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YA ES HORA DE COMPROMETERSE
(POR JULIO ÁLVAREZ RUBIO)

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Dicen por Babia que alguien está decidido a transformar aquella gema del joyero natural europeo en la Marbella de la montaña. Habría que ver qué entendemos por Marbella ya que así, de pronto, ese es un concepto vago. Pero si asociamos Marbella a lo que todo el mundo piensa estos días, entonces el demiurgo de Babia tendrá que darse prisa, porque Laciana se le ha adelantado por la izquierda.

Desde que con la mina a cielo abierto en Leitariegos se consumó el primer gran expolio –botín del vencedor-, el Ayuntamiento de Villablino entró en barrena y pasó de la pobreza a la rotunda quiebra material y moral, que es peor. Y siempre con la connivencia obscena del mismo partido político. Por connivencia entiendo, como poco, confabulación o disimulo y tolerancia por parte de quien gobierna con las transgresiones que otros cometen contra las normas o leyes bajo las que hay que vivir. Normas que, por ejemplo, se ocupan del impacto ambiental, regulan los permisos de obras u obligan a que las subvenciones públicas se destinen a los fines para los que fueron concedidas.

Hoy Laciana es el ayuntamiento más endeudado de la región y, en términos relativos, de los más morosos de Europa. Pero aún hay algo peor que la bancarrota económica. Dramático resulta comprobar cómo determinados poderes han venido cocinando en este municipio el caldo de cultivo en el que mejor pueden medrar. Cómo han logrado acabar con los modelos de cultura tradicionales, cómo destruyeron los valores vinculantes y hasta los conjuntos simbólicos capaces de aportar cohesión a esta comunidad. Cómo avanzaron en su empeño de anularle las tres potencias del alma, borrar su memoria, extraviar su entendimiento y anular su voluntad hasta lograr la sumisión completa.

Sin embargo ahora, en el valle de Laciana, hay una reacción cada día más evidente, más motivada y capaz de reavivar una chispa de esperanza. Me refiero a la Plataforma Cívica FILÓN VERDE, al movimiento político de LOS VERDES EUROPEOS, a la ASOCIACIÓN LACIANA PARA LA DEFENSA DE LA NATURALEZA y a unos cuantos francotiradores como Antón Arias –que tiene tanto empeño personal como valor y amor propio- y otros que actúan discretamente, porque el heroísmo no es exigible a nadie, pero cuya ayuda sospecho que está siendo fundamental para costear determinados procesos judiciales.

 


 


Ángel Villalba, Victorino Alonso, Ana Luisa Durán y Miguel Martínez
 

En esta región se viene utilizando el nombre de Victorino Alonso para denominar algo que tiene todos los visos de ser una enorme asociación de intereses. Un complejo difuso organizado para amasar, a marchas forzadas, toda la riqueza posible. Para acapararla antes de que a alguien se le ocurra analizar el rigor con que se aplican ciertas normas y el destino verdadero del torrente de subvenciones públicas que lleva varios años desmandado. La composición exacta de ese supuesto complejo no se conoce, pero abundan las declaraciones, los comportamientos, las ceremonias y las fotografías elocuentes.

El complejo difuso actuó a sus anchas en Laciana durante mucho tiempo. Pero últimamente se enfrenta a serios problemas. De modo discreto pero constante, rigurosamente al margen de los partidos políticos y por vía exclusiva de la legalidad y la justicia, FILÓN VERDE le ha echado encima la embarazosa red que traba sus pasos. Al mismo tiempo, LOS VERDES DE LACIANA o LOS VERDES EUROPEOS, con un modo de actuar totalmente distinto pero perfectamente complementario, realizan una labor investigadora, informativa, aleccionadora y didáctica y de denuncia que es imprescindible para romper el estado casi general de abulia y sumisión que el complejo difuso ha instalado desde los años ochenta. Supongo que la contribución de otras asociaciones y de los francotiradores diversos, si no tan evidente, está siendo también capital.

 Fruto de todo ello, parecen detectarse novedades muy estimulantes. Primera: crece el interés entre los vecinos del Valle de Laciana por observar, por conseguir información veraz y tener opinión propia. Segunda: empieza a cundir por fin la convicción de que el complejo difuso tiene como único objetivo enriquecerse y salir corriendo, sin importarle destruir la calidad de vida en la comarca, su patrimonio y las posibilidades futuras de actividad económica. Tercera: últimamente parece que determinadas figuras de la política están dejando de significarse en su impúdico apoyo al complejo difuso, lo cual es muy revelador. Cuarta: la Justicia está resolviendo. Va a su ritmo, pero ha entrado en materia y eso obliga a que determinadas instancias de la administración consideren, por fin, la conveniencia de cogérsela con papel de fumar. Y quinta: Bruselas y Estrasburgo ya están también actuando.

  


 

Hace dos años, una vez eliminado el alcalde Ángel Crespo, el complejo difuso rediseñó su estrategia. Redactó un convenio global para ser suscrito por un gobierno afín. Ese convenio facilitaría las explotaciones a cielo abierto de cabo a rabo del valle. En adelante, MSP y su nebuloso entorno podrían utilizar la táctica del monstruo del lago Lerna. Los montes de Carrasconte, Ladrones –casualmente es un topónimo antiguo-, Chabiadas, Buxionte, Feixolín, Fonfría y Leitariegos serían las siete cabezas de la hidra. Unas cabezas intercambiables o renovables en caso de que cualquier proceso administrativo o judicial cortase una de ellas. Si una explotación fuese temporalmente paralizada, el complejo difuso atacaría por otro flanco.

Claro que este planteamiento sólo podría funcionar en tanto alguien no supiera ver, como Hércules, la necesidad de segar todas las cabezas de un solo golpe.

 Mantengo con el actual alcalde, Guillermo Murias, una relación cordial. Lo que no quita para que vea en él a un político de lo más hidrófugo. Lleva un cuarto de siglo en la actividad y, de momento, siempre ha evitado mojarse de verdad. En 2005 hubo que empujarlo con un dumper  para que aceptara poner la moción de censura contra el gobierno promotor de convenio siniestro. Por fin Murias volvió a ser alcalde pero, inexplicablemente, no derogó el acuerdo. Tuvieron que ser otros –más resolutivos o más libres de ataduras-, los que formalmente lo desactivaron. Es cierto que el convenio aquel, a efectos prácticos, no era más que papel mojado. Pero tenía un enorme valor simbólico. Representaba la sumisión del Ayuntamiento entero –no sólo de la corporación municipal- a los intereses del complejo difuso.

 



 

El último día de marzo nos visitó el Parlamentario Europeo David Hammerstein, que tiene apellido de maza de cantero o de martillo pisón. Ojalá haga honor a su nombre cuando trate en Bruselas estos turbios asuntos.

Hammerstein recordó en Villablino que nuestra relación con la Comunidad Europea no es de dirección única. Europa nos envía dinero, mucho dinero, como debe ser si es de justicia. Pero exige respeto a las reglas del juego.

En Bruselas conocen lo que ocurrió en Leitariegos. También tienen noticia de lo que está pasando en El Feixolín, en Fonfría y en Ladrones. Fruto de todo ello ha sido la emisión de un dictamen motivado tras haber encontrado claros indicios de ilegalidad. En los próximos meses, el asunto puede llegar al Tribunal Europeo de Justicia y acarrear consecuencias graves para España.

Pero, ocurra lo que ocurra, la Comisión Europea ha de investigar mucho más. Por ejemplo, debe seguir la pista del  ingente caudal de dinero que aquí llega para modernizar una minería subterránea prácticamente desaparecida. El día que Hammerstein nos visitó, en el auditorio de la Casa de Cultura de Villablino alguien aseguró –se mostró dispuesto a testificar- que la empresa contratista de la carretera de Villablino a Cerredo empleó medios y personal técnico en nómina de la muy subvencionada Minero Siderúrgica de Ponferrada. Presuntas estafas como ésta andan continuamente en boca de todo el mundo. La Comisión debe indagar, pero antes alguien tiene que levantar la liebre y exigir una investigación.

El propio Hammerstein reconoció que no sirve de mucho enviar a Bruselas voluntaristas escritos de queja. Porque las quejas caen en manos de burócratas cuya misión es mantener la mesa despejada como sea. Las solicitudes de investigación han de dirigirse a la Comisión de Peticiones siguiendo un procedimiento que estipula quién puede hacer las demandas, acerca de qué asuntos, cumpliendo qué requisitos y ajustándose a determinado modelo. (Todo figura en la página web: http://www.david-en-europa.org/).

 

 


 

 

Tratando sobre el futuro posible para Laciana, habló Hammerstein de la sociedad del conocimiento. Hace poco, para EL MIXTO, envié algo que tiene que ver con ello. Estamos inmersos en un rápido proceso de cambio orientado hacia lo que se ha dado en llamar así: sociedad del conocimiento. Una sociedad capaz de aplicar el conocimiento al conocimiento mismo. De generar, apropiar y utilizar el conocimiento para atender las necesidades de su desarrollo y así construir el propio futuro.

El complejo difuso está logrando que Laciana permanezca ajena a ese nuevo modelo de sociedad y que pierda definitivamente el tren capaz de encarrilar su economía. A tenor de sus declaraciones en la prensa, para la recién extinta alcaldesa de Villablino –maestra y senadora por si fuera poco- desarrollo sostenible consiste en mantener a toda costa las explotaciones de carbón a cielo abierto, en tanto no baje del cielo una autopista que, además de destruir el máximo valor de Babia, obre el prodigio de traernos factorías de alto nivel tecnológico y pleno empleo.  ¿No se le ocurre nada mejor para la juventud de Laciana? ¿A fomentar el peonaje en las explotaciones a cielo abierto le llama desarrollo? ¿No es el peonaje  la antítesis del conocimiento? Y favorecer el enriquecimiento del complejo difuso a base de destrozar para siempre el patrimonio natural y cultural del valle, ¿es un plan sostenible?

 


 

Hace tiempo que la minería del carbón dejó de ser el la primera fuente de recursos para las familias de Laciana y para la actividad económica en la comarca. El dinero mana ahora mayormente de las pensiones de jubilación, que aun tienen –Dios lo quiera- larga fecha de caducidad. Mientras esa fecha no llegue, la minería a cielo abierto sólo conduce a destruir cualquier posibilidad de preparar las bases para un futuro desarrollo sostenible.

El capital natural y el patrimonio histórico de la Cordillera Cantábrica tienen un valor incalculable y pueden erigirse una fuente de actividad económica suficiente, diversa y duradera. Nuestros ríos son de los mejores y más apreciados en la Europa occidental. Bosques con la diversidad de Barroso o Brañarronda o puertos como los babianos son bienes excepcionales, únicos. Los cien osos que campan por Laciana, Palacios, Somiedo y Narcea –veo alguno con frecuencia, desde la prudente lejanía-, son uno de los más contundentes avales de la calidad biológica del territorio y ponen en evidencia que hay aquí una riqueza capaz de garantizar más medios de vida que todo el carbón existente en el subsuelo.

La actividad económica futura en la comarca no se reducirá, ni mucho menos, a la explotación de los alojamientos rurales, hotelitos o diversos negocios asociados a la actividad deportiva –esquí, montañismo, caza, pesca- o a la actividad cultural relacionada con el patrimonio de pueblos, ríos, brañas, majadas, bosques y montes.

A partir del momento en que toda esta riqueza sea debidamente apreciada por nosotros, recuperada en muchos aspectos, valorada, protegida, garantizada y dada a conocer debidamente, las posibilidades de vida serán infinitas. Comunidades como Villablino podrán mantenerse como centros residenciales y proveedores de servicios sanitarios, administrativos, educativos, culturales, tecnológicos, de alimentación y aprovisionamientos diversos, alquileres, comunicaciones, transportes y mucho más dentro de una extensa área. Las pequeñas poblaciones serán revitalizadas gracias a un cúmulo de actuaciones que irán rodando por sí solas. La posibilidad de residir en un territorio declarado Reserva Mundial de la Biosfera o Parque Natural y gestionado como tal, es algo a lo que aspira una multitud de ciudadanos insatisfechos que ahora reside en las ciudades. Personas que valoran por encima de todo la calidad de vida, la salud integral. Personas que, en la sociedad del conocimiento, desarrollan su trabajo conectadas con el mundo a través de los infinitos medios de comunicación disponibles. Su residencia aquí traería consigo la restauración de viviendas rurales, la recuperación y puesta en valor del patrimonio tradicional con todo lo que ello conllevaría de actividad para gremios diversos y pequeñas empresas de servicios. Esas personas o familias harían, además, una labor de promoción impagable. Ya conocemos algunos casos en Laciana.

El área –como ocurre en otras del Pirineo o los Alpes- sería tenida en cuenta por el capital interesado en emprender negocios con futuro, empresas asociadas a la ocupación del tiempo libre, al cuidado de la salud –terapias entre las que la geriatría, por ejemplo, va a tener gran peso-, a la educación o a la investigación. Obradores, talleres artesanales o pequeñas factorías dedicadas a elaborar productos con marca de calidad. En fin: actividades que no necesitan para nada instalarse junto a una autopista abarrotada de camiones sino todo lo contrario. Algunos pueblos podrán recuperar población joven a medida que actividades relacionadas con los recursos ganaderos y forestales puedan explotarse racionalmente y, al tener casi la consideración de escuelas o de museos vivos –como ocurre en otras áreas europeas de montaña-, brindarán oportunidades de renta complementaria a sus propietarios.

Todo esto no es un sueño. Pero exige espabilar, abrir los ojos, acabar de una vez con la sumisión, con el cultivo desvergonzado de la mamandurria a todos los niveles, esa subcultura que el complejo difuso siembra entre nosotros para que actúe como un narcótico. Hay que exigir que buena parte de las actuales subvenciones se emplee en promocionar la educación entre los más jóvenes y su orientación hacia profesiones con futuro. Y que otra buena suma se destine al saneamiento inmediato de nuestras fuentes de salud y a la restauración del patrimonio devastado.


 



 

Como ejercicio práctico y revelador sugiero una excursión a pie por Orallo. Una de las próximas mañanas soleadas será ideal para recorrer detenidamente este lugar que reúne lo mejor del patrimonio cultural de Laciana, la mayor concentración de edificaciones interesantes. Empecemos echando un vistazo a la muy antigua iglesia de Santa Marina. Conozcamos su interior si hay suerte. Luego tomemos el camino que, desde la proximidad de la iglesia, discurre entre prados y arboleda por la margen del río opuesta al casco urbano. Observemos el pueblo desde aquí. Fijémonos en alguna de las casonas espléndidas, del más auténtico estilo tradicional, que se divisan en el otro flanco del valle. Lleguemos hasta un precioso puente medieval, crucemos el río y contemplemos los hórreos y construcciones próximas. Adentrémonos ahora en el caserío. Estudiemos la ruinosa casa-palacio de Carballo. A continuación tomemos la calle principal en el sentido hacia la braña y subamos tranquilamente la cuesta, hasta lo más alto. Conozcamos el azud y demás instalaciones de Hidroeléctrica La Prohida para comprobar cómo es posible transformar la energía sin dañar el entorno. Tras divisar el pueblo desde aquí arriba, volvamos a callejear por él. Conozcamos las casas de los Gómez, la de Corsino G. Velasco y tantas otras que los vecinos han recuperado o están cuidando con exquisito gusto. Veamos también la Escuela, la ermita, los hórreos, las fuentes, los escudos nobiliarios y todo lo demás.

Cuando hayamos concluido con el paseo, de nuevo junto a la iglesia de Santa Marina, levantemos la vista hacia los flancos del valle y preguntémonos si tanta devastación no es lo único que el complejo difuso está dejando allí por donde pasa.

 

Julio Álvarez Rubio

 

 

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