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Sabía mejor que nadie lo que había en la trastienda
municipal. Quizá por eso rechazó de plano el primer ofrecimiento que le
hizo Pastor. Sin embargo, acabó cediendo a la presión y estampó
su firma en la moción de censura para desalojar a la socialista Ana
Luisa Durán de la Alcaldía. Desde entonces, es probable que
Guillermo Murias se haya arrepentido varias veces de su vuelta, ante
el calvario que está viviendo.
Primero le llovieron las sentencias judiciales sobre el
caso “Feixolín”. Sus innumerables ataduras le llevaron a tomar
decisiones que ni siquiera entendió una parte de la militancia de su
propio partido. No digamos ya la ciudadanía en general. Pero lo peor, es
que dejó al descubierto la falacia que supuso la moción de censura.
Después llegó el Informe del Tribunal de Cuentas. Una
especie de sentencia condenatoria sin ningún atenuante. La gestión del
ayuntamiento ha sido un completo y continuado desastre. Sin que a corto
o medio plazo se entrevea el menor atisbo de esperanza. Guillermo
Murias suspende con un cero su examen como gestor municipal.
A todo lo anterior se suman una serie de denuncias que
ponen en evidencia su nula gestión en materia medioambiental y hasta el
agua de consumo humano continúa bajo sospecha.
Y por último, estalla el escándalo de los sueldos de la
plantilla municipal. Y como colofón los trabajadores se sublevan por el
impago de sus nóminas. Vamos, que la nave que patronea Murias
hace aguas por los cuatro costados.
Su propio liderazgo está siendo cuestionado por ciertos
militantes de IU. Algunos de los cuales ya no se recatan para manifestar
en público su malestar. Por eso es muy difícil diagnosticar el futuro
político del alcalde. Ni siquiera se puede descartar la posibilidad de
que Murias renuncie a encabezar la candidatura de IU a las
próximas elecciones. En todo caso, tanto él como su entorno más próximo
saben que la situación actual aún empeorará.
Los militantes de la coalición más ortodoxos, los que jamás
aceptaron de buen grado el pacto con el PP – mejor dicho con Pastor
– insisten cada vez con más fuerza; “que ha llegado la hora de largar
lastre”. Pastor es un socio incomodo y su deslealtad es
insoportable. Desde el principio lo único que ha hecho es intentar
segarle la hierba debajo de los pies al alcalde. Además, ya están hartos
de su protagonismo y que sólo vaya a lo suyo. Todas estas y otras muchas
expresiones encuentran cada día más eco entre militantes y simpatizantes
de IU.
Sin embargo, Murias sigue contemporizando y pidiendo
tiempo. Quizá con la esperanza de retomar el control de la situación. La
esperanza es lo último que se pierde.
En todo caso, ni
los más pesimistas podían imaginar un final más triste para Murias,
pase lo que pase en los próximos meses.
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