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No, no resulta
nada sencillo expresarse desde la periferia del poder. Sin embargo, pese
a las dificultades, no renunciaremos a recomponer el espacio, para
ampliarlo. Obstinada y tenazmente hemos de seguir haciendo esfuerzos de
reinterpretación de la realidad, para de eso modo entenderla mejor.
Renovar y
fortalecer esta democracia, se convierte cada día en una necesidad más
ineludible. La opinión no puede ni debe circular en dirección única. Mal
que les pese a los partidos políticos tradicionales y a quienes sólo
vehiculan sus opiniones.
Si plural y
diversa es nuestra sociedad, plurales y diversas han de ser las
opiniones de sus ciudadanos y de los diversos colectivos que la
componen. Sean políticos o de cualquier otra naturaleza.
El comunicado
que reproducimos a continuación, ha sido remitido a todos los medios de
comunicación. Y por el momento, no nos consta que ninguno se haya hecho
eco de él.
En cuanto a la
tribuna sobre San Glorio, sólo Diario de León ha sido el destinatario.
Consiguientemente, hemos de esperar un tiempo prudencial para constatar
si merece o no la consideración de los responsables del medio. En
cualquier caso, aquí está. A disposición de quienes asidua o
circunstancialmente nos visitan.
COMUNICADO DE LOS VERDES EUROPEOS DE LEÓN SOBRE LA CONSTRUCCIÓN DEL
APARCAMIENTO SUBTERRÁNEO DE LA PLAZA DE LA INMACULADA
Somos el segundo
país, justo después de Japón, con mayor índice de población expuesta a
los más altos niveles de contaminación acústica. Se calcula que
alrededor de 9 millones de españoles soportan a diario unos niveles
medios de 65 decibelios.
A estas alturas ya
nadie duda – ni siquiera los políticos de mala fe – de que el ruido es
un factor determinante que incide en nuestra calidad de vida. Sus
efectos sociales y psicológicos sobre el individuo pueden llegar a ser
devastadores. Nadie niega tampoco, que el crecimiento del ruido, además
de alarmante, debería constituir también motivo de preocupación para
cualquier responsable público de temas medioambientales.
Pues bien, en
León, algunos de nuestros responsables políticos, para no perder su
propia singularidad, siguen empeñados en caminar en dirección contraria.
Las normas que rigen más allá de la periferia local, aunque sean más
avanzadas y vanguardistas que las nuestras, sólo merecen su desprecio.
No pocas ciudades
europeas han establecido hace más de veinte años, la prohibición de
construir, por ejemplo, aparcamientos subterráneos en los cascos
urbanos. No sólo por la contaminación acústica que generan, sino también
por la atmosférica. Además, de formar parte esta norma, de un plan de
recuperación progresiva del espacio ciudad para el ciudadano. Máxime,
sabiendo que el parque automovilístico seguirá creciendo hasta
duplicarse en el próximo cuarto de siglo.
Pero como la
autosuficiencia política y técnica de nuestros ediles es la que es, aquí
seguimos agujereando las entrañas de la ciudad para que el vehículo siga
achicándole espacios y calidad de vida al ciudadano.
Ya tenemos los de
Santo Domingo, Ordoño, La Plaza Mayor, San Marcos y ahora el de La Plaza
de la Inmaculada. A continuación vendrá el de las antiguas cocheras
Fernández. Y contentos, porque momentáneamente se ha salvado la Plaza de
Las Cortes. Un alivio.
¿Cómo se puede ser
tan miope o tan irresponsable y estar al frente de la administración de
una ciudad? ¿Así es como se construye el León del siglo XXI?
¿Atiborrándolo de hormigón en la superficie y en el subsuelo?
Naturalmente que
no, aunque la realidad sea otra. Esencialmente, debido a la escasa
influencia que los partidos políticos y movimientos ecologistas tienen
en la sociedad leonesa. Y claro está, a la pasividad de la ciudadanía en
general.
Una barbaridad de
esta naturaleza sería inconcebible actualmente en Alemania, por ejemplo.
Pero lo es en León. Porque sólo un reducidísimo grupo de ciudadanos del
entorno de la Plaza de la Inmaculada mostraron su oposición al proyecto.
Y sólo un par de organizaciones políticas y ecologistas les prestaron su
apoyo. Entre las cuales, por cierto, no han estado Los Verdes Europeos
de León. Y esa responsabilidad la tenemos que asumir y pedir disculpas
públicamente, por no haber sabido estar a la altura de las
circunstancias.
Sirva, pues este
comunicado como primer ejemplo de reflexión autocrítica sobre una
conducta y practica política que ha de ser corregida en lo sucesivo.
Los Verdes
Europeos de León, en este como en otros muchos temas, hemos de demostrar
no sólo que somos coherentes con la defensa y reivindicación de una
mejora de la calidad medioambiental, sino que nuestra acción tiene que
ir más allá. Sensibilizando a la ciudadanía sobres sus responsabilidades
ante las agresiones al medioambiente y sus repercusiones sobre la salud.
La contaminación
acústica y atmosférica que se generará en el entorno de la Plaza de la
Inmaculada, con la construcción del nuevo aparcamiento subterráneo,
tendrá más responsables que los ediles que han votado su construcción. Y
eso no convendrá olvidarlo nunca.
León, a 21 de marzo de 2006
Los Verdes Europeos de León
Secretaría de
Comunicación
EL
PELOTAZO URBANÍSTICO DE SAN GLORIO
Unos 60 kilómetros
de pistas de esquí. Un gran complejo de ocio, con campo de golf
incluido, puerto náutico y sobre todo, más de 400 puestos de trabajo
directos y un millar de indirectos. Así es como nos presentan el nuevo
el dorado de San Glorio. En suma, sólo ventajas y ni un inconveniente.
Al parecer las
Juntas Vecinales ya han adquirido el compromiso de cesión de las 1.200
hectáreas necesarias para el desarrollo urbanístico de este macro
proyecto. Por lo menos eso es lo que aseguran algunos responsables
políticos de la Diputación.
Nadie nos cuenta,
sin embargo, que el gran interés de esta operación es ante todo
urbanístico. Y menos aún que de materializarse, supondrá uno de los
mayores atentados ecológicos de los últimos tiempos en este país. Quizá
por eso la ministra de medioambiente, Cristina Narbona, sigue
oponiéndose a esta barbaridad. Aun cuando sus compañeros de Castilla y
León le hayan pedido que mire para otro lado, para no perjudicar los
intereses electorales del partido en la Región.
Tiene razón la
ministra cuando afirma en privado, que sus compañeros quieran
convertirla sólo en la jardinera del reino. Naturalmente, lo que menos
les preocupa a los socialistas de Castilla y León, es analizar los
desequilibrios ecológicos que puede generar un proyecto de esta
naturaleza. Y menos aún cuestionar el funcionamiento del modelo de
desarrollo que lo inspira. Porque supondría revisar valores y conceptos
clave de su cultura política y empresarial. Y hasta ahí no están
dispuestos a llegar.
El progreso,
además de tener límites no es ni mucho menos lineal. Y con esto, Los
Verdes en modo alguno rechazamos el progreso. Lo único que decimos, es
que el progreso mal entendido, ni supone una emancipación de la
humanidad ni de mejora del medioambiente. Y un partido que se autodefine
como progresista, este extremo debería tenerlo lo suficientemente claro,
como para no respaldar actuaciones que atentan contra su propio ideario.
El desenfrenado
desarrollo urbanístico es tal en nuestro país, que somos el mayor
consumidor de cemento de la Unión Europea. Con las consiguientes
consecuencias sobre el medio natural y la destrucción de sus respectivos
ecosistemas. Y al igual que otras especies vivas, animales o vegetales,
la especie humana también forma parte de ellos. Ni el poder político ni
el económico pueden decidir sobre la vida de los demás.
Según la ONU, el
desarrollo sostenible es aquel que permite satisfacer las necesidades de
la generación actual, empezando por los que menos tienen, pero sin
comprometer la posibilidad para las generaciones futuras de satisfacer
las suyas.
Ser respetuosos
con el medioambiente, significa igualmente economizar el factor tierra,
ese es el primer imperativo que ha de cumplirse para lograr un
desarrollo sostenible. ¿Respeta estas reglas el proyecto de San Glorio?
En absoluto. Hasta el extremo de que la Junta de Castilla y León se ha
visto obligada a modificar sus criterios anteriores sobre este paraje
natural. Esperemos que la UE no permita que se consume este acto de
dirigismo arbitrario.
Porque como muy
bien afirmaba recientemente el eurodiputado verde, David
Hammerstein, “las
obras proyectadas chocan con la legalidad europea. Las instituciones
europeas deben velar por la protección ambiental de los espacios
naturales más valiosos de la Unión Europea. Habrá castellanos y leoneses
a quién les moleste que Europa se inmiscuya en sus asuntos, pero la UE
ha aportado, y sigue aportando, mucho dinero a España para proteger la
biodiversidad y para impulsar el desarrollo económico del país. Si uno
se beneficia del dinero que llega desde Europa, no parece descabellado
que tenga que cumplir también sus leyes.”
San Glorio no es
ni va a ser jamás lo que nos cuentan. San Glorio es una oportunidad
única para un grupo muy reducido que dará un gran pelotazo, a costa de
la gran mayoría de los ciudadanos de las zonas afectadas. Sólo unos
pocos entrarán en el reparto. Y el camelo de esos 1.400 empleos, entre
directos e indirectos, ya se verá que al final se quedan en la mitad de
la mitad. Y, además, serán empleos precarios y con contratos basura.
Exactamente igual que están siendo en el resto de las estaciones de
invierno del país y de Europa.
Esa misma
cantinela la hemos oído cientos o miles de veces con San Isidro o
Leitariegos. Es evidente que el trabajo es escaso y que cualquier empleo
puede solucionar parte de un problema personal. Nunca la totalidad. Pero
en modo alguno se puede utilizar la necesidad de unos para que otros se
enriquezcan abusiva y desmesuradamente, destruyendo el futuro de
generaciones venideras.
La coherencia
política de las llamadas formaciones políticas progresistas, debería
llevarlas a denunciar estos aspectos. Sin embargo, no lo hacen porque
pueden verse perjudicados sus réditos electorales en próximas
contiendas. Con San Glorio se han creado expectativas, que aunque sean
falsas, nadie se atreve a cuestionar. No vaya a ser que los más
directamente implicados o el poder mediático se nos eche encima.
En este como en
otros muchos casos, las reglas del juego están alteradas desde el
principio. Ciertas connivencias político-empresariales están al origen
de esa alteración. De muto acuerdo y con una conjunción de innegables
intereses, han construido una realidad muy diferente a la que al final
será. Y lo han hecho tan sumamente bien, que es probable que la mayoría
de castellanos y leoneses se la haya incluso creído. Porque para eso
esta Región está a la cola de casi todo.
Pedirles a los
partidos políticos tradicionales nuevas políticas ecologistas es perder
el tiempo. Ellos están instalados en el interés “general” a corto plazo.
Y del desarrollo sostenible tienen exactamente la misma concepción. En
su quehacer diario no hay más horizonte ni escenario político posible
que el posibilismo.
Pues bien, Los
Verdes tenemos otra concepción del progreso social, del medioambiente y
del desarrollo sostenible. Por eso decimos que San Glorio, de
materializarse, sería perjudicial para León a largo plazo. Esta
provincia perdería parte de su singularidad y lo que es peor, sus
habitantes también perderían calidad de vida. No ignoro que a muchos
esta aseveración les parecerá un sarcasmo. De igual modo que se lo
parece que se hable del agotamiento de los recursos naturales del
planeta, como el agua, mientras ellos puedan seguir abriendo el grifo y
despilfarrándola a su antojo.
Esa es la
diferencia entre quienes pensamos que no basta con satisfacer nuestras
necesidades inmediatas, sino garantizar las de generaciones futuras. Ahí
reside la diferencia entre una visión y otra del desarrollo sostenible.
Manuel E. Rodríguez Barrero
Portavoz de Los
Verdes Europeos en León
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