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Pese a las tres
sentencias judiciales que casi todos conocemos, La Junta de Castilla y
León y el Ayuntamiento de Villablino, siguen tolerando que Victorino
Alonso continúe arruinado el futuro de Laciana. El panorama que
hemos contemplado en nuestra última visita a El Feixolín es desolador.
La ilegal
explotación sigue extendiéndose y devastando todo lo que se interpone en
su camino. Como se puede observar en las imágenes, poco a poco se está
destruyendo un bosque en el que abundan especies como el roble, el
abedul o el acebo. Y donde hace sólo un par de años aún se podía ver al
urogallo. Tampoco las fuentes corren mejor suerte. La destrucción es
total.
Pero esta
situación parece importarles un bledo a los responsables municipales, y
no digamos a la Junta Vecinal de Orallo. Ésta última no sólo está
demostrando que no tiene el menor interés por la preservación de su
patrimonio natural, sino que está contribuyendo a su destrucción.
Asfaltar un gran tramo del camino de la braña sólo se le puede ocurrir a
una pandilla de insensatos. Ahora ya no existe ningún impedimento para
que cualquier vehículo acceda hasta “Las Veigas”. Barbaridades de este
tipo sólo se ven en Laciana. IU se está cubriendo de gloria. Y aún hay
quien malévolamente se empeña en querer mezclarla con Los Verdes.
Si muchos
lacianiegos que tocan de oído, se tomaran la molestia de acercarse hasta
El Feixolín, seguro que después serían mucho más cautos en sus
aseveraciones. Muchos de los daños que está ocasionando esta explotación
son irreversibles. Los espacios naturales y la biodiversidad que se
están destruyendo, que nadie piense que es un asunto baladí. Tarde o
temprano, este desastre, también tendrá repercusión sobre nuestra
calidad de vida. De momento, sus efectos ya son perceptibles en el río
de Orallo. Además, de la contaminación de los acuíferos, cuyas
consecuencias aún están por determinar. Todos esos beneficios son los
que la explotación del EL feixolín nos está trayendo a los lacianiegos.
Un ejemplar modelo de desarrollo sostenible, con el que tanto se llenan
la boca nuestros ediles. Pero del que visiblemente no tienen ni la menor
idea. Su ignorancia no tiene límites.






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