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No una sino cien veces fue traicionado por su
subconsciente. A lo largo de su soporífera, farragosa e interminable
rueda de prensa, el presidente del Comité de Empresa del ayuntamiento de
Villablino, Alberto Lana Prieto “enseñó la patita” de forma
escandalosa.
Impartió una lección magistral de cómo se debe gestionar un
ayuntamiento. Habló de la moción de censura, de las fiestas, del
Tribunal de Cuentas, del Equipo de Gobierno, del integrismo religioso y
no habló de los planes del Fondo Monetario Internacional porque le faltó
tiempo.
Maravilloso, encantado de haberse conocido está el señor
Lana. No es para menos. Lo aplauden, lo felicitan, lo llaman...
Vamos, que es imprescindible. Sin embargo, su convocatoria ha cosechado
un raquítico éxito. Apenas un 20% de trabajadores secundaron su acción.
Y eso que la había preparado concienzudamente y hasta contando con
apoyos internos y externos muy valiosos. Poca cosecha para tanto
esfuerzo.
Lana Prieto
actuó como ariete
de una formación política. Y su acción no puede inscribirse en otro
contexto. Él no debe ni puede inmiscuirse en asuntos que no sean
estrictamente sindicales. Su cometido no puede ni debe ir más allá de la
estricta defensa de los intereses de los trabajadores. Claro que los
trabajadores tienen un grave problema del que no son responsables. Claro
que no se puede tolerar que no perciban sus nóminas. Claro que tienen
derecho a exigir que se les facilite ropa de trabajo, se revise el
convenio y se respeten sus derechos. Pero para conseguir todo eso, lo
que no puede hacer el señor Lana, es cuestionar la legitimidad
del Equipo de Gobierno municipal.
Y eso es exactamente lo que ha hecho. Y ya puesto, también
le ha pedido que se vaya por incompetente. No es de recibo que un
empleado municipal mantenga propósitos como los mantenidos por este
señor. No sólo por inconvenientes, también por expresarlos tan
ineducadamente.
Si el señor Lana tiene ambiciones políticas ya sabe
lo que tiene que hacer. Pero es indecente actuar como político con la
coraza sindical. Y más aún, sabiendo que se pasa los meses disfrutando
de garantías sindicales mientras sus compañeros acuden diariamente al
trabajo. Por cierto, aún no ha desmentido que adeude al ayuntamiento 300
horas utilizadas después de haber agotado las que le correspondían.
Lo que sí ha conseguido el señor Lana es dividir a
los trabajadores. De manera que menos lecciones. Hasta un principiante
sindical sabe, que la desunión siempre beneficia al empresario. ¡Que se
vayan! Esa ha sido su conclusión. Menuda desfachatez. Primero que nos
cuente cómo accedió él al puesto de trabajo que hoy ocupa.

Aspecto de la concentración ante el Ayuntamiento
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