|
Todo se contagia y lo malo aún más. El concejal de Hacienda, Mariano
Rubio, tampoco ha sido capaz de sustraerse al desquicie
generalizado que padece el Equipo de Gobierno del consistorio.
Negarse a abonar la tasa de la depuradora, es como negarse
a abonar la cerveza que uno se toma en una cafetería. Vamos, que si has
consumido tienes que pagar. Lo que omite el concejal es que la cerveza
suele estar en buen estado y las aguas residuales siguen sin depurarse
la mayor parte.
Y si él está convencido de lo contrario, o no sabe lo que
se trae entre manos o tiene mala fe. De todos modos, no estaría mal que
se acercara hasta las inmediaciones de la depuradora ahora que no
llueve. Pues según él, la depuradora funciona correctamente y si tiene
algún problema, sólo la tormenta es responsable.
Pero la margen de esta estupidez política, que no técnica
porque no se sostiene, lo más inquietante son los malos modales del
concejal. Otro que ha interiorizado el cargo de tal manera, que cree que
el Ayuntamiento es una empresa privada y el ciudadano un cliente. Para
alguien que ha sido educado en la más pura ortodoxia comunista, el
vuelco es espectacular. Confundir lo público y lo privado no es asunto
de menor cuantía para un marxista.
Si el ciudadano, por lo que él considera un trato injusto y
abusivo, no desea abonar la tasa de la depuradora, está en su derecho.
Naturalmente, él es el único responsable de las consecuencias que su
actuación pueda acarrearle. Pero en modo alguno puede el concejal
presionarlo y menos aún amenazarlo recurriendo a la mentira.
Sabemos que el ayuntamiento ha dado instrucciones a los
bancos para que devuelvan los recibos que han sido abonados
parcialmente. Pues muy bien. Llegado el momento ya se verá de que lado
está la razón. Pero de ahí, a amenazar a los vecinos con recargos de
hasta el 90%, como lo hace el concejal, hay un trecho.
De todos modos, que el señor concejal se serene, porque la
solución de este litigio ya no le tocará a él. Este al igual que otros
muchos tendrá que resolverlos el próximo Equipo de Gobierno, en el que
con toda seguridad ya no estará ni IU ni su actual socio. Esa es la
única certeza que la inmensa mayoría de lacianiegos tiene. Y si ya lo
están diciendo en las encuestas, dentro de pocos meses también lo dirán
en las urnas.
Porque están
hartos de tanta desidia y de tanta falacia. Y por si era poco, ahora
hasta los malos modales están cobrando carta de naturaleza. Atrás, muy
atrás queda aquello del “otro talante” que logró encandilar a una
ciudadanía, que quería sacudirse de encima la pesadilla de los
Fernández. Otros, con más ingenio, la calificaron de lluvia ácida.
Digamos que fue un período nefasto, pero que IU jamás logró borrar del
todo. Vamos, que todo se contagia y lo malo aún más.
|