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La jerga utilizada
por el gremio político en la última sesión del Pleno de la Corporación
de Villablino, es todo un compendio bélico. Rescate, secuestro,
ejecución, toma del matadero... Madre del amor hermoso que acojone. El
cuerpo de elite de la Policía Local debió de estar en estado de máxima
alerta durante toda la sesión. Y nosotros todos en vilo aguardando el
desenlace. Afortunadamente, la única sangre que ha ido al río – bueno
iba antes de la clausura, ahora ni eso – ha sido la de las reses
sacrificadas en el matadero municipal.
Al final más de lo
mismo. Vamos, que seguimos como estábamos. Y lo que te rondaré. Porque a
la luz de lo que se ha visto y oído, el tema está cogido con más
alfileres que el vestido de Sisi. Dice el alcalde que técnicos y
asesores han hecho un gran esfuerzo intelectual. Y replica la secretaria
que no hay informe escrito, pero que con el permiso de los miembros
corporativos ella le va a quitar paja al asunto. Tiene razón, mucha paja
y poco grano.
La portavoz
socialista advierte de que el camino emprendido nos puede conducir al
berenjenal. Y tampoco le falta razón. Pues para eso el alcalde se cura
en salud y asevera, que los expedientes se saben como empiezan pero no
como acaban. Y éste, tiene toda la pinta de acabar como el rosario de la
aurora.
El concesionario,
único responsable según el Equipo de Gobierno, tiene derechos. Eso es
innegable. Y el ayuntamiento también. Aquí todos tienen derechos menos
los usuarios. Lo cierto es que el galimatías ahí está. Nueve ediles
tienen una solución para salir del embrollo. Seis la contraria. Y uno,
las dos y ninguna.
En realidad la
solución está en el tripartito de Murias. Con este invento todos
de acuerdo, lo de menos es que el matadero siga como está. O mejor
dicho, como nunca debió estar de haberse tomado a tiempo las medidas que
se imponían desde hace más de un año. Un alivio, sin embargo, no ha
dimitido el eficaz y diligente concejal de Servicios. Pues eso si que
hubiera sido una verdadera catástrofe.
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