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Nadie como los concejales del ayuntamiento de Villablino conjugan con
más destreza y soltura el verbo trampear. Tan habituados están que lo
hacen de carretilla. Sin artificios ni cautelas. Engañando disparatada e
inconsideradamente.
Ellos obstinados en hacernos creer que la depuradora funciona y nosotros
tercos en demostrar lo contrario. Pero mientras ellos lo hacen con
retórica, nosotros recurrimos a la imagen. El testimonio más inapelable
de todos.

Arqueta
del emisario de Caboalles anterior a la depuradora
Como se puede observar en la fotografía, las aguas
residuales procedentes de la zona de Caboalles son vertidas directamente
al pantano, sin sufrir ningún proceso de depuración. Lo que en modo
alguno significa que los vecinos de estas localidades estén exentos del
pago de la tasa por depuración.
Pero lo más indignante, es el descaro, la insolencia de
nuestros gobernantes, que una y otra vez niegan la evidencia. Su desidia
y falta de responsabilidad ha creado un problema cuya solución será
costosísima. Para que algún día las aguas de Laciana puedan ser
depuradas correctamente, no habrá más remedio que modificar el trazado y
las pendientes de los dos emisarios que transportan las aguas hasta la
planta de tratamiento. Una obra de envergadura y elevado coste. Y todo
por no haber hecho caso de los informes de los técnicos municipales.
Dichos informes, tarde o temprano acabarán colgados en esta página. Y
entonces se comprobará que no estamos intoxicando. Aún estamos esperando
a que el alcalde rompa su mutismo. Él mejor que nadie sabe que todo esto
es rigurosamente cierto. Y sabe igualmente, que él su Equipo de Gobierno
son los únicos responsables de este desaguisado.
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