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El tal Juan Carlos, sindicalista de la escuela “Cepedaniana” está
sumamente irritado con Los Verdes y muy especialmente con su portavoz.
En lenguaje
coloquial se podría decir que está hasta los mismísimos rubiñolos. Eso
sí, tiene más morro que un oso hormiguero.
Afirma en los
micrófonos de Radio Laciana, que el portavoz de Los Verdes, como no
tiene ni idea de minería recurrió a él para que le asesorara.
Faltaría más. Un
experto de semejante calado y bagaje es un bien tan codiciado, que nadie
que se precie puede hablar de minería sin sus inestimables consejos.
Jamás,
absolutamente jamás, el portavoz de Los Verdes en Laciana ha cruzado
media palabra con el sujeto en cuestión. Ni siquiera el convencional
saludo. Entre otras razones porque ni lo conoce.
Mal, muy mal le
tienen que ir las cosas al brillante sindicalista para que últimamente
toda su labor consista en calumniar a Los Verdes. Quizá no sea ajena la
contestación interna que empieza a tener por su singular forma de
actuar.
Su metodología
sindical ya la conocemos. A toque de silbato del amo acude a recibir
consignas y a corearlas como un papagayo. Eso sí, puede presumir de
grandes logros. Por ejemplo, que ni un solo trabajador de las
explotaciones a cielo abierto esté afiliado a su sindicato.
Eso es lo que se
llama tener capacidad de convicción, conciencia de clase y desvelo por
el quehacer sindical.
Este sujeto es el
mismo que le atribuyó a Los Verdes un comentario machista sobre la ex
alcaldesa socialista, Ana Luisa Durán. Afirmó sin el menor empacho, que
le habíamos recomendado que se ocupara de las tareas del hogar y dejara
la política.
Sólo un cabestro
machista puede mantener tales propósitos. Ya vemos cuantas mujeres
ocupan cargos de responsabilidad en la organización que él dirige.
No merece la pena
extenderse más. A éste la cabeza sólo le sirve para separar las orejas.
Consiguientemente, sus mentiras o barbaridades hay que darles la
importancia que tienen. Es decir, ninguna.
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