas empresas transnacionales explotan el petróleo y el gas
según las “reglas del juego”. Se me olvidaba comentar que las “reglas
del juego” las ponemos en occidente y damos por sentado que las tienen
que cumplir todos los países que no han tenido capacidad de decisión.
Pero continúo mi argumento, otras empresas transnacionales (están en
España, en Ucrania y sitios de esos) explotan carbón, según sus “reglas
del juego”.
Son empresas muy
parecidas, todas buscan según las “reglas del juego” optimizar sus
beneficios y se asientan en zonas deprimidas para salvarles de la
pobreza y la secular marginación.
REPSOL ha sido
advertida por la bolsa de Nueva York con ser demandada por fraude a
los inversores al provocar el alza de sus valores aportando datos falsos
sobre sus reservas de gas. Sus dirigentes en Bolivia han sido procesados
por contrabando de hidrocarburos (no por el gobierno actual, sino por el
anterior, aunque se ejecutó en esta legislatura) y el caso que más me
conmovió fue el de un campesino muerto y su hijo malherido. Salieron una
noche a fumarse un cigarrillo fuera de su casa, cerca de un campo de gas
de REPSOL y al encenderlo, cerca de un pozo, reventó toda su hacienda.
REPSOL expulsaba gases residuales de la extracción al subsuelo y las
aguas, incumpliendo la legislación ambiental de Bolivia. Las autoridades
bolivianas del momento se desentendieron del tema con argumentos
peregrinos. El hijo del campesino fue trasladado a un hospital argentino
cercano y REPSOL pagó tres noches de hotel a la madre, sin recursos,
dejándola a su suerte el resto de la larga estancia de su hijo en el
hospital y le asignó una miserable compensación económica. Esta el
verdadera cara de los “consternados” dirigentes de REPSOL.
Ahora sabemos algo
más: las “reglas del juego” no incluyen cumplir la legislación del país
donde te estableces.
Pero vayamos a
otra empresa, pongamos el caso de MSP. Esta también cumple las “reglas
del juego”. Explota los recursos naturales del país o comarca donde se
asienta. Explota a sus trabajadores y de vez en cuando los amenaza para
que sepan cuál es su condición. No respetan la legislación del país
donde se asienta, mucho menos la legislación medioambiental. Tienen el
beneplácito de las autoridades para cometer tropelías sin cuartel.
Destrozan propiedades privadas cuando les place. Realizan instalaciones
industriales sin permisos, etc. etc. etc.
El mundo es un
pañuelo y en todo el mundo se cumplen las “reglas del juego”, como
podemos ver. Y ahora sabemos otra cosa más: las “reglas del juego” no se
acuerdan con los países pobres, pero tampoco con los pueblos de los
países ricos.
¿Quién (im) pone
las reglas del juego, pues? Deberíamos preguntárselo a Mariano Rajoy o a
Javier Solana, ellos parecen saberlo, pero nunca lo dicen en público, se
limitan a acusar a los demás de incumplirlas.
El caso es que
REPSOL y MSP son muy parecidas porque cumplen las “reglas del juego”,
pero hay una diferencia: en Bolivia tienen a Evo Morales y aquí tenemos
a Ángel Villalba y a Guillermo Murias.
¿Alguien ha
captado la diferencia?
Víctor A.
Suárez
Los Verdes de
El Bierzo-Cacabelos
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