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Lucy Rees
Laciana: una tierra de magníficos paisajes en donde viven
algunos de los animales más amenazados de Europa, el oso, el urogallo y
el lobo. Todos ellos protegidos, se supone, porque además viven en una
Reserva de la Biosfera.
Es con asombro y gran perplejidad que me he enterado de
esos horribles planes que consisten en abrir más de 1500 nuevas
hectáreas a cielo abierto. ¿Con qué finalidad? Claro, la destrucción de
esta belleza, sus bosques y fauna; la contaminación ilegal de sus aguas
y aire, ya vista en tales minas; la pérdida de trabajo comparado a las
minas de interior, que originan menos destrozos. ¿Y por qué? Para que un
empresario pueda aprovecharse más, por emplear menos, ignorando la ley.
Pues ya sabemos que la tramitación de las denuncias por esos delitos es
interminable.
¿Una extranjera debe comentar tales asuntos? Soy de un país
(Gales) de sierras y minas. Ya hemos vivido la destrucción del entorno;
la muerte de todos los niños de un pueblo (Aberfan) por el
derrumbamiento de una escombrera. La basura industrial y contaminación
que provocan alergias infantiles y enfermedades; el soborno de aquellos
que deberían proteger nuestros intereses y futuro, por los industriales.
Hemos visto cuanto dinero público cuesta intentar recuperar, con poco
éxito, lo que hemos perdido.
Puede ser que los
Lacianiegos no viajen para ver cuanto especial es su herencia; que no se
preocupen de que sus niños respiren aire limpio, o beban de fuentes
naturales, vean el oso, escuchen la sierra; que se dejen engañar con
promesas vacías, que tengan miedo de perder su trabajo o que no se den
cuenta que el turismo ya emplea más que las minas a cielo abierto. Pero
creo, espero, que reflexionarán, se informarán, y levantarán sus cabezas
y voces para decir: apreciamos lo que el buen Dios nos ha privilegiado,
déjalo en paz.
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