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MARBELLA Y LACIANA

 

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19/08/2006

Efectivamente, Marbella y Laciana están en las antípodas en casi todo menos en el desaguisado político. Allí se compraban voluntades políticas y se especulaba con el suelo para construir ilegalmente y aquí ocurre casi lo mismo, pero con el carbón.

En Marbella los concejales estaban prácticamente en nómina de las promotoras inmobiliarias y en Laciana lo están en la de MSP. O a sueldo de Victorino que es lo mismo. De hecho, el Tribunal de Cuentas subraya en su informe que, con motivo de la firma del convenio suscrito en el año 2001 entre MSP y el ayuntamiento de Villablino, varios concejales asalariados de la empresa tomaron parte en ese acuerdo. Infringiendo así la ley. O sea, que tanto allí como aquí la ley tiene para algunos  el mismo valor. Es decir, ninguno.

Eso sí, aquí todavía nadie ha ido a la cárcel, pero vaya usted a saber lo que el destino les depara a algunos de nuestros ediles. Seguro que más de uno estará en vilo hasta que se conozca el resultado y las conclusiones de la Comisión Mixta Congreso Senado, encargada de pronunciarse sobre el Informe del Tribunal de Cuentas. Si se acuerda que dichas conclusiones sean remitidas de oficio a la Fiscalía anticorrupción que los implicados se pongan en lo peor. Pero, en fin, no adelantemos acontecimientos.

En Marbella ha quedado evidenciado que la compra de voluntades era una constante y aquí probablemente sólo sea una excepción. Pero de confirmarse el resultado será el mismo.

Un empleado municipal - cuya identidad omitiremos por el momento - hasta hace bien poco presumía de disponer de datos muy comprometedores para el actual alcalde, Guillermo Murias. En los que al parecer quedaba acreditada la compra de un concejal del PSOE en el mandato 1995-1999. Y ello para desbaratar una moción de censura que planeaba sobre el Equipo de Gobierno de entonces.

Según el empleado en cuestión otro empleado -  también municipal - habría actuado de intermediario en dicha operación. Y a cambio un familiar habría obtenido un puesto de trabajo en el ayuntamiento. Pero lo más inquietante es que una parte del dinero de la supuesta compra habría salido de las propias arcas municipales. Suponemos que de tener alguna verosimilitud esta rocambolesca historia, alguien más que los políticos tendría que haber prestado  su colaboración para una operación de ingeniería financiera de esta naturaleza.

Sea simple fabulación del empleado municipal u obedezcan los hechos a la realidad se impone un esclarecimiento de los mismos. Si el Equipo de Gobierno de entonces no tiene nada que ocultar urge, no sólo un contundente e inmediato desmentido, sino que también debe acudir de inmediato al Juzgado. Pues este asunto está adquiriendo proporciones desmesuradas. Y más aún después de todo lo que se conoce a través del Informe del Tribunal de Cuentas.

Efectivamente, Marbella y Laciana están en las antípodas en casi todo, pero no es menos cierto que existen similitudes inquietantes. Y lo que es peor, rumores que en modo alguno contribuyen a que la situación pueda normalizarse a corto plazo. Máxime, con una campaña electoral a la vuelta de la esquina y sobre la cual, al menos que se produzca un milagro, planeará la sombra de la corrupción. Y sobre todo después de que el subconsciente le hubiera jugado una mala pasada al alcalde, afirmando imprudentemente que “este ayuntamiento no es la Marbella de la montaña”

En el hipotético caso de que a nadie se le hubiera ocurrido semejante comparación, Guillermo Murias ha abierto las puertas de par en par a todo tipo de cábalas. Consiguientemente, ahora le corresponde demostrar con realidades inapelables que su aseveración es también inapelable. Y para ello lo primero que tiene que hacer es demostrar que jamás existió el menor atisbo de compra de un concejal para desbaratar esa supuesta moción de censura de la que en su día tanto se habló.

Lo tiene muy fácil. La Justicia es la única que puede poner las cosas y a cada uno en su sitio. Si el empleado municipal propaga un rumor tan grave y es infundado que pague por ello. Por el contrario, si todo obedece a la realidad es aún más grave. Pero quienes tienen que pagar son los autores intelectuales y los colaboradores materiales necesarios para que esta corrupción pudiera llevarse a cabo. Porque estaríamos en presencia de un caso igual de grave que los muchos que se han cometido en Marbella. Y allí no olvidemos que más de uno ha dado con sus huesos en la cárcel.

Lo dicho, cuanto antes queden disipadas las dudas mejor para todos. Pues ya va siendo hora de poner coto a tanta insinuación no demostrada. La higiene democrática tiene que empezar por los responsables públicos para acabar impregnado a toda la sociedad lacianiega. Manos a la obra, pues, y sin demora.

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