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Para algunos políticos, la conciencia es sólo ese palo que con tanta
frecuencia utilizan para golpear al adversario. El alcalde de
Villablino, Guillermo Murias y su primer teniente de alcalde,
José Luís Suárez Pastor, usaron y abusaron de esa vara para
justificar la moción de censura que desbancó de la Alcaldía a la
socialista, Ana Luisa Durán. Y mientras más tiempo transcurre más
evidente es la superchería.
No
es que necesitáramos que el suplemento dominical del País nos confirmara
lo que ya sabíamos y que en reiteradas ocasiones denunciamos. Sin
embargo, no está demás reproducir las declaraciones del alcalde. Esto es
lo que se puede leer en la citada publicación del pasado domingo día
dos: Otro ex minero que trabajó más de 22 años en las galerías, el
alcalde de Villablino, Guillermo Murias, de IU, defiende que Laciana no
puede prescindir de los cielos abiertos: “Es verdad que tenemos un
hábitat privilegiado, con osos y urogallos, pero no queremos un valle
bonito sin gente. El problema es que el futuro de los cielos abiertos
está ligado al de la minería de interior. No son los 500 empleos de los
cielos abiertos, sino los más de 1.000 de todo el sector”. Y termina:
“Yo no tengo la herramienta para medir hasta dónde llega la necesidad de
complementar la minería con los cielos abiertos para que sea viable
económicamente y dónde comienza la usura de los empresarios para ganar
dinero fácil. Pero si cierran todas es una bomba socioeconómica”.
Si
Laciana no puede prescindir de los cielos abiertos ¿cómo justifica
entonces la moción de censura? Pues no olvidemos que todo se desencadenó
por la firma del famoso convenio que le otorgaba a Victorino Alonso
cinco nuevas cortas. ¿Hemos de entender que sólo se trataba de la
cuantía? Es decir, de la forma y no del fondo. De ahí la superchería.
Han engañado miserablemente a la ciudadanía. El único interés que los
movió fue el de ocupar el poder por el procedimiento que fuera. Jamás
tuvieron la menor intención de poner un término al cúmulo de
irregularidades que desde hace más de una década viene cometiendo el
singular empresario minero. La prueba es que nada ha cambiado desde que
están al frente del ayuntamiento. Al contrario, la situación se ha
deteriorado aún más.
Pero lo peor de este alcalde son sus constantes mentiras. No es cierto
que en el cielo abierto estén trabajando 500 trabajadores. Ni siquiera
llegan a un centenar. Y tampoco es cierto que del cielo abierto dependan
otros 1.000 empleos. Menos de 700 y aún no se han producido las bajas
por prejubilación previstas en el nuevo Plan del Carbón. O sea, que esa
pueril justificación también es grotesca.
En
cuanto a sus 22 años de minería, solamente le faltó añadir una pequeña
precisión. Que entre su etapa como liberado sindical y sus nueve años
como alcalde, todo se queda en la mitad de la mitad.
Guillermo Murias,
no es pues un referente de nada. Un cargo público que miente con tanta
facilidad no puede ser un referente para nadie. No nos cansaremos de
insistir en que, comportamientos de esta naturaleza son los que degradan
la vida pública. Por eso no es de extrañar que los ciudadanos se alejen
cada vez más de la clase política. Con ejemplos como los de Murias
y Pastor no es para menos.
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