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Dicen por Babia
que alguien está decidido a transformar aquella gema del joyero natural
europeo en la Marbella de la montaña. Habría que ver qué
entendemos por Marbella ya que así, de pronto, ese es un concepto
vago. Pero si asociamos Marbella a lo que todo el mundo piensa
estos días, entonces el demiurgo de Babia tendrá que darse prisa, porque
Laciana se le ha adelantado por la izquierda.
Desde que con la
mina a cielo abierto en Leitariegos se consumó el primer gran expolio
–botín del vencedor-, el Ayuntamiento de Villablino entró en barrena y
pasó de la pobreza a la rotunda quiebra material y moral, que es peor. Y
siempre con la connivencia obscena del mismo partido político. Por
connivencia entiendo, como poco, confabulación o disimulo
y tolerancia por parte de quien gobierna con las transgresiones que
otros cometen contra las normas o leyes bajo las que hay que vivir.
Normas que, por ejemplo, se ocupan del impacto ambiental, regulan los
permisos de obras u obligan a que las subvenciones públicas se destinen
a los fines para los que fueron concedidas.
Hoy Laciana es el
ayuntamiento más endeudado de la región y, en términos relativos, de los
más morosos de Europa. Pero aún hay algo peor que la bancarrota
económica. Dramático resulta comprobar cómo determinados poderes han
venido cocinando en este municipio el caldo de cultivo en el que mejor
pueden medrar. Cómo han logrado acabar con
los modelos de cultura tradicionales, cómo destruyeron los valores
vinculantes y hasta los conjuntos simbólicos capaces de aportar cohesión
a esta comunidad. Cómo avanzaron en su empeño de anularle las tres
potencias del alma, borrar su memoria, extraviar su entendimiento y
anular su voluntad hasta lograr la sumisión completa.
Sin
embargo ahora, en el valle de Laciana, hay una reacción cada día más
evidente, más motivada y capaz de reavivar una chispa de esperanza. Me
refiero a la Plataforma Cívica FILÓN VERDE, al movimiento político de
LOS VERDES EUROPEOS, a la ASOCIACIÓN LACIANA PARA LA DEFENSA DE LA
NATURALEZA y a unos cuantos francotiradores como Antón Arias –que tiene
tanto empeño personal como valor y amor propio- y otros que actúan
discretamente, porque el heroísmo no es exigible a nadie, pero cuya
ayuda sospecho que está siendo fundamental para costear determinados
procesos judiciales.

Ángel Villalba, Victorino
Alonso, Ana Luisa Durán y Miguel Martínez
En esta región se viene utilizando el
nombre de Victorino Alonso para denominar algo que tiene todos los visos
de ser una enorme asociación de intereses. Un complejo difuso
organizado para amasar, a marchas forzadas, toda la riqueza posible.
Para acapararla antes de que a alguien se le ocurra analizar el rigor
con que se aplican ciertas normas y el destino verdadero del torrente de
subvenciones públicas que lleva varios años desmandado. La composición
exacta de ese supuesto complejo no se conoce, pero abundan las
declaraciones, los comportamientos, las ceremonias y las fotografías
elocuentes.
El complejo difuso actuó a sus
anchas en Laciana durante mucho tiempo. Pero últimamente se enfrenta a
serios problemas. De modo discreto pero constante, rigurosamente al
margen de los partidos políticos y por vía
exclusiva de la legalidad y la justicia, FILÓN VERDE le ha echado encima
la embarazosa red que traba sus pasos. Al mismo tiempo, LOS VERDES DE
LACIANA o LOS VERDES EUROPEOS, con un modo de actuar totalmente distinto
pero perfectamente complementario, realizan una labor investigadora,
informativa, aleccionadora y didáctica y de denuncia que es
imprescindible para romper el estado casi general de abulia y sumisión
que el complejo difuso ha instalado desde los años ochenta.
Supongo que la contribución de otras asociaciones y de los
francotiradores diversos, si no tan evidente, está siendo también
capital.
Fruto de todo
ello, parecen detectarse novedades muy estimulantes. Primera: crece el
interés entre los vecinos del Valle de Laciana por observar, por
conseguir información veraz y tener opinión propia. Segunda: empieza a
cundir por fin la convicción de que el complejo difuso tiene como
único objetivo enriquecerse y salir corriendo, sin importarle destruir
la calidad de vida en la comarca, su patrimonio y las posibilidades
futuras de actividad económica. Tercera: últimamente parece que
determinadas figuras de la política están dejando de significarse
en su impúdico apoyo al complejo difuso, lo cual es muy
revelador. Cuarta: la Justicia está resolviendo. Va a su ritmo, pero ha
entrado en materia y eso obliga a que determinadas instancias de la
administración consideren, por fin, la conveniencia de cogérsela con
papel de fumar. Y quinta: Bruselas y Estrasburgo ya están también
actuando.
Hace dos años,
una vez eliminado el alcalde Ángel Crespo, el complejo difuso
rediseñó su estrategia. Redactó un convenio global para ser suscrito por
un gobierno afín. Ese convenio facilitaría
las explotaciones a cielo abierto de cabo a rabo del valle. En adelante,
MSP y su nebuloso entorno podrían utilizar la táctica del monstruo
del lago Lerna. Los montes de Carrasconte, Ladrones –casualmente es un
topónimo antiguo-, Chabiadas, Buxionte, Feixolín, Fonfría y Leitariegos
serían las siete cabezas de la hidra. Unas cabezas intercambiables o
renovables en caso de que cualquier proceso administrativo o judicial
cortase una de ellas. Si una explotación fuese temporalmente paralizada,
el complejo difuso atacaría por otro flanco.
Claro que este
planteamiento sólo podría funcionar en tanto alguien no supiera ver,
como Hércules, la necesidad de segar todas las cabezas de un solo golpe.
Mantengo con el actual alcalde,
Guillermo Murias, una relación cordial. Lo que no quita para que vea en
él a un político de lo más hidrófugo. Lleva un cuarto de siglo en la
actividad y, de momento, siempre ha evitado mojarse de verdad. En 2005
hubo que empujarlo con un dumper para que aceptara poner la
moción de censura contra el gobierno promotor de convenio siniestro.
Por fin Murias volvió a ser alcalde pero, inexplicablemente, no derogó
el acuerdo. Tuvieron que ser otros –más resolutivos o más libres de
ataduras-, los que formalmente lo desactivaron. Es cierto que el
convenio aquel, a efectos prácticos, no era más que papel mojado. Pero
tenía un enorme valor simbólico. Representaba la sumisión del
Ayuntamiento entero –no sólo de la corporación municipal- a los
intereses del complejo difuso.
El último día de
marzo nos visitó el Parlamentario Europeo David Hammerstein, que tiene
apellido de maza de cantero o de martillo pisón. Ojalá haga honor a su
nombre cuando trate en Bruselas estos turbios asuntos.
Hammerstein
recordó en Villablino que nuestra relación con la Comunidad Europea no
es de dirección única. Europa nos envía dinero, mucho dinero, como debe
ser si es de justicia. Pero exige respeto a las reglas del juego.
En Bruselas
conocen lo que ocurrió en Leitariegos. También tienen noticia de lo que
está pasando en El Feixolín, en Fonfría y en Ladrones. Fruto de todo
ello ha sido la emisión de un dictamen motivado tras haber
encontrado claros indicios de ilegalidad. En los próximos meses, el
asunto puede llegar al Tribunal Europeo de Justicia y acarrear
consecuencias graves para España.
Pero, ocurra lo
que ocurra, la Comisión Europea ha de investigar mucho más. Por ejemplo,
debe seguir la pista del ingente caudal de dinero que aquí llega para
modernizar una minería subterránea prácticamente desaparecida. El día
que Hammerstein nos visitó, en el auditorio de la Casa de Cultura de
Villablino alguien aseguró –se mostró dispuesto a testificar- que la
empresa contratista de la carretera de Villablino a Cerredo empleó
medios y personal técnico en nómina de la muy subvencionada Minero
Siderúrgica de Ponferrada. Presuntas estafas como ésta andan
continuamente en boca de todo el mundo. La Comisión debe indagar, pero
antes alguien tiene que levantar la liebre y exigir una investigación.
El propio
Hammerstein reconoció que no sirve de mucho enviar a Bruselas
voluntaristas escritos de queja. Porque las quejas caen en manos de
burócratas cuya misión es mantener la mesa despejada como sea.
Las solicitudes de investigación han de dirigirse a la Comisión de
Peticiones siguiendo un procedimiento que estipula quién puede hacer las
demandas, acerca de qué asuntos, cumpliendo qué requisitos y ajustándose
a determinado modelo. (Todo figura en la página web:
http://www.david-en-europa.org/).
Tratando sobre el
futuro posible para Laciana, habló Hammerstein de la sociedad del
conocimiento. Hace poco, para EL MIXTO, envié algo que tiene que ver
con ello. Estamos inmersos en un rápido proceso de cambio orientado
hacia lo que se ha dado en llamar así: sociedad del conocimiento.
Una sociedad capaz de aplicar el conocimiento al conocimiento mismo. De
generar, apropiar y utilizar el conocimiento para atender las
necesidades de su desarrollo y así construir el propio futuro.
El complejo
difuso está logrando que Laciana permanezca ajena a ese nuevo modelo
de sociedad y que pierda definitivamente el tren capaz de encarrilar su
economía. A tenor de sus declaraciones en la prensa, para la recién
extinta alcaldesa de Villablino –maestra y senadora por si fuera
poco- desarrollo sostenible consiste en mantener a toda costa las
explotaciones de carbón a cielo abierto, en tanto no baje del cielo una
autopista que, además de destruir el máximo valor de Babia, obre el
prodigio de traernos factorías de alto nivel tecnológico y pleno
empleo. ¿No se le ocurre nada mejor para la juventud de Laciana? ¿A
fomentar el peonaje en las explotaciones a cielo abierto le llama
desarrollo? ¿No es el peonaje la antítesis del
conocimiento? Y favorecer el enriquecimiento del complejo difuso
a base de destrozar para siempre el patrimonio natural y cultural del
valle, ¿es un plan sostenible?
Hace tiempo que la
minería del carbón dejó de ser el la primera fuente de recursos para las
familias de Laciana y para la actividad económica en la comarca. El
dinero mana ahora mayormente de las pensiones de jubilación, que aun
tienen –Dios lo quiera- larga fecha de caducidad. Mientras esa fecha no
llegue, la minería a cielo abierto sólo conduce a destruir cualquier
posibilidad de preparar las bases para un futuro desarrollo
sostenible.
El capital natural
y el patrimonio histórico de la Cordillera Cantábrica tienen un valor
incalculable y pueden erigirse una fuente de actividad económica
suficiente, diversa y duradera. Nuestros ríos son de los mejores y más
apreciados en la Europa occidental. Bosques con la diversidad de Barroso
o Brañarronda o puertos como los babianos son bienes excepcionales,
únicos. Los cien osos que campan por Laciana, Palacios, Somiedo y Narcea
–veo alguno con frecuencia, desde la prudente lejanía-, son uno de los
más contundentes avales de la calidad biológica del territorio y ponen
en evidencia que hay aquí una riqueza capaz de garantizar más medios de
vida que todo el carbón existente en el subsuelo.
La actividad
económica futura en la comarca no se reducirá, ni mucho menos, a la
explotación de los alojamientos rurales, hotelitos o diversos negocios
asociados a la actividad deportiva –esquí, montañismo, caza, pesca- o a
la actividad cultural relacionada con el patrimonio de pueblos, ríos,
brañas, majadas, bosques y montes.
A partir del
momento en que toda esta riqueza sea debidamente apreciada por nosotros,
recuperada en muchos aspectos, valorada, protegida, garantizada y dada a
conocer debidamente, las posibilidades de vida serán infinitas.
Comunidades como Villablino podrán mantenerse como centros residenciales
y proveedores de servicios sanitarios, administrativos, educativos,
culturales, tecnológicos, de alimentación y aprovisionamientos diversos,
alquileres, comunicaciones, transportes y mucho más dentro de una
extensa área. Las pequeñas poblaciones serán revitalizadas gracias a un
cúmulo de actuaciones que irán rodando por sí solas. La posibilidad de
residir en un territorio declarado Reserva Mundial de la Biosfera o
Parque Natural y gestionado como tal, es algo a lo que aspira una
multitud de ciudadanos insatisfechos que ahora reside en las ciudades.
Personas que valoran por encima de todo la calidad de vida, la salud
integral. Personas que, en la sociedad del conocimiento,
desarrollan su trabajo conectadas con el mundo a través de los infinitos
medios de comunicación disponibles. Su residencia aquí traería consigo
la restauración de viviendas rurales, la recuperación y puesta en valor
del patrimonio tradicional con todo lo que ello conllevaría de actividad
para gremios diversos y pequeñas empresas de servicios. Esas personas o
familias harían, además, una labor de promoción impagable. Ya conocemos
algunos casos en Laciana.
El área –como ocurre en otras del
Pirineo o los Alpes- sería tenida en cuenta por el capital interesado en
emprender negocios con futuro, empresas asociadas a la ocupación del
tiempo libre, al cuidado de la salud –terapias entre las que la
geriatría, por ejemplo, va a tener gran peso-, a la educación o a la
investigación. Obradores, talleres artesanales o pequeñas factorías
dedicadas a elaborar productos con marca de calidad. En fin: actividades
que no necesitan para nada instalarse junto a una autopista abarrotada
de camiones sino todo lo contrario. Algunos pueblos podrán recuperar
población joven a medida que actividades relacionadas con los recursos
ganaderos y forestales puedan explotarse racionalmente y, al tener casi
la consideración de escuelas o de museos vivos –como ocurre en otras
áreas europeas de montaña-, brindarán oportunidades de renta
complementaria a sus propietarios.
Todo esto no es un
sueño. Pero exige espabilar, abrir los ojos, acabar de una vez con la
sumisión, con el cultivo desvergonzado de la mamandurria a todos los
niveles, esa subcultura que el complejo difuso siembra entre
nosotros para que actúe como un narcótico. Hay que exigir que buena
parte de las actuales subvenciones se emplee en promocionar la educación
entre los más jóvenes y su orientación hacia profesiones con futuro. Y
que otra buena suma se destine al saneamiento inmediato de nuestras
fuentes de salud y a la restauración del patrimonio devastado.
Como ejercicio
práctico y revelador sugiero una excursión a pie por Orallo. Una de las
próximas mañanas soleadas será ideal para recorrer detenidamente este
lugar que reúne lo mejor del patrimonio cultural de Laciana, la mayor
concentración de edificaciones interesantes. Empecemos echando un
vistazo a la muy antigua iglesia de Santa Marina. Conozcamos su interior
si hay suerte. Luego tomemos el camino que, desde la proximidad de la
iglesia, discurre entre prados y arboleda por la margen del río opuesta
al casco urbano. Observemos el pueblo desde aquí. Fijémonos en alguna de
las casonas espléndidas, del más auténtico estilo tradicional, que se
divisan en el otro flanco del valle. Lleguemos hasta un precioso puente
medieval, crucemos el río y contemplemos los hórreos y construcciones
próximas. Adentrémonos ahora en el caserío. Estudiemos la ruinosa
casa-palacio de Carballo. A continuación tomemos la calle principal en
el sentido hacia la braña y subamos tranquilamente la cuesta, hasta lo
más alto. Conozcamos el azud y demás instalaciones de Hidroeléctrica
La Prohida para comprobar cómo es posible transformar la energía sin
dañar el entorno. Tras divisar el pueblo desde aquí arriba, volvamos a
callejear por él. Conozcamos las casas de los Gómez, la de Corsino G.
Velasco y tantas otras que los vecinos han recuperado o están cuidando
con exquisito gusto. Veamos también la Escuela, la ermita, los hórreos,
las fuentes, los escudos nobiliarios y todo lo demás.
Cuando hayamos
concluido con el paseo, de nuevo junto a la iglesia de Santa Marina,
levantemos la vista hacia los flancos del valle y preguntémonos si tanta
devastación no es lo único que el complejo difuso está dejando
allí por donde pasa.
Julio Álvarez Rubio
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